
Respuestas del diseño industrial sobre la sostenibilidad
Cómo muchos sabéis, el pasado día 13 de abril tuve oportunidad de acudir a una tertulia sobre diseño industrial y sostenibilidad que se realizó en TV2 dentro del programa “Para todos la 2”.
Debo reconocer que aprendí que los tiempos en TV dejan poco margen para las exposiciones preparadas y que además, por la propia estructura y dinámica de este tipo de tertulias, estás bastante obligado a continuar los temas de los primeros intervinientes para no quedar desubicado o para que tu intervención no quede fuera de contexto. Descubrí que es muy difícil ceñirse algún tipo de guion preestablecido si no estás –imagino- muy bregado en este tipo de medios. Por ello, he considerado exponer aquí un breve guion que tenía preparado al respecto y que es, bajo mi punto de vista, información interesante sobre la sostenibilidad y el diseño industrial.
El guion lo estructuré en forma de cuestionario -supuestamente es el que se iba a seguir-, pero en la televisión las cosas, aunque siguen un esquema, son también maravillosamente impredecibles, lo que le da espontaneidad y agilidad.
En los objetos, en los productos; ¿dónde queda la sostenibilidad a la hora de diseñarlos?
La sostenibilidad, pese a lo que ahora defienden aquellos que apuestan por la especialización, o los que la interpretan como algo foráneo e independiente, no cabe duda de que está objetivamente implícita en el propio proceso de diseño industrial.
El diseño, como una disciplina de perfil claramente «humanista» e intelectual, no puede ir nunca en contra de los intereses del ser humano. Pensemos, aunque pueda parecer tonto, que incluso nos preocupamos excesivamente para que, por ejemplo, una maneta de puerta esté libre de toda arista para no causar daño alguno al usuario. Entonces, ¿cómo podemos pensar que podríamos diseñar siendo conscientes de que estamos perjudicando el contexto vital del hombre?.
Los diseñadores proyectamos siempre bajo una metodología que incorpora -o debería incorporar- una serie de pautas y/o normas, que son realmente muy básicas, pero que inciden muy positivamente a la hora de que un producto sea lo más sostenible posible dentro de las responsabilidades de nuestro trabajo.
Entre otras muchas pautas podemos encontrar, por ejemplo:
1.- La optimización del producto. El diseñador industrial intenta siempre diseñar el objeto dejándolo en su mínima expresión funcional y estructural. Y si bien esto responde directamente a una cuestión de costes, si que repercute a nivel de sostenibilidad por el hecho de reducir recursos tanto materiales como de otro tipo.
2.- Pretendemos la máxima calidad y durabilidad en el tiempo de nuestros productos. Es cierto que muchas veces, por cuestiones ajenas al diseño, la durabilidad de un producto es más corta de lo deseada, pero se diseña teniendo siempre presente esta intención.
3.- El éxito de nuestro trabajo está en la creación de productos compactos, formado por el mínimo número de elementos y/o piezas. Además estas tienen que ser lo más fácilmente desmontables para facilitar la incorporación de los productos, una vez acabó su ciclo de vida, a procesos de reciclado.
4.- Solemos plantear soluciones con materiales reciclables y la totalidad de las piezas están descritas para facilitar la labor anteriormente citada.
5.- En medida de lo posible, planteamos productos mono-materiales o con el menor número diferente de materiales.
6.- Siempre que podemos atendemos aspectos tales como la reductibilidad y/o la miniaturización de elementos o conjuntos. Este punto queda más claro si tomamos como referencia, por ejemplo una televisión de leds o plana actual vs una televisión de tubo. Reconoceremos que el volumen (su tamaño) que se ha ido perdiendo durante estos años de re-diseño constante de la tipología –favorecida directamente por el avance de la tecnología-, se ha ganado exponencialmente en lo que se refiere a una reducción de materiales, peso y piezas. Así que podemos decir que la tecnología –que además no tiene porque ser más cara- tiende realmente a favorecer la propia sostenibilidad del producto.
