
Del diseño para el diseño
Aprovechando que he migrado la web a WordPress, releía estos días muchas de mis reflexiones y pensamientos sobre diseño y advertía con mucha claridad cómo mis ideas han cambiado a lo largo de estos años, pero no lo han hecho ni un ápice en lo que se refiere a algunas cuestiones teóricas que he mantenido desde hace décadas, desde que estudiaba diseño. De esta forma, no encontrarás en esta web una sola referencia a la estética que no sea resultado, que no sea un valor totalmente dependiente del proyecto, una cualidad proyectual que no puede anteponerse al proceso de diseño. En más de trescientas mil palabras escritas sobre diseño industrial, no encontrarás la estética como sinónimo de forma ni de estilo o belleza, de nada.
Esta ha sido una certeza que me ha acompañado desde hace treinta años, cuando experimentaba la armonía, e incluso la belleza, al observar ciertos objetos. A partir de esa vivencia temprana, me pregunté cómo los objetos llegan a este umbral y, aunque siempre volvía a estas cuestiones, el trabajo diario no me dejó espacio para la reflexión sin prisa. Durante los últimos años, con el placer que he descubierto en la escritura sobre mi disciplina, he vuelto afortunadamente a ello, y en breve podré adelantaros alguna que otra novedad.
Diseñar es pensar y es proceso. En eso tampoco he cambiado nada: sigo pensando que es así y que, si hoy se entiende otra cosa, no es porque el diseño no sea así, sino porque el cuerpo académico del diseño industrial se ha erosionado con la ansiedad que imprime el mercado.
Y como esto, sigo entendiendo que la metodología es parte de nuestro esquema de trabajo y que no se puede empezar a dibujar nada más oír el problema a resolver. Que el lenguaje es vital, y que hablar mal y escribir peor hace malos diseñadores, porque el diseño es comunicación y nuestros ladrillos son las palabras, aunque construimos sobre todo con sus significados, que debemos muchas veces —por no decir siempre— ajustar a nuestro ámbito.
Sigo pensando, y así lo he dejado reflejado en estas páginas, que el diseñador tiene una tremenda responsabilidad sobre el mundo, al menos en el entorno artificial que nos hemos procurado, y que este no es solo estructura funcional o mercado, sino también cultura, sociedad y economía. Por ello no podemos desempeñar nuestro trabajo desde la superficialidad: estamos obligados a zambullirnos.
Todo esto, que es solo una pequeña parte de lo que para mí significa el diseño industrial, lo he aprendido diseñando, desde el diseño: no en vano el diseño es una disciplina proyectual.
Y todo lo nuevo que he construido se ha construido también desde aquí. No desde otros ámbitos, aunque todos hayan sido útiles en algún momento, o en muchos, y lo sigan siendo.
Desde el diseño, para el diseño. Siempre ha sido así, y sigo sin encontrar ninguna razón para cambiar de sitio.
Junio 2026
