Nuevos discursos de diseño industrial que suenan demasiado viejos

Parece que algunos han descubierto ahora que “en diseño industrial la función práctica de uso siempre se le presupone al objeto” y que alejarse de esta pauta puede ofrecerles un nuevo planteamiento de diseño.

Podemos pensar que más que un reciente descubrimiento, pues es algo bastante obvio y suponemos que los que mantienen este diálogo, no son ni tan ilusos ni tan ignorantes, se utiliza este razonamiento sencillamente para apoyar, justificar y generar un diseño industrial propio (y subjetivo) basado principalmente en otros aspectos.
Pero este “nuevo diseño” que vienen proclamando no es tampoco algo nuevo. Y es que más allá de aquello de que “la forma sigue la función” también ha habido y hay diseño industrial.

Dado que entiendo que estos debates pueden confundir y llevar a errores, sobretodo a los más jóvenes, creo que deberíamos tener mucha más precaución a la hora de exponerlos abiertamente. Sobre todo porque a través de los medios digitales y las redes sociales se difunden tan rápidamente como la pólvora encendida.

Aun en el supuesto de que fuera un razonamiento verdadero y de que nos hallemos a las puertas de una nueva época para el diseño industrial, el hecho de que la función siempre se presupone no significaría que no debamos ni revisarla, ni tenerla en cuenta o ni tan siquiera resolverla como diseñadores industriales.
El objeto, en su inmensa mayoría de tipologías y sectores, siempre se articula en base a una función práctica de uso. Olvidar u omitir esta cuestión podría alejarnos del diseño industrial y hacernos caer con suma facilidad en su antítesis, es decir proyectar sin resolver los problemas fundamentales a favor de un resultado basado en sub-funciones.

Muchos de nosotros no aprendimos diseño de otro modo. De hecho, la frase subrayada que abre esta reflexión era una de las frases favoritas del conjunto de mis profesores. Pienso que con ella nos querían hacer entender -a fuego si hiciera falta- que lo primero que teníamos que resolver por encima de todo era este aspecto del diseño: Su solución pura y estrictamente funcional y de uso.
Incluso en base a este criterio principal supervisaban y revisaban la totalidad de los ejercicios académicos. Así que aquel objeto que no funcionaba en este sentido era directamente suspendido por hermoso, genial y vistoso que pudiera ser. Nos enseñaron que todas esas "cualidades" siempre podían llegar después.
Toda mi generación académica –e imagino que las anteriores y posteriores que hayan coincidido con el mismo profesorado- no avanzaban más allá hasta tener este primer estadio funcional resuelto al 100%. O por lo menos solucionado al máximo.

Personalmente siempre he visto de forma muy sencilla este razonamiento al respecto de la función. Lo he entendido y lo he encajado como algo básico dentro de la disciplina y lo he tomado siempre cómo una norma intrínseca incuestionable o poco discutible.

El producto resultante del proceso de diseño industrial; el objeto, más allá de otros aspectos que pueden ser muy diversos, será seguramente adquirido y valorado por el usuario precisamente –en mayor grado que otras cuestiones- por este uso práctico y/o funcional. No debemos olvidar que el ser humano se rodea de objetos porque éstos le solucionan ciertos aspectos de su vida cotidiana. O por lo menos se la hacen más cómoda.

Como tampoco deseo confundir es importante decir que es cierto que todos los aspectos, al margen de la reiterada función, son también importantísimos y cruciales para la mejor solución de un proyecto. Tampoco es menos cierto que el usuario adquiere muchas veces los objetos porque les son afines a niveles espirituales, comunicativos y/o simbólicos. Seguramente porque también enfatizan su propia personalidad o porque hablan de su carácter. En este sentido los productos trascienden de la función práctica de uso a la emoción pero ambas cosas están perfectamente integradas.
Así que el discurso de prescindir de la función en el proceso de diseño industrial, dándola por solucionada, no es nada nuevo ni valida, en absoluto, nuevos discursos que habrían de dar paso a un nuevo diseño industrial. Más bien al revés, todos estos debates reafirman lo que ya proclama la propia disciplina. Por este motivo podemos pensar que muchos de estos discursos solo se producen por la ignorancia que se tiene del diseño.

Quizás estos “nuevos” debates también se motiven a partir de la saturación objetual que vivimos. Se defiende un diseño industrial principalmente centrado en aspectos como el comunicativo, el simbólico o el formal para justificar solo una ruptura. Otro discurso que es en si mismo absurdo porque el diseño industrial, como se ha dicho anteriormente, siempre ha considerado todos estos aspectos.

No hay que pensar mucho para saber que todas las características que pueden confluir en un producto no son jamás, si su resultado es válido, incompatibles. De esta forma no es arcaico o antiguo, como parece defender esta presunta nueva tendencia, que el diseño deba ocuparse en su primer estadio de la función. A nuestro favor debemos reconocer además que sigue siendo la característica principal que motiva la mayoría de los encargos por parte de nuestros clientes.

Admito que a partir de la función todo suma y que todos los valores que se incorporen mejorarán siempre el resultado. Algo que no es nada nuevo.

Es cierto que existen muchos sectores y tipologías de producto donde resulta difícil mejorar su propia función práctica de uso y es seguramente en este tipo de ámbitos donde el diseño industrial enfatizará otras cuestiones como la comunicación o la emoción pero también debemos admitir que existen infinidad de productos donde la función es muy mejorable aun y donde el diseño industrial aun tiene mucho que decir. Mirado de otro modo y siendo creativos podríamos incluso decir que la innovación más notable puede surgir del cuestionamiento de la función aceptada y es por ello que debemos analizar siempre este primer nivel.

Febrero de 2012