Se necesita Diseñador Industrial con 5 años de experiencia y…

Hace unos días leía una oferta de trabajo que muestra bastante bien la extraña distinción que muchas empresas industriales-fabricantes hacen del diseño industrial. Una errónea separación basada seguramente en una equivocada concepción y conocimiento del diseño que además incide negativamente sobre las capacidades competitivas de las empresas.

En resumen la oferta buscaba un diseñador industrial con idiomas, experiencia de más de 5 años y un conocimiento pleno en materiales, tecnologías, desarrollo y fabricación.
Sus funciones serían las de responsable de fabricación llevando también la gestión de presupuestos y proveedores, documentación técnica, supervisión, prototipos, etc.. al respecto de los nuevos productos de la empresa.
Hasta aquí podríamos decir que era una oferta bastante normal y porque no decirlo, incluso hasta bien pagada. En realidad "a priori" podríamos entender que la oferta respondía estrictamente al perfil de un diseñador industrial como tal si no fuera por un pequeño detalle muy importante; se entendía que no se precisaba ni se admitía creatividad.

La oferta seguía diciendo que el punto realmente atractivo era, imagino que según la empresa, la posibilidad que tendría el candidato de trabajar “estrechamente” (este era el término concreto que se utilizaba) con diseñadores industriales de primera línea mundial. Es decir, que el nuevo trabajador sería el encargado de recoger las propuestas conceptuales de esos grandes diseñadores industriales de renombre para adaptarlas a la empresa y hacerlas viables en función de las necesidades y los recursos propios de ésta.

Se entendía en la oferta que el diseñador industrial, que se incorporaría en plantilla en el departamento técnico interno de la empresa, sería el encargado de mediar entre las propuestas (lógicamente se intuyen muy superficiales) de ciertos diseñadores consagrados que la firma contrata habitualmente y las capacidades industriales y de fabricación de la empresa. Puede decirse entonces que en realidad lo que se estaba pidiendo era más bien un mero transcriptor o traductor técnico.
Entonces realmente ¿Quien aprende de quien?, ¿El que posibilita la realización de una idea o el que plantea simplemente la idea? y ¿Donde está realmente el atractivo de la oferta, únicamente en conocer a profesionales del StarSystem?. ¿Cómo se puede pedir diseño industrial sin diseño industrial, es decir sin creatividad?

Este tipo de ofertas nos descubren un hecho verdaderamente sorprendente y paradójico: En realidad se busca a un diseñador industrial para posibilitar el trabajo de otro diseñador industrial.

Un método, por desgracia mucho más extendido de lo que podemos pensar, que evidencia claramente una enorme falta de rigor y de gestión por parte de las empresas porque, en contra de aligerar o minimizar los gastos lo que se produce con este procedimiento, al margen también de la incongruente distinción de responsabilidades que plantea esta dualidad, es incrementar los gastos fijos en concepto de diseño y desarrollo de producto. Gastos que seguramente repercuten en el propio producto y su competitividad y por extensión también en los beneficios de esas empresas.

La primera pregunta que resulta del análisis de esta oferta es el hecho de ¿Porqué la empresa acepta esta dualidad en las capacidades del diseño industrial de un profesional a otro?.
Con ello se está admitiendo que ciertos diseñadores industriales no hacen bien su trabajo o que presentan carencias importantes. Tan importantes en realidad que dificultan entender donde reside la auténtica profesionalidad de este tipo de diseñadores. Lo que nos debería llevar a plantearnos seriamente si merece la pena su contratación exclusivamente buscando un nombre.

Pienso que resulta tan pobre como absurdo que la empresa no entienda que actualmente con esos servicios externos solo está pagando por una firma, por un nombre. Y que hallando a ese profesional que buscan en la oferta de trabajo, que se limitará lamentablmente por decisión de la empresa a hacer solo de puente, en realidad de lo que se dispondría es de un profesional que podría diseñar a un nivel superior respecto a los diseñadores que contrata de forma externa. Es decir, ¿Porqué la empresa no confía en que este nuevo trabajador que está buscando, al que le demandará soluciones efectivas, podría diseñar lo que la empresa requiere?. ¿No sabe la empresa que es ella en realidad la única que está facultada para saber que productos precisa?. O en su defecto y mirando de minimizar gastos, ¿Porqué la empresa no exige al propio diseñador externo esa fase y/o trabajo que posteriormente ha de pagar como gasto fijo en su empresa?.

Estas y otras muchas cuestiones nos siguen mostrando a diario la enorme ignorancia que se tiene en realidad del diseño industrial y lo que es aun peor, la falta de confianza que tienen muchas empresas en si mismas ya que en realidad deberían ser ellas, las que desde dentro, decidieran que hacer, cómo y para quien.

Deberían aprender a cambiar su léxico (políticas) e incorporar nuevas afirmaciones para variar los resultados de sus procesos. Y así los nuevos productos en realidad deberían ser tomados así:

- Son productos de la empresa A.

Y NO:

- Son productos diseñados por B para la empresa A.

En la primera parte afirmativa la carga simbólica del producto recae siempre para la empresa así que la calidad, el valor añadido y todos los aspectos percibidos son siempre referenciados hacía la empresa y es ésta la que incrementa su valor ante el mercado y los usuarios. Se logra amasar el valor de marca y esto es muy importante.

En la segunda parte en cambio, procedimiento erróneo de muchas empresas y la que sigue la de la citada oferta, se otorga realmente el valor exclusivamente al diseñador y la empresa queda relegada a un segundo término interpretándose meramente como un medio.

En realidad grandes diferencias en función de las estrategias planteadas. De cualquier manera, más allá de la anécdota de la oferta que nos ha hecho reflexionar, y atendiendo a lo más pragmático, de lo que no cabe duda es que las empresas consiguen con esta extraña e inexplicable manera de actuar añadir un gasto fijo más a su estructura. Un gasto que dado como están los tiempos deberíamos preguntarnos si realmente merece la pena asumirlos.

Afortunadamente muchas empresas han cambiado las dinámicas. Las que no lo han hecho están empezando a apostar por ello. La gran mayoría han visto que la firma por la firma ya no es garantía de nada y que deben de ser más precisas y exigentes con aquello que plantean, desarrollan y producen. Un rigor necesario que solo pueden encontrar realmente inmersas en políticas propias e internas de I+D+I trabajen o no con equipos externos. De hecho se puede, e incluso es sano y se debe, apostar también por la contratación de diseñadores externos que permiten normalmente nuevos enfoques y huir de las habituales deformaciones intrínsecas de las empresas. Eso si, sometidos a las políticas de las empresas, sabiendo que es lo que debe pedirse y que es lo que se debe recibir.

Las empresas que aun no lo han hecho deben empezar a entender que lo más importante es diseñar y fabricar sus propios productos en el seno de sus propias empresas. Lo que significa que, contraten o no agentes externos, deben controlar y decidir que es lo que hacen y porqué. Adquiriendo con ello la personalidad propia suficiente y la flexibilidad necesaría que les permita adecuarse de forma natural a los cambios del mercado.

Este tipo de ofertas saca a la luz el hecho de que existen muchos diseñadores industriales en la "sombra" como ya he reiterado en otras muchas ocaciones. Profesionales que posibilitan que existan algunos de esos otros afamados diseñadores de firma. A todos ellos les debemos un merecidísimo reconocimiento por entender, bajo mi punto de vista, lo que es realmente el diseño industrial: Soluciones.

Noviembre 2011