7.- Estudiamos aspectos que pueden incorporarse en función de las tipologías de producto, como la propia desmaterialización y/o la organización de un servicio post-venta.
8.- Compartir productos complejos o altamente tecnológicos y/o caros, como automóviles por ejemplo, es también una tendencia de futuro. Está claro que el diseño de estos nuevos productos compartidos también debe ser específico.
Pero más allá de este procedimiento profesional, si analizamos la sostenibilidad en términos de lo que les interesa a las empresas e industrias, es decir de los beneficios económicos, advertiremos también que esta permite mejorar los costes de fabricación, así que las pautas anteriormente citadas, suelen ser condiciones obligadas de proyecto por parte de las empresas.
No obstante, es importante decir que la sostenibilidad es una responsabilidad de todos. Y todos somos una parte fundamental para lograr el mejor estado posible. Sin las acciones, ya sean puntuales y/o generales, de todos los agentes que conforman una sociedad; los ciudadanos, las leyes, las administraciones, etc,… no lograremos un mundo más sostenible. Esto debemos tenerlo muy claro para no llevarnos a engaños. Y además, hacerlo de forma internacional y acompasada: ahí reside la dificultad.
¿La sostenibilidad es un concepto que forma parte del trabajo de los diseñadores industriales? ¿Desde cuando?
Como se ha dicho anteriormente, la sostenibilidad siempre ha estado implícita, de una forma u otra, dentro del diseño industrial y queda claramente representada en todos esos –y otros muchos- aspectos fundamentales de todo proyecto.
Incluso podemos decir que ya en los inicios de la industria, cuando la profesión empezó a tomar sentido y se pasó de la artesanía a la fabricación seriada, el propio hecho de tener que pensar en los productos antes de que estos existieran, ya supone en sí mismo una forma de optimizar, puesto que se filtran pruebas y más pruebas y un sinfín de recursos. Por ello, planear previamente un producto (diseño industrial), nos permite, de entrada, un ahorro considerable de tiempos y recursos. Esto es incuestionable, pero no quita que la industria -con una gran necesidad de recursos y materias- haya hecho, y siga haciendo, una sobre-explotación, llevándolos, si no se siguen unas normas, a su agotamiento y su probable posterior extinción. Aquí es donde aparece realmente el peligro.
Por otra parte, los mercados hace unos años,eran mucho “más sanos” -en el sentido de creer que había que lograr productos de gran calidad y durabilidad- y la sostenibilidad se encontraba muchas veces en la propia durabilidad de unos productos que manteníamos mucho más tiempo. Y duraban aun más, amparados por un buen servicio post-venta de las industrias y/o las empresas de reparaciones que existían.
Ahora bien, también es cierto que aunque esta consciencia formara parte del diseño industrial desde siempre, podemos decir que más recientemente, sometidos a unos mercados que han favorecido la obsolescencia programada y “el usar y el tirar”, se ha caído en una mala praxis de la profesión y no solo ya los diseñadores, sino también los arquitectos, los ingenieros, los financieros, etc… nos hemos “cegado” en favor de unos intereses empresariales desmedidos. A la crisis actual nos podemos remitir. Por ello, podemos decir que esta concienciación al respecto de la sostenibilidad, de forma mucho más explícita, divulgada y evidente, es mucho más reciente y está motivada por la actualidad que vivimos.
Si se me permite -a modo de parábola- y aprovechando que están presentes algunos representantes, de los más importantes fabricantes de bombillas, sería interesante cambiar el famoso “usar y tirar” por: “la lámpara debe durar más que la bombilla”. Y es que hoy día la lámpara, el producto general, suele ser cambiado por uno, nuevo más bonito y «moderno», antes de que la vida útil de la bombilla haya expirado. Esto, como es lógico, es una atrocidad medioambiental que sucede a diario, aunque parezca una afirmación llevada al extremo. Es lógico pensar que la bombilla debe ser el recambio, por lo que el diseño debe volver a contemplar la durabilidad como una máxima obligada.
Puede parecer un mensaje muy simple, pero supone, en realidad, un nuevo cambio de mentalidad que debería motivar una profunda reflexión al respecto de como podemos dejar un mundo mejor a nuestras futuras generaciones.
A veces uno tiene la impresión de que lo que se ahorra por un lado, se despilfarra por otro. Por ejemplo, compramos un frigorífico de máxima eficiencia energética, pero nos lo traen embalado con mucho papel o con mucho plástico; a lo mejor no haría falta tanto. ¿Cuando se diseña un objeto, también se tiene en cuenta la energía que se consumirá en fabricarlo, en transportarlo, en comercializarlo…? En repararlo, ¿incluso?
Desde el punto de vista del diseño industrial se suele tener en cuenta, puesto que normalmente es una pauta obligada del fabricante que atiende a cuestiones que repercuten en los costes. No es lo mismo que te quepan 1000 que 3000 televisores en un camión. El transporte no solo “contamina” -por lo que reducir este aspecto es ventajoso-, sino que además es un coste y como tal, siempre se mira de optimizar al máximo. Por otra parte, los temas energéticos son una exigencia que las empresas se marcan frente a sus consumidores y/o usuarios, puesto que hoy día la energía es cara.
El día que las energías renovables sean una realidad de abastecimiento pleno, las empresas no tendrán excusas y el diseño industrial seguramente deberá articular una nueva reflexión, pero de momento la realidad existente es la que es.
En general, si el producto no es mejor que sus competidores, en todos estos aspectos, tiene menos posibilidades y por ello son cuestiones que los fabricantes cuidan mucho. Así pues, el diseñador trabaja normalmente con este tipo de requerimientos, que además, vienen por directrices de las empresas.
Pero cabe reiterar que la sostenibilidad depende de todos nosotros. El diseñador y la industria pueden hacer muy bien su trabajo, pero si el usuario no apaga las luces cuando se va a dormir o no desconecta los aparatos eléctricos, no podremos hacer gran cosa.
El concepto “reparaciones” aparecido en la pregunta, como se ha dicho, es sin duda un aspecto de futuro, pero no es tan nuevo. Eso nos demuestra que hemos actuado -en el pasado más reciente- muy mal al respecto del medioambiente. Hace años, cuando se nos estropeaban las cosas, se reparaban. Hoy se tiran y se sustituyen por otras porque el coste así lo motiva. Debemos volver a ese tipo de actitudes y a ese sentido común.
Personalmente creo que no siempre se han hecho las cosas mal, o por lo menos tan mal. Así que el futuro pasa por una relectura del pasado, una vuelta al inicio, en referencia a lo que funcionaba bien. En este caso, un buen servicio post-venta desde las empresas, como se ha dicho, que permita alargar la vida de los productos, e incluso hacerse cargo de él una vez ha finalizado su ciclo de vida, es sin duda, un fantástico paso para lograr un plantea más sostenible, mucho más sano y mejor para las futuras generaciones.
¿Los diseñadores industriales y fabricantes tienen en cuenta qué pasará con ese objeto cuando acabe su vida útil?
Cómo ya se ha dicho anteriormente, los diseñadores en este caso, aunque seguramente otros muchos profesionales de otras ramas, como la arquitectura o la ingeniería, intentan hacer las cosas de la mejor manera posible. Tenemos herramientas, pautas y procedimientos que nos permiten lograr productos más sostenibles, eficaces y eficientes, pero una vez nuestros productos están en la calle, en casa de los usuarios o en el mercado, la responsabilidad -más allá de la que puede tener implícita el producto- es ya del ciudadano y del conjunto de la sociedad.
Por esta razón, es vital apostar por una educación social al respecto, y por una legislación. Los diseñadores trabajamos sometidos a la industria y a la legalidad vigente, así que si esto está bien regulado, es muy difícil hacer las cosas mal o cometer barbaridades.
¿Por qué los consumidores tenemos la sensación de que la sostenibilidad es cara?
Creo básicamente que es por una cuestión muy sencilla: los consumidores interpretamos que cada “etiqueta” –que además pretende suponer un valor añadido y/o mostrar una innovación- que lleva un producto, es una especie de sobrecargo. Es decir, que los productos pasan a ser, aparentemente, algo más o algo diferentes a los anteriores. Y aunque no sea así en todos los casos, los consumidores así lo perciben.
