262 Reflexionar sobre la IA

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Reflexionar sobre la IA

A riesgo de equivocarnos, porque todo avanza muy rápido, creo que los diseñadores industriales deberíamos empezar a reflexionar seriamente sobre la IA.

Personalmente, y de momento, la considero una herramienta. Bajo esta acepción, su papel frente al diseñador es meramente instrumental. Puede ser un soporte y, sobre todo, una ventana temporal: puede ahorrarnos mucho tiempo que podemos dedicar a otras partes y fases del proyecto que precisen de materia gris. Pero no debería sustituir las decisiones que corresponden al diseñador. Creo que nuestra lucha más dura, en estos tiempos que vienen, puede que sea defender nuestro papel como diseñadores.

Respecto a su irrupción, la considero algo parecido a lo que supuso pasar del papel a la pantalla y de los lápices a los programas de modelado. Herramientas que, por cierto, nunca hemos abandonado porque el diseño precisa de distintas formas de comunicación entre pensamiento y representación. Dibujar, escribir, modelar o construir no son únicamente maneras de transmitir una idea: son muchas veces maneras de pensarla.

¿Que el cambio ha sido más rápido? Sí, y quizás esto es lo que nos ha abrumado y, por ello, tendemos a intentar entrar en la rueda. Lo que nos genera ansiedad y hace que ocupemos nuestro pensamiento, más que en diseñar, en la estrategia de estar al día.

¿Que sus capacidades resultan extraordinarias? También, pero esto está sujeto a lo que los diseñadores entendemos por un resultado extraordinario. En este sentido, un pequeño cambio, sustentado por una buena reflexión, puede ser mejor que una solución instantánea presentada con espectacularidad.

¿Qué es una herramienta muy potente? Cierto. Y aún lo es más si se utiliza bien dentro del proceso de diseño, no en sustitución del proceso de diseño.

No me cabe duda de que la IA puede aumentar enormemente nuestra capacidad para producir respuestas, pero eso no significa sustituir el criterio con el que decidimos cuáles merecen la pena. Y puede reducir el tiempo para llegar a un resultado, pero no necesariamente el que se requiere para construir una buena decisión.

Y al final, y de momento, quizás pase como cuando, a principios de siglo, pasamos a hacerlo todo desde una pantalla. Los hay —muchos— a los que las herramientas acaban controlando y condicionando por las limitaciones de aquello que saben hacer con ellas, y terminan escupiendo soluciones mediocres creyendo que son buenas. Y los hay que sabrán sacarle el máximo partido desde un control exhaustivo, para ganar, más que una respuesta: tiempo.

Lo interesante es que la IA trabaje a favor de la disciplina y no que la disciplina termine trabajando al servicio de la IA.  

Septiembre 2026

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