Madrid 2020 y la indignación del “mundo del diseño”

Tras conocerse el fallo del concurso de diseño gráfico para seleccionar la marca que debe representar la candidatura de los juegos olímpicos de Madrid 2020 y averiguar que la idea original seleccionada, no solo es nefasta tras los cambios sufridos de forma injustificada -puesto que más que mejorar la idea original la han deshecho- sino que además el autor no ha podido apenas defender su trabajo, el mundo del “diseño asociado” se ha levantado en armas indignadísimo arrastrando por inicercia a muchos otros profesionales.

Sin restar mérito alguno a este alzamiento de las asociaciones, que han venido mostrando a través de la mayoría de redes sociales divulgando un comunicado al respecto, si que debemos reconocer que nuestras asociaciones de diseño deberían ser igual de rápidas, efectivas y estar igual de dispuestas a la hora de defender otras muchas cuestiones del diseño industrial y el diseño gráfico que aun dejan mucho que desear.
Tenemos, por citar tan solo algunos ejemplos, unos planes de estudios desiguales y muy poco profundos y con ello seguramente muchos profesionales “limitados” y poco reconocidos. Seguimos mostrando una enorme incapacidad de exportar de forma eficaz nuestro trabajo, no solo ya más allá de nuestras fronteras sino tan solo más allá de nuestros “barrios”. El diseño no es capaz de llegar a las PYMES donde para muchas empresas aun somos los grandes desconocidos. Las empresas del País se hunden y no logramos hacerles llegar el diseño como una estrategia y herramienta efectiva y necesaria para mejorar sus situaciones....
La verdad es que hay mucho trabajo que hacer desde las asociaciones, así que reiterando el valor que tiene este toque de atención hacía un concurso y una gestión que se les ha escapado de las manos, tenemos todo el derecho de exigirles también la máxima concentración en los temas que de verdad afectan a la profesión y a sus profesionales, que no exclusivamente a sus asociados. Sería bueno no confundir esto último.

Tan solo debemos preguntarnos que hubiera pasado si el diseño seleccionado, con modificaciones incluidas, hubiera sido aceptable o incluso brillante, porque bien podría haber sido así, ¿no?. ¿Se hubiera reclamado algo?. Seguramente no, seamos sinceros por lo menos en nuestras reflexiones.
Pero las bases, las actuaciones y las condiciones del concurso hubieran seguido siendo las mismas. Así que el hecho de que el resultado hubiera sido brillante no hubiera mitigado o borrado de la realidad la indefensión de los participantes, que por la “face” y “la gracia de dios”, perdían casí todos los derechos sobre sus propias ideas simplemente por el hecho de participar.
Mucho imagino, por desgracia, que si el resultado hubiera sido positivo nos hubiéramos inventado un diálogo coherente para encumbrar al diseño y a los concursos a pesar de conocer sus oscuras trastiendas.
Y es que todo esto no es nada nuevo. La mayoría de certámenes, en mayor o menor medida, invaden derechos, o cuando menos, valoran el trabajo de forma muy por debajo de su valor real. Claro que no todos son tan notorios y permiten esta oportunidad de saltar al candelero mediático.

Pero a “toro pasado” y metiendo el dedo en la llaga de un fracaso todo es fácil. O por lo menos mucho más fácil y tenemos, socialmente, el caldo de cultivo listo para que todo fluya y se extienda. Para tener razón. La fórmula es extremadamente fácil. Es como cuando la economía justifica, con sus análisis “a posteriori”, lo que está mal.

Pero éste, reconocerán, no es el mejor camino para unas asociaciones a las que les debemos exigir más rigor y mucha más capacidad de anticipación visto lo visto. Deben adelantarse para que este tipo de cosas ya no puedan ni existir ni suceder. Porque la mejor forma de evitar un problema, como decía no se quien, es no dejar que exista y eso lógicamente pasa obligadamente por la previsión.

Seamos sinceros porque el diseño lo necesita tras la hipocresía mantenida durante tantos años. Pongamos siempre medios y no remedios. Tenemos tanto que hacer que enfrascarse en estas divagaciones infértiles suponen realmente una pérdida de tiempo que juega en nuestra contra. En mi humilde opinión, claro está.

Febrero de 2012