
Atravesar la forma
Antes de la irrupción de la IA, a los niveles que conocemos, los diseñadores industriales ubicados en los sectores más aclamados: mobiliario e iluminación, ya operaban -y lo siguen haciendo- bajo el mismo sistema. Me explico: es tanto lo que se fijan en lo que ya existe y en las tendencias (si no te distorsiona la frase, háztelo mirar), que no logran escapar de aquello que ven e idolatran. Persiguen lo mismo que ha llevado a otros, presuntamente, al Olimpo del diseño y no son conscientes (esto ya lo había dicho hace años) que llegan siempre tarde. Primero llegan solo unos pocos, el resto solo alcanzan a hacer ruido, a sumar más de lo mismo, a saturar y aburrir. Y así hemos acabado en un tiempo en el que todo parece igual, no hay sorpresa: la misma silla, la misma butaca, la misma lámpara. Cero diseño y cero vida. Porque diseñar no va de apariencias, pero claro, tampoco va de olimpos ni de estrellas, y ahí estamos.
El diseño industrial, en esos sectores, rara vez atraviesa la forma para ofrecernos un nuevo, o un mejor, uso. Una nueva relación más allá de una lectura. Y, sí, el diseño se lee, no seré yo quien lo niegue, pero si no está sometido al uso, y este uso no despierta una nueva experiencia física, pues te has quedado corto, siento ser yo quien te lo diga.
Ya aburrían los diseñadores igual que aburre ahora la IA, tan llamativa a la par que monótona cuando la analizas a bulto.
Y encima, pedimos a gritos nuestro espacio y nuestro valor. Las escuelas negocio, el mercado, los clientes, el hambre y la fama han hecho su trabajo. Pero los diseñadores siempre podemos hacer otra cosa, y esa es la parte que no se dice. Una llorera del que se sabe vencido.
El diseño industrial necesita atravesar la forma, pensar en lo profundo y volver a salir a la superficie para transformarla de verdad, para ofrecer no algo nuevo, diferente o fresco, sino algo coherente, válido y mejor: apúntate estas tres palabras y, aunque no te vaya más bonito, mirarás de forma diferente. Diseñar es un chapuzón, así se diseñaba hace sesenta años y así se diseña aún hoy, porque no ha cambiado el diseño, sino los diseñadores a los que, por desgracia, se les ha engañado.
Qué listos eran muchos de nuestros históricos diseñadores y qué listos siguen siendo algunos (que no nombraré porque los conoces) que, con sus discursos aparentemente frívolos cuajan un diseño en mayúsculas, hondo, enorme y poético, que luego siguen todos sin saber por qué y, muchos menos logran alcanzarlo sin más capacidad que embozar el mundo.
Piensa. Diseña.
Mayo 2026
