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Los llamamos clientes, pero no son clientes de diseño

Queridos diseñadores industriales,

Los llamamos clientes, pero no lo son. Me estoy refiriendo a todas aquellas empresas a las que los diseñadores enviamos propuestas con la esperanza de recibir un «Sí». No son clientes, son los que alimentan la leyenda de los royalties a la par que fomentan, seguramente sin pretenderlo, la «hambruna» de tantos y tantos diseñadores industriales que, muy pocas veces, ven recompensado su trabajo y es que: ¿Quién va a pagar diseño teniéndolo gratis?

Los llamamos clientes, pero no lo son. Un cliente (del diseño) es el que encarga y el que paga, el que sabe lo que quiere y te lo requiere y exige, asumiendo también sus errores más allá de sus gustos o de un «sí, me encaja». O cuando menos, un cliente en esta endiablada dinámica, es aquel que sin haber pagado por adelantado se compromete en firme a invertir en tu proyecto: porque un cliente conlleva compromiso, una contrapartida garantizada a nuestro favor. No lo olvides.

Los clientes son un eslabón imprescindible en la economía de nuestro sector y nos estamos equivocando, esos a los que enviamos nuestras propuestas solo son esperanza vana de cumplir un sueño.

A veces los diseñadores -y sobre todo desde el aliento de las asociaciones- nos ponemos muy dignos con las bases de los concursos o con la ética de nuestro sector, mientras permitimos como colectivo esta «romántica» anomalía que ha destrozado el mercado del diseño industrial y ha cerrado tradicionalmente, aunque parezca lo contrario, la puerta a muchísimos diseñadores; nada menos que a todos a los que les han dicho «no».

Abril 2025

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