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® Diseñador industrial. 2026
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El proyecto como núcleo del conocimiento en diseño

Con los años de práctica en diseño industrial se configura, casi de manera natural, una estructura particular de pensamiento. Al menos así lo he vivido tras más de treinta años de ejercicio profesional ininterrumpido. Y aunque el aprendizaje nunca acaba, la experiencia permite consolidar ciertas convicciones, especialmente en el terreno epistemológico de la disciplina.

El diseño industrial es, ante todo, una disciplina proyectual. Conviene recordarlo: toda su lógica se organiza a partir de esa condición. Es en el proyecto donde se genera su conocimiento específico y donde se valida su pensamiento. El proyecto no es únicamente una herramienta operativa ni un procedimiento técnico; es el espacio en el que el diseño construye sentido, método y criterio. Desde esta perspectiva, siguen siendo plenamente vigentes las advertencias de nuestros maestros —como Bonsiepe— respecto al error académico de intentar asimilar al diseño las mismas estructuras de producción de conocimiento propias de disciplinas no proyectuales.

Cuando el diseño busca legitimarse adoptando marcos epistemológicos ajenos a su naturaleza, se debilita. Lo hemos visto y lo seguimos viendo: proliferan tesis y desarrollos académicos que, al situarse fuera del territorio del proyecto, pierden consistencia disciplinar. No se trata de rechazar el diálogo con otras áreas del saber, sino de crear y defender un marco académico propio, coherente con su condición inequívocamente proyectual. Sin ese anclaje, el discurso se vuelve periférico respecto de la práctica que pretende fundamentar.

Tras más de setenta años de relativa estabilidad bajo la influencia de las teorías provenientes de Ulm, el diseño parece encontrarse nuevamente en una encrucijada de valor y sentido. La transformación tecnológica, social e industrial ha ampliado sus campos de acción, pero también ha tensionado su identidad. La cuestión hoy, no es reinventar el diseño al ritmo de cada avance, sino revisar críticamente un déficit histórico: la dificultad de reconocer al proyecto como instancia legítima y rigurosa de producción de conocimiento, y como fundamento de un corpus teórico sólido.

Si el diseño renuncia a desarrollar su propio volumen crítico, quedará reducido a una disciplina necesaria pero dependiente; eficaz en la resolución de problemas, pero subordinada en la producción de conocimiento. Recuperar el proyecto como núcleo intelectual no es un gesto nostálgico, sino una condición indispensable para sostener la autonomía, la madurez y la relevancia futura de la disciplina.

Apostemos por ello.

Febrero 2026