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Diseñar de palabra

Que si el diseño esto, que si lo otro. Que si la estrategia, que si el producto, lo bueno del fracaso, que si la IA…

Día sí y día también, las RRSS nos deslumbran con discursos de expertos que nos aleccionan sobre diseño industrial. Pero rara vez veo a alguno de ellos enseñar un proyecto realizado de 0 a 100. Y mucho menos, hablar de lo que pesa responder por él.
Esa losa que recae sobre tus hombros en forma de necesidades, funciones, materiales, costes, inversiones, cliente, proveedores, pruebas, tiempos, ilusiones y empeño. Y que, en la realidad de las relaciones humanas y laborales, solo se sostiene con trabajo, honestidad, rigor, pulcritud y coherencia.

Sobre todo, coherencia. Ser profesional, vamos.

Más que los años de experiencia, que defienden como estandarte de garantía, en esto del diseño industrial cuenta cuántos proyectos completos se han sacado adelante, a cuántos problemas te has enfrentado y de cuántos se ha respondido. Se puede pasar mucho tiempo en el sector y no haber hecho más que recorrerlo superficialmente, sobre todo cuando se diseña desde el discurso. Y desde ese lugar, difícilmente se puede aportar algo sólido.

Porque el diseño parece fácil cuando no se diseña. Y más fácil aún es diseñar de palabra.

Septiembre 2026

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