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Entrevista personal para el Magazine Tame

Quiero agradecer a Belén Fortes, Ingeniera y diseñadora, la entrevista que me hizo para la revista TAME. Y desde aquí también quiero desearle públicamente el mayor éxito personal y profesional aunque estoy muy seguro de que logrará todo aquello que se proponga.

ENTREVISTA TAME

José Manuel Mateo Hernández es uno de los pocos diseñadores de la vieja escuela que quedan. Diseñador Industrial por la EAA i Disseny Llotja, fundador de ozestudi y Director de diseño en Alutec del Vallés desde 1997, afirma que "sin reflexión el diseño no tiene sentido". Con una trayectoria meteórica, le invitamos hoy a charlar sobre su historia, sus futuros proyectos y a reflexionar sobre el mundo del diseño.

Bienvenido José Manuel, es todo un honor para nosotros tenerte hoy aquí. Antes de nada, queremos saber cómo te encuentras en estos momentos especialmente complicados a causa de la pandemia. ¿Has notado sus efectos negativos en tu trabajo?

El placer es mío. Muchas gracias Belén por el interés y por la entrevista. Sobre los efectos de la pandemia, he decir que a nivel personal me ha tocado muy de cerca puesto que mis dos hermanas han tenido COVID. Afortunadamente ya están bien pero aprovecho este medio para recomendar encarecidamente no bajar la guardia; higiene de manos, distanciamiento y mascarilla. Pienso que es un ejercicio de solidaridad humana que debemos asumir todos y todas con la máxima responsabilidad.

A nivel profesional y hasta el día de hoy, apenas he notado la crisis porque tenía muchos proyectos abiertos en fases avanzadas que continúan su proceso. En los últimos meses he recibido además nuevos encargos relacionados con la pandemia pero no me aventuraría a cantar victoria, creo que aún es prematuro hacer balance. Si bien hay sectores en los que la crisis es ya muy evidente, debemos de considerar que la economía está en estos momentos anestesiada con los ERTE, los ICO y las diferentes ayudas prestadas por el Estado. Habrá que esperar a principios del próximo año a que se retire esta red de protección para ver como han quedado las empresas y como reaccionan. Pero no pinta nada bien y aunque no quisiera parecer pesimista, mucho me temo que 2021 será un año muy duro para la mayoría.

Coincido con todos aquellos que defienden que esta crisis sanitaria-económica, más que ocasionar problemas nuevos, ha agravado los problemas estructurales que ya existían y que no eran pocos, fruto de un sistema enormemente “gripado”. En este sentido y de forma muy concreta la industria, a la que se ha dejado bastante sola por parte de las administraciones durante las últimas décadas y que no estaba plenamente recuperada de la anterior crisis financiera de 2008, creo que lo pasará especialmente mal. Y esto incidirá de forma negativa y directa en muchas diseñadoras y diseñadores. Por si fuera poco, sectores como el turismo y/o los servicios, que venían siendo los que tenían más peso en el PIB, se han desplomado por completo y su recuperación a niveles de 2019 no se espera en el corto plazo.

Vienen tiempos muy difíciles y lo mejor para sortearlos es no engañarse.

Tu trayectoria es espectacular, habiendo trabajado en posiciones variadas dentro del mundo del diseño y recibiendo numerosos premios a lo largo de éstas. ¿Qué proyectos recuerdas con especial cariño?

Todos los proyectos que he realizado han supuesto para mí un aprendizaje y una experiencia única y aunque suene tópico decirlo por boca de un diseñador, de todos guardo especial cariño, esa es la verdad. Seguramente porque desde que me gradué y sobre todo por la forma en la que me enseñaron a ser diseñador industrial, he dado exactamente la misma importancia a todos los proyectos –del primero al último- y me he comprometido con ellos a la misma profundidad, por diferentes, pequeños o fáciles que puedan parecer a ojos de un profano.

Pero por citar alguno, quizás hablaría de la colección de mobiliario Marc, diseñada desde mi estudio para la empresa Alutec y que ha merecido recientemente un Delta de Bronce 2020, uno de los galardones más importantes del mundo del diseño que otorga el ADIFAD.

El producto es todo un alegato, sin medias tintas, a la honestidad, la sostenibilidad y la optimización. Utilizo el material, los procesos y a la industria para hablar desde una mirada que, aunque no es nada nueva para el diseño, parece que muchos diseñadores la tienen algo oxidada. Convendría ponerla nuevamente en valor porque el nuevo tiempo del planeta lo necesita.

Las piezas se fabrican en su totalidad mediante el mecanizado 2D de tablero contrachapado de abedul con certificado de procedencia de bosques de explotación controlada. La magia del resultado reside en lo inesperado de su presencia y en cómo, a partir de formas exclusivamente planas, los elementos se alzan con personalidad singular y propia, evocando además algunos modelos clásicos que han protagonizado la historia del diseño. Sin olvidar la ergonomía y llena de pequeños detalles que nos muestran la alta calidad del producto, la solución es el resultado de años de análisis y estudios que me han permitido llegar a esta síntesis esencial. Estoy bastante satisfecho y el feedback del público es de momento muy positivo.

Compartí parte del proceso de diseño con mi hijo Marc, de 5 años, e ir los sábados y domingos al taller para fabricar y montar juntos las sillas, probarlas y “jugar” con ellas fue una experiencia de lo más entrañable. Esta circunstancia merecía que la colección llevara su nombre.

También te dedicas a hacer divulgación del diseño industrial, entre otros desde esta página web. Con tus conocimientos del sector, ¿qué consejos le darías a un recién egresado de Diseño Industrial?

Pasión, compromiso y ganas no les voy a pedir porque no dudo de que vayan sobrados de estos ingredientes. Así que, como siempre hablo desde mi experiencia y soy poco amigo de los consejos, les diría que a mi lo que me ayudó mucho a centrar mis esfuerzos fue reflexionar sobre qué diseño había interiorizado y por ende, qué diseño me hacía sentir bien. Busqué las ventajas que esta visión personal poseía frente a la de mis compañeros y desde entonces la he defendido honestamente –a capa y espada- ante mis potenciales clientes.

Tenemos que ofrecer, en medida de lo posible, un valor único e intransferible para que podamos tener el control de las decisiones que marcan nuestro futuro como diseñadoras y diseñadores. Y sobre todo para que la mayoría quepamos en el sector ofreciendo soluciones particulares, esa es la clave.

Por otra parte, siempre me funcionó mejor la realidad que la entelequia delante de las empresas. Es decir, enseñar proyectos reales (o casi), sometidos a encargos concretos, me abrió las primeras puertas. Por esta razón, creo que participar en concursos rigurosos bien planteados, con brief concienzudos y jurados solventes, es una buena estrategia –y alternativa- para empezar a disponer de proyectos que enseñar más allá de los realizados en el ámbito académico. Si además tenemos la suerte de ganar un premio o recibir una mención, la entrada al mercado está bastante cerca.

Y si me lo permites Belén, añadiré una cuestión que considero de vital importancia profesional: Se tiene que valorar siempre el trabajo de diseño que una hace y cobrar por él. Ser rigurosos, sinceros y responsables porque uno acaba estando en el diseño de la misma forma que empieza así que ¡empezar bien es importantísimo! Por todo ello, y aunque sé que es muy difícil por las ansias que tenemos todas y todos de empezar en esto del diseño, es muy preferible tener paciencia y esperar la oportunidad que te haga brillar que lanzarse a ciegas. El diseño es una carrera de fondo, tengámoslo en cuenta.

En cualquier caso, el mercado siempre está abierto a los profesionales que son capaces de ofrecer soluciones frente a los que generan problemas, tener esto claro también ayuda.

Sabemos que eres incansable y llevas numerosos proyectos entre manos. ¿Cómo te ves de aquí a unos años? ¿Cuáles son tus metas en un futuro cercano?

Ja,ja,ja, no es que sea incansable, nada más lejos y de serlo lo soy casi por obligación. Las diseñadoras y diseñadores creo que podemos hacer nuestro aquel sentimiento del actor que nunca sabe cuando tendrá otro papel así que trabaja incansablemente en lo que tiene entre manos con la esperanza de que el éxito de ese trabajo llame a otros, o por lo menos, pueda vivir hasta que lleguen.

En la actualidad tengo 8 proyectos abiertos de forma simultánea que van desde el diseño de un bolso de viaje para mujer hasta un apósito médico de protección, pasando por el diseño de un aspirador de automóviles, una tabla de ejercicios o un difusor químico... Esta es la riqueza que nos ofrece el diseño industrial a todos y todas las que lo ejercemos; la infinita variedad tipológica. Y con cada proyecto diferente se nos abre la puerta a un conocimiento que mejora nuestra comprensión del mundo y nos hace más críticos. También sigo participando regularmente en algunas publicaciones sobre diseño, dando charlas y acabo de escribir un texto largo que no me atrevo, por el momento, a llamar novela.

Por suerte, siempre he tenido proyectos sobre la mesa (toco madera) así que para mí, el futuro siempre es ahora, me atrevía a decir. En el corto plazo, solo espero acabar con éxito los encargos que se me han confiado y lógicamente que sigan entrando más. Básicamente porque todo lo articulo a través de ellos, mi mirada y mi pensamiento teórico sobre el diseño industrial no existirían sin toda esta constante práctica.

Pero también soy muy consciente de que un día puede no haber proyectos por lo que espero que las facetas que he cultivado a partir de esta experiencia proyectual, como por ejemplo la reflexión y la escritura, puedan llenar ese hueco cuando eso ocurra. No aspiro a mucho más.

En tu twitter @MateoDesigner sueles hacer crítica a algunos cambios que están sucediendo en el sector del diseño: la falta de pensamiento propio, falta de reflexión, falta de originalidad. ¿Te importaría desarrollar este tema con nosotros?

Ufff, sería realmente largo de explicar –y seguramente aburrido- pero dejaré una simple pincelada. Bajo mi punto de vista y en base a la concepción del diseño que, no solo me inculcaron sino que yo mismo también he desarrollado, creo que puede evidenciarse la erosión que ha sufrido, desde principios de siglo, la formación de los diseñadores y diseñadoras industriales. Un pilar del que derivaría de forma natural el pensamiento de diseño, la finalidad funcional y propiamente la práctica del diseño. Por consiguiente, el ámbito académico es la piedra angular de nuestra disciplina, ¡no es moco de pavo que se nos esté yendo al traste!

Considero que, en contraposición a otros fundamentos académicos, en la actualidad apenas se inocula en los alumnos y alumnas la semilla del pensamiento crítico del diseño y la finalidad práctica de su futuro trabajo se le circunscribe a la esfera de lo visible, de lo exterior y superfluo. Omitiendo muy frecuentemente que la solución de diseño es una unidad indivisible entre el fondo y la forma y que toma como referencia al ser humano, tanto en su plano físico como espiritual. En lo que respecta a su ejercicio, las nuevas técnicas, procesos y medios, sometidos totalmente a la inmediatez que demanda el mercado, han sustituido en muchos casos la necesaria reflexión que habitaba tradicionalmente en el proyecto, parece que ya no hay tiempo. La suma de este compendio superficial ha dado como resultado la acuciante mediocridad que vive nuestro sector en los últimos tiempos. Algo que es muy evidente para aquellos que la quieran ver, solo hace falta conectarse a las redes sociales para advertir que el diseño se trata, se expone y se argumenta casi desde lo “artístico” permitiéndose así un discurso no necesariamente fundamentado en lo pragmático y/o lo resolutivo. Por si fuera poco, gran parte de los estereotipos actuales pueden definirse desde lo espectacular, se busca una instantánea que sorprenda un momento más que una emoción que perdure en el tiempo. Las experiencias se queman con excesiva rapidez.

Las diseñadoras y diseñadores tenemos que gestar un pensamiento propio y genuino, algo que no se produce de la noche a la mañana y mucho menos desde el vacío formativo que sufrimos. La construcción de un pensamiento que impregne de sentido nuestras respuestas requiere de una formación adecuada algo más profunda y organizada para tal efecto, enfocada a hacernos entender que el diseño industrial –y diría que todos los diseños- es un ejercicio intelectual que precisa de reflexión y de cierta comprensión del ser humano y del mundo que le rodea. Sobre este tema, suelo decir muy a menudo que el diseño está más cercano a la literatura que a la ingeniería, que es un oficio que va realmente de contar historias. Por este motivo, la devaluación formativa a la que suelo aludir, que tiene su origen principal en los recientes planes de estudio, pienso que ha influido directamente para que los proyectos, en términos generales, carezcan de sentido intelectual y a la fin carezcan también, en muchos más casos de los deseados, de cualquier otro sentido. Es preocupante. Dudo bastante de que en la actualidad a los alumnos y alumnas se les explique y/o se les defina el diseño desde la idea del proyecto entendido como espejo de la humanidad y reflejo de un tiempo, además de ser una herramienta clave de progreso.

Y es desde este prisma, aunque haya quedado aquí tan condensado y reducido, que baso principalmente mi crítica.

Para acabar, aquí en TAME seguimos muy de cerca tus reflexiones sobre el diseño y el diseñador. ¿Alguna que quieras compartir con nuestros lectores?"

Enlazando un poco con algunas respuestas anteriores, desde hace un tiempo reflexiono bastante sobre la necesaria existencia del diseño y he llegado a la conclusión de que es ya un elemento imprescindible para el ser humano (presente y futuro) porque nos definimos a través de él. Bueno, más bien el diseño nos permite complementar nuestra propia definición como seres humanos e incluso, sometido a esta idea, trasciende a géneros y es humanamente más universal. Hoy ya no podríamos vivir sin diseño porque perderíamos parte de una historia que nos es necesaria para entendernos y comprender también el mundo y sus constantes cambios.

A través del diseño -y en el diseño mismo- proyectamos todo tipo de sentimientos, anhelos, emociones e ideas sin perder el sentido práctico-funcional de la profesión, rompiendo de esta manera su posible consciencia artística. Mediante nuestras propuestas, dibujamos el futuro y rememoramos el pasado sorteando la barrera del tiempo pero también intentamos vencerlo impregnando, en medida de lo posible, la atemporalidad a los objetos y lo hacemos, muy probablemente, como mérito a lo que nosotros mismos no podemos lograr, que es la inmortalidad. Necesitamos vencer a ciertos fantasmas y el diseño se ha convertido en un aliado perfecto.

No se que pensaréis vosotras pero a mi me parece una acepción del diseño maravillosa y fascinante. No solo hemos sido capaces de ejercerlo con una finalidad práctica, social y económica que nos ha permitido vivir mejor y de forma más cómoda sino que lo hemos convertido en un compañero de viaje que guarda nuestros secretos como especie. Pero claro, este prisma del diseño requiere que adquiera carácter “humano” (humanizar los objetos) y en consecuencia, se precisa de un diseño estructurado intelectualmente que pueda contar historias y que hable de nosotros. Este es el diseño al que me refería en la respuesta anterior y que, peligrosamente, estamos perdiendo un poco cada día.

Muchas gracias por la entrevista Belén. Ha sido un verdadero placer. Os deseo lo mejor, hasta la próxima.

Este entrevista se escribió originariamente para el magazine TAME,una publicación divulgativa del diseño que os invito a conocer y seguir por las excelentes colaboraciones, artículos y pensamientos que allí se plasman.

Enero de 2021