01 Error sobre el error

Cabecera artículo El error sobre el error en el ámbito profesional

Error sobre el error en el ámbito profesional

Vivimos tiempos en los que el error se ha convertido en protagonista del discurso creativo. Se venera y se le atribuye un papel revelador —diría que hasta poético— en los procesos de diseño. Y aunque entiendo y respeto su existencia bajo esta nueva forma, que permite a muchos creativos encontrar soluciones que, de otro modo, serían presuntamente impensables, me cuesta aceptarlo como compañero de viaje en el diseño industrial, sobre todo cuando pienso en la idea del encargo, el diseño de productos reales, las personas implicadas, presupuestos, tiempos y repercusiones.

Por este motivo, no encontraréis en este artículo justificación alguna sobre el error en el marco del diseño industrial, lo siento. Los errores que he cometido a lo largo de mi vida profesional, como diseñador, me han dolido, han tenido consecuencias desagradables —tanto para mí como para otras personas— y, en la mayoría de los casos, solo me han dejado el triste aprendizaje de que algo había hecho mal. Y, como yo, así lo sienten muchísimos de mis colegas.

Aprendemos diseño con el foco puesto en el proceso y la metodología. Nuestra formación circula en torno al análisis y la resolución de problemas, con la finalidad de llegar a la fase de prototipado —la última etapa del proyecto— con los deberes bien hechos. Demasiadas ilusiones, dinero y esfuerzo se ponen en cualquier proyecto como para no asegurar cada paso dado anteriormente.

Del prototipo solo debe extraerse la constatación de que todo el trabajo ha sido correcto, de que todo está según lo previsto. De este modo, se convierte en la escenificación material del éxito del propio proyecto y no es, en absoluto, fruto de una interminable etapa de prueba y error en la que encontrar soluciones, ya sean las previstas o las casuales; es decir, aquellas dictadas por los errores y/o el azar.

Esta dinámica es algo que se ha importado recientemente desde otras disciplinas, como por ejemplo la gestión empresarial y el mundo de los emprendedores, en los que se juega con el riesgo como parte fundamental del futuro beneficio, pero que poco tienen que ver con el diseño industrial. En nuestro caso, asegurar los resultados es una exigencia del encargo, asumámoslo. No disfracemos los fallos: el diseño es responsabilidad de los diseñadores y, cuando alguna cosa sale mal, no hay que mirar normalmente más allá de nosotros mismos, y mucho menos apuntarse a la “cultura del error” para mitigar las penas. Nos pagan por lo que nos pagan.

Esto no niega la existencia de los errores durante el proceso de diseño ni su aprovechamiento si es posible, nada más lejos: existen y se dan a diario (nadie es infalible), pero no dejan de ser fallos operativos. No trabajamos con la intención de toparnos con ellos en el camino y, aunque algunos hayan sabido sacarles partido (¡olé!), es obvio que su incorporación consciente al diseño es, por lo inesperado, indefinido e incontrolable de su naturaleza, una propuesta de nulo control que se aleja radicalmente del carácter racional del proceso de diseño, en el que la anteposición, la previsión y el objetivo marcan el camino. Sin hablar de los tiempos que rigen las entregas y que demandan soluciones en un periodo concreto; exigencia del todo incompatible con lo fortuito del error.

Se habla del error como si fuera norma y, dentro de esa gruesa generalización, se suele dar a entender que la mayoría de los errores derivan en algo provechoso, e insinúan un éxito al que nunca hubiéramos llegado de otra manera. Como, por ejemplo, el nacimiento de los Post-its: papelillos tan adorados por los diseñadores, que vieron la luz a partir de un error producido durante la formulación de un pegamento de 3M y que, seguramente, ya no desde el diseño, sino desde el márquetin u otros ámbitos comerciales, se supo vender como un producto innovador. Un error que hemos romantizado, pero que tiene que ver más con el aprovechamiento de un desecho que con un objetivo definido de diseño.

O el afamado y millonario caso Dyson, que requirió cinco años y más de 5.000 prototipos, evidenciando un tiempo y un dinero que pocos tenemos como para emprender ese tipo de iniciativas. Historias, leyendas y ejemplos convertidos en algo de lo más común, que, bajo el afán de vendernos una bondad reservada a las excepciones, distorsionan la realidad del error, acercándolo peligrosamente al diseño.

El error es también estadística, así que, cuando lo miramos desde este clarificador enfoque, podemos descubrir que muy pocos son los errores que traen cosas buenas, puesto que el grueso de la gráfica está compuesto por todos aquellos errores —fallos profesionales— que solo vienen a constatar que algo se ha hecho mal. Y fastidia, ¡vaya que si fastidia!

Suele omitirse que la inmensa mayoría de los errores no enseñan nada nuevo: son reiterativos, previsibles, fruto de la falta de rigor, concentración o profesionalidad. Y conllevan desenlaces negativos que, lejos de elevar el nivel del diseño, más bien lo degradan. Errar en proyectos en los que ya existe conocimiento, experiencia acumulada y soluciones probadas no es parte de ningún proceso creativo: es una decisión insensata.

Si pienso mal, diría que el error en nuestro ámbito se encumbra más bien como parte de una estrategia de defensa ante nuestra propia incompetencia y mediocridad. Es como aquella frase que algunos grandes diseñadores han llegado a decir delante de algunos de sus errores: “Es diseño…”, queriendo decir que equivocarse era lo más normal del mundo, como si el diseño fuera un tema de acertar solo a veces. Para alucinar.

Trabajar bien nunca te garantiza el éxito, pero trabajar mal te asegura el fracaso.

 

Un texto original del diseñador industrial José Manuel Mateo
Junio 2025. Revista Experimenta Nº101

 

Experimenta es una publicación que descubrí en 1995, desde entonces siempre me ha acompañado. Es para mi un honor poder escribir en esta publicación de referencia. Os recomiendo su suscripción y/o la compra de números. Leer es una herramienta para el diseño.