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Un diseño industrial condicionado por las oportunidades

Laboralmente hablando, la falta de oportunidades en el mundo del diseño industrial está desconfigurando, a mi parecer, al propio diseño como disciplina.

Ya no se reinterpreta el diseño desde un punto de vista teórico -o incluso evolutivo en sintonía con el mercado- sino que se propone por cuenta propia desde la necesidad vital de muchos diseñadores. Algo que sería mucho más propio del mundo del arte, es decir de los artistas y, por descontado, supone ser un peligroso punto de partida si reconocemos que se está condicionando ese diseño industrial para que se ajuste, egoista y exclusivamente, a las oportunidades que cada uno es capaz de “vender”. Es un diseño de supervivencia para el diseñador.

No sé si esto bueno o malo y tampoco me preocupa tener razón. Pero en cualquier caso pienso que plantear un diseño autonómo que nace, ya sea desde la necesidad ciega de diseñar y/o desde la inmadurez, es decir desde la inexperiencia -tanto temporal como práctica- no debería ser lo más adecuado. O por lo menos esta aventura debería estar circunscrita al porcentaje que sobre toda regla tienen las excepciones.

Es problable que sea una percepción personal. Incluso es posible que el único que vaya en contradirección sea yo y no me esté dando ni cuenta. Pero veo que poco a poco los diseñadores estamos más fragmentados entre nosotros. Estamos más perdidos y mucho más separados.
Hoy, la necesidad hace que muchos comulguemos con un diseño que quizás nunca habíamos pensado hacer. Un diseño que no interesa realmente a una inmensa mayoría de empresas y que ofrece una visión (soluciones) que aún nos separa más de ellas.
Y al final es como una pescadilla que se muerde la cola. No existen oportunidades porque se plantea y se promociona un diseño ajeno a todos aquellos que deben, en realidad, generar las oportunidades laborales de nuestro sector.

Se está abriendo un abismo entre todos aquellos diseñadores que han logrado –con méritos o fortuna- las adecuadas oportunidades para ejercer un diseño industrial más ortodoxo (aun vigente a pesar de lo que muchos puedan decir) y todos aquellos diseñadores que han de inventarse, lícitamente, un diseño basado principalmente en su propia capacidad emprendedora, económica y física. Un diseño caracterizado por la ausencia de un cliente nítido y la escasez de recursos e infraestructuras que solo permiten, normalmente, las empresas e industrias. Paradójicamente clientes habituales de los diseñadores de la otra parte del abismo.

Muchos nos preguntamos: ¿Por qué a veces no nos entienden la sociedad y las empresas? ¿Por qué los planes académicos del diseño son tan dispares? ¿Por qué somos diseñadores y a veces sentimos tantas lagunas sobre aquello para lo que, en principio, estamos más capacitados que nadie?
Quizás la respuesta es sencilla. Quizás no hemos sabido aún –o no nos lo han permitido las circunstancias- trabajar como colectivo todos en una misma dirección. Aunar esfuerzos para generar las debidas oportunidades para que nadie deba inventarse, por necesidad, un camino que no sabemos donde nos ha de llevar y que lógicamente influye en todos nosotros.

Febrero de 2014