Pasamos de esta forma, de un electrodoméstico normal a uno «sostenible AA, AAA+,…» y esta nueva etiqueta y/o denominación, para el consumidor es un motivo para creer que el precio aumenta. Pero esto no tiene porque ser así. A veces es simplemente un recurso comercial para lograr más beneficio y es que, en la mayoría de los casos, no es más caro fabricar bien que hacerlo mal.
Sobre este último punto si que me gustaría extenderme un poco más y decir que la sostenibilidad debe estar implícita en los productos, pero no necesariamente de forma evidente. La sostenibilidad está presente a partir de las pautas que se han citado al principio; como la minimización de piezas, los materiales, la durabilidad, etc…. Pero estos son aspectos que no tienen porque percibirse a simple vista.
El hecho de que muchos productos, y esto es muy importante para entender la crueldad de los mercados, sean aparentemente sostenibles, es un recurso del mercado para extraerles un beneficio puramente comercial. El mundo -un mundo sostenible, me refiero- no será en exceso diferente a este, en cuanto a productos y contexto artificial se refiere. Será muy similar y es que la sostenibilidad se encuentra al aplicar el sentido común. Pondré un ejemplo para que se entienda mejor:
Si colocamos un vaso de plástico y un vaso de madera y le preguntamos a la mayoría de ciudadanos cual cree que es más sostenible, seguramente dirán, por inercia y por lo que entienden del material, que es el de madera, ¿verdad?. Pero en realidad no tiene porque ser así. El vaso de plástico puede estar fabricado con un material reciclado y/o reciclable y haber estado fabricado mediante unos procesos limpios –o lo más limpios posibles-, a su vez tiene un menor mantenimiento y nos durará más por la versatilidad que nos ofrece el propio material. En cambio, el de madera podría estar fabricado con alguna madera en vías de extinción y ser menos sostenible. Así que debemos tener cuidado porque las apariencias pueden llevarnos a engaños.
Lo mejor para que cualquier producto pueda ser sostenible, es saber que esté fabricado bajo normas internaciones y que haya pasado todos los controles. Posteriormente, hacer siempre un buen uso de ese producto. Usarlo hasta que su ciclo de vida termine y después, hacer todo lo posible para que, una vez tengamos que deshacernos de él, pueda incorporarse a procesos de reciclado lo más fácilmente posible.
¿Se está estrechando la relación diseño industrial y sostenibilidad? En este sentido, ¿hacia dónde camina el diseño industrial?
No cabe duda de que la sostenibilidad está a la orden del día. Los medios de comunicación y las redes sociales se hacen eco a diario a través de noticias relacionadas con este tema. Hoy día parece que todo debe tener esta “etiqueta”. Hoy debemos ser diseñadores “sostenibles”, arquitectos “sostenibles”, empresas “sostenibles”… Esto es peligroso. Creo que debemos esperar y desear que la sostenibilidad alcance su propia normalización. Es decir, que sea algo natural porque sino podemos caer, como ya ha sucedido en otras ocasiones, que acabe siendo simplemente un aspecto que sea recogido por las empresas como un elemento puramente comercial. E incluso grave el precio.
En resumen, debemos entender que el actual modelo de crecimiento económico, representado por esos mercados que han procurado el «usar y tirar» y la obsolescencia programada, no podrá dar cabida jamás a un entorno sostenible.
Por esta razón, debemos apostar claramente por un nuevo modelo de crecimiento económico que permita otros mercados más justos y equitativos.
Y dado que la sostenibilidad, como no hemos dejado de decir, es responsabilidad de todos en conjunto, y de cada uno en particular, estamos obligados a fomentar todos estos valores mediante la educación: si aprendemos a respetar el planeta desde niño, no nos costará hacerlo de adultos. Y mediante una correcta regulación legislativa que pueda hacer frente a las malas prácticas en este sentido.
Abril de 2012
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