64 Aptitudes y Diseño Industrial

¿Existe un perfil profesional idóneo para el diseño industrial?

Mucho se ha hablado -y se habla- en foros dedicados y en las redes, al respecto de las cualidades que ha de poseer un diseñador industrial. La gran mayoría de este tipo de razonamientos parecen presuponer un carácter ideal. Entiendo que se enfoca el tema, de forma específica, en lo que se interpreta es un “buen” diseñador industrial y que, en la mayoría de los casos, se están aludiendo a unas cualidades innatas que, presuntamente, poseerían algunos para desarrollar la profesión.

Pienso que este tipo de diálogos, existentes también en otros ámbitos y centrados también en otras muchas profesiones, buscan cuadrar y/o justificar un perfil previo ideal que permita, en cierta manera, dar una validez para desarrollar, en este caso, el diseño industrial con éxito o de forma más efectiva.
Esto quiere decir que, más allá de adquirir los conocimientos reglados de la disciplina (etapa que ya nos marcará carácter y nos otorgará algunos rasgos importantes), parece que, de inicio, deba poseerse una personalidad especial o muy concreta.

Discrepo en algunas de las particularidades de este tipo de debates, aunque en general, en el sentido (siempre con matices) de que una profesión precisa de profesionales con una personalidad concreta, estoy bastante de acuerdo.

Así que para prescindir de aquellos aspectos más dogmáticos que pueden tener implícitos este tipo de reflexiones y abrir así las posibilidades, únicamente, en base al compromiso particular de cada cual, debemos tener siempre presente que es cierto que existen aptitudes que podemos tener de forma intrínseca, pero que si no se poseen y realmente son necesarias para el desarrollo del diseño industrial, seguramente no tendremos problemas en adquirirlas.
Incluso debemos decir que hasta con estas carencias, de las denominadas “innatas”, todos podemos ser buenos profesionales, porque nacerán en nosotros otras aptitudes o cualidades que compensarán las faltas.
Quizás el debate no debería acotarse en si existe un perfil y/o una predisposición inicial mejor o peor para garantizar el éxito de un profesional, sino cuales son las aptitudes que debemos tener y como estas pueden adquirirse para completar nuestro mejor perfil profesional. Desde este punto de vista, es lógico que el discurso sería mucho más fructífero.

Podemos pensar que toda esta corriente de opinión se genera en torno al eterno debate de “si se nace o se hace”, en el que obviamente queda claro que me posiciono en el lado del “se hace”.
Pienso que no hay un perfil previo más idóneo que otro y que cualquier persona está dotada, de entrada, para ser un buen diseñador industria. Igual que un buen médico, un buen arquitecto, un buen fontanero o un buen panadero. Y es que solo faltaría que, desde un inicio, ya se restringieran las aspiraciones de las personas, ¿verdad?. Tampoco merece la pena profundizar en lo subjetivo de la utilización del adjetivo «BUEN», al que normalmente se refieren este tipo de opiniones.

Ahora bien, no niego que para dedicarse algunas profesiones (que suponen la excepción y son normalmente de perfil estrictamente artístico y donde los sentidos tienen un papel fundamental) si deberían poseerse unas cualidades “genéticas”. Por ejemplo para la música debemos estar dotados de un buen oído. Y aunque este se adiestre y pueda afinarse, si no se tiene de entrada, poco podrá hacerse. Existen este tipo de casos radicales que constatan que sí, que para ciertas labores si que hay rasgos que deben venir de serie porque difícilmente podrán adquirirse. Pero más allá de las excepciones que todos conocemos, normalmente ligadas a profesiones puramente artísticas, como ya he dicho, estos vacíos se rellenarán seguramente con otras cualidades adquiridas que mejoraran siempre nuestra posición, como profesionales y qu nos permitirán desarrollar nuestro trabajo al máximo nivel.
Es más, si consideramos que el diseño industrial es, pese a los debates que puedan suscitarse, una disciplina de perfil escrupulosamente técnica, entenderemos que no es una de esas citadas excepciones. Los sentidos poco pueden aportarnos de inicio y no podemos, porque sería navegar en el mar de las falacias, hacer regla de la excepción.

Creo que estaremos de acuerdo en que la pasión, el esfuerzo, la capacidad de trabajo, la gestión, la concentración, la perseverancia, la técnica, la visión y otras muchas características y cualidades pueden nacer en nosotros y aprenderse si estas realmente nos hacen falta para desarrollar nuestro trabajo. No limitemos ni confundamos con estas discusiones a todos aquellos que desean dedicarse, en este caso, al diseño industrial. Seamos más receptivos, abiertos y objetivos.

Esta reflexión se ha motivado porque esta ha sido una semana dura de trabajo. Unos días de mucho estrés y ansiedad, donde he podido explorar y/o reflexionar al respecto de algunas aptitudes o cualidades concretas que he descubierto que poseo, como por ejemplo la paciencia o la templanza, tan necesarias para enfrentarse y gestionar las situaciones complicadas (usuales en el diseño y desarrollo de productos).
Jamás he sido una persona paciente, más bien incluso diría que mi perfil personal viene marcado precisamente por todo lo contrario, por ser una persona impaciente y aparentemente nerviosa. Así que interpreto que, durante el desarrollo de mi trabajo y a medida que he ido sumando experiencia como diseñador industrial, he ido adquiriendo ciertas y necesarias cualidades que han mejorado mi personalidad profesional. Es así como seguramente todos vamos moldeando nuestra personalidad profesional en la medida en que el desarrollo diario del diseño industrial así nos lo exige.

Creo que lo más recomendable es dejar crecer, sin cuestionamientos previos y sin pensar en las finalidades, ciertos sentimientos para acercarse al diseño industrial o a cualquier otra profesión, como lo pueden ser la pasión y la ilusión, por ejemplo. El resto, muy seguramente vendrá solo y se incorporará a nosotros de manera natural durante el aprendizaje de la disciplina y el desempeño de nuestro trabajo. Quizás es todo así de fácil, aunque tenemos la peculiaridad de complicarnos siempre en exceso.

Diciembre 2011