71 Diccionario de Diseño Industrial

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Diccionario del diseño industrial. Hacia una teoría de la disciplina

Términos como creatividad, estética, forma, estructura, proceso o metodología se usan a diario en el diseño industrial. A partir de muchos de ellos se construyen discursos teóricos sobre la disciplina, se debate su función, su finalidad y su futuro. Por esa razón deberíamos tener muy claro qué significan, circunscritos al diseño, cada una de estas nomenclaturas.

No siempre se utilizan con las acepciones del diccionario, y esa imprecisión genera desorden. No es absurdo, entonces, pensar en la necesidad de un diccionario específico del diseño industrial: un instrumento de base para la teorización y el entendimiento mutuo. Me refiero a establecer, de forma consensuada, el significado que ciertos términos conflictivos tienen para la disciplina.

Es a través del lenguaje que organizamos nuestras ideas y trasladamos a lo racional la mayoría de los conceptos. Algunas palabras, según su origen y contexto, significan cosas distintas. Cuando hablamos de estética en diseño industrial lo hacemos con una intención y un alcance muy diferentes a los que tiene ese mismo término en el ámbito del arte. Lo mismo ocurre con muchos otros vocablos, lo que genera, a nivel teórico, un problema real.

En diseño industrial, ciertos pensadores han utilizado estas palabras con un significado muy concreto y específico, alejado de la definición literal del diccionario. Interpretarlas en sentido literal conduce a errores: se entiende algo distinto de lo que se pretendía comunicar. No hablamos de significados radicalmente diferentes, sino de conceptos que se han enriquecido y ajustado para explicar con mayor precisión cómo funcionan dentro del ámbito específico del diseño industrial.

Teorizar sobre diseño industrial sin haber acordado previamente el sentido de ciertos conceptos es prácticamente imposible. Sin esa premisa estamos condenados a mantener un diálogo en varios idiomas simultáneos, incomprensibles entre sí. Un diccionario disciplinar permitiría normalizar esas diferencias y hacer evidente que, dentro de una disciplina, ciertas ideas pueden —y suelen— tener un sentido muy concreto que difiere del general.

Si no empezamos a hablar el mismo idioma, difícilmente podremos sostener un diálogo teórico sobre el diseño industrial con la profundidad y el rigor que este requiere.

Es posible que sea precisamente esta falta de acuerdo sobre el lenguaje la que nos ha impedido construir un discurso teórico de fondo: una argumentación capaz de explicar de dónde venimos, hacia dónde debe orientarse la disciplina y cuál debería ser su papel en el futuro.

Lo que sí queda claro es que esta confusión definitoria afecta a toda la estructura del diseño industrial: desde los planes de estudios académicos, que presentan diferencias notables según los distintos discursos de la disciplina, hasta la práctica profesional misma, interpretada de formas muy diversas en función de la posición teórica de cada profesional.

Plantear esta demanda en una profesión establecida que lleva décadas desarrollándose con estas carencias puede entenderse como un cuestionamiento de la propia disciplina. No lo es. Todo lo contrario. Aceptando que el diseño industrial es una disciplina social necesaria para la mejora de la vida humana, este tipo de planteamientos deberían verse como la necesidad de asentar de forma más sólida sus pilares: hacerla más viva, más capaz de adaptarse sin fricciones a los nuevos contextos sociales, industriales y económicos.

Gran parte del pensamiento teórico del diseño industrial ha bebido hasta ahora de fuentes ajenas: la filosofía, la ciencia, el arte, la sociología, la ingeniería, la arquitectura. En esas referencias encontramos parte del problema lingüístico, pero no podemos negar que esa constante interlocución con otras disciplinas ha enriquecido al diseño industrial de forma singular, convirtiéndolo casi en una disciplina renacentista. Quizás es el momento de empezar a construir un lenguaje propio, que emane desde el diseño mismo.

Muchos nos preguntamos qué es en realidad el denominado «discurso teórico» sobre el diseño industrial, si existe, si importa y para qué sirve. Mi posición es clara: importa, principalmente porque a través de él podemos encontrar el sentido real de la disciplina. Establecer una finalidad consensuada que nos permita ofrecer respuestas fundamentadas a preguntas tan básicas como:

¿Qué es el diseño industrial? ¿Para qué sirve? ¿De qué se compone? ¿Cómo se desarrolla? ¿Cuál es su finalidad? ¿Cómo se aprende? ¿Qué herramientas utiliza?

La teoría del diseño industrial es la necesidad de establecer, de forma fundamentada, la existencia y la validez de la propia disciplina. Solo entendiendo su auténtico sentido podrá evolucionar dentro de un marco que garantice que ese sentido siga siempre vigente.

Febrero de 2012