Diseño Industrial en equipo o diseñador individual. ¿Influye en los resultados?

Son muchos los que piensan que las ideas siempre tienen un único responsable, un solo padre. Piensan además que es imposible trabajar en equipo en el sentido en que éste pueda generar ideas compartidas.
No seré yo, de entrada, el que lo discuta aunque también somos muchos, