¿Diseño a “100 Eurillos” desde una “Escuelilla” de Arte de Cádiz?

Desde hace unos meses parece que los diseñadores y el diseño –es decir las voces publicas de las asociaciones- están bastante enfadadas a partir de los últimos concursos convocados. Y ahora si que empiezan –o empezamos- a tener algo de razón.

Creo que toca adoptar una postura más intransigente. La tolerancia contemplativa acaba cuando los derechos de terceros empiezan a tambalearse, más cuando los terceros somos todo un colectivo. Y estamos rozando el límite.

Debo decir que en un primer estadio los concursos, y sus bases, me eran bastante indiferentes y trasladaba totalmente la responsabilidad final, no tanto al concurso convocado sino más bien al propio participante, conocedor siempre de las bases. Así que es normal pensar que cada uno asumía su responsabilidad, para él y con su profesión, con su propia actitud hacía ese tipo de certámenes a los que acude siempre de forma voluntaria.
Siempre lo había tenido muy claro pero de un tiempo aquí creo que, en este mundo extraño de los premios, no todo vale. Y no todo vale porque la credibilidad de nuestra profesión (la de todo un colectivo humano y profesional) puede verse afectada negativamente por este tipo de iniciativas.

Es verdad que en lo que se refiere a nuestra disciplina concreta, es decir al diseño industrial, este tipo de despropósitos “concursiles” se dan con menos frecuencia. Imagino que quizás es así porque los planteamientos están ligados a inversiones más elevadas y con el dinero del convocante parece que no se juega. No obstante también hay concursos de diseño industrial que, al igual que muchos de diseño gráfico, presentan unas bases precarias que nada ayudan a crear confianza social en nuestra labor. Y es que lo barato (entendiendo este concepto en su justa medidad), en cualquier ámbito, no suele ser bueno.

Podríamos decir que “a perro flaco todo son pulgas”. No teníamos bastante con la crisis, la ausencia de una enseñanza rigurosa, la pésima divulgación de la disciplina y otros aspectos que cuestionan el diseño -del y para el futuro- sino que ahora debemos añadirle y preocuparnos por la falta de respeto que desde nuestros propios “pilares educativos” se fomenta. Es increíble.

El último caso que ha salido a la palestra de las redes sociales -que parece que actúan positivamente como jueces en algunos casos- ha sido el que ha planteado la Escuela de Arte de Cádiz. Había convocado un concurso abierto para el diseño del logotipo (su imagen al exterior) que habría de representar a la institución en su nueva sede y en su nueva etapa. Y lo había planteado de forma vergonzosa tanto en la forma como en el fondo. Así que peor no podía haberse hecho aunque hubieran querido. Mal hubiera empezado esa nueva andadura, la verdad. Desde Gràffica podéis leer el objeto, las bases y las condiciones así como nuevas opiniones al respecto.

Después de leerlas seguro que coincidimos en que habían errado en la forma porque no se recompensa con un premio de “100 Eurillos” ningún tipo de trabajo de diseño mínimamente riguroso (ni tan siquiera de forma simbólica) y porque el planteamiento atenta además contra los derechos de los profesionales fomentando, entre líneas, el intrusismo y la frivolización del trabajo del diseñador profesional. Y en el fondo porque una Escuela de Arte (donde se imparte también diseño) debe cuidar y valorar siempre, por encima de todo, las disciplinas que imparte porque solo desde el mejor ejemplo dado nacerá la pasión necesaria en los alumnos. Una emoción fundamental para su trabajo del mañana.

Al parecer la controversia producida por este error -sigo creyendo en la buena fe a pesar de todo- ha hecho rectificar al centro y el concurso se ha anulado. No sabemos si por la presión de los medios, las redes sociales o por el comunicado de la AAD, la Asociación Andaluza de Diseñadores. En cualquier caso rectificar es de sabios y creo que merece la pena dar una segunda oportunidad al centro. Es más, a veces con este tipo de conflictos, que no son del agrado de nadie, se refuerza aun más nuestro trabajo como diseñadores por lo que “no hay mal que por bien no venga”.

Cómo comentario final me gustaría decir que en si mismo todo es bastante surrealista y muestra una pésima gestión de recursos. El hecho de que una Escuela de Arte convoque un concurso abierto es absurdo cuando tiene el potencial en sus aulas. Y si una Escuela de Arte no tiene recursos suficientes para costearse el diseño de su propio logotipo por un profesional externo –al parecer de aquí nació la idea del concurso- tiene alternativas tan interesantes como plantear, por ejemplo, ese proyecto a los alumnos del curso final de Gráfica Publicitaria. Estoy seguro que con el asesoramiento de los profesores podría haberse extraído algo digno de cualquier alumno que además hubiera estado más que satisfecho y contento en ver su primer proyecto llevado a la práctica.

Seamos positivos porque el diseño nos ha enseñado siempre esto. La precariedad presupuestaria para un proyecto no puede ser nunca tomada como una excusa porque en esencia el diseño busca, mediante la creatividad y la solución de problemas, superar precisamente la mayoría de todo tipo de barreras, incluso esas, para lograr una propuesta ajustada a las circunstancias pero siempre digna en todos los sentidos.

Los miembros de oZ, estudi estudiamos en escuelas de diseño publicas. Sabemos la labor social que cumplen y la necesidad de que existan siempre y al mejor nivel. También somos conscientes de las carencias intrínsecas que suelen tener –sobre todo a nivel económico- y valoramos enormemente el capital humano que las compone porque realizan un gran esfuerzo para suplir normalmente todas las posibles faltas. Por ello, más allá de la crítica realizada necesaría para dar valor a nuestro trabajo, deseamos apoyar a la Escuela de Arte de Cádiz. Estamos seguros que lo han pasado mal estos días en que han estado en primera línea de opinión y no nos cabe duda de que aprenderán de los errores en beneficio de una profesión que amamos seguramente de igual forma.

Mayo de 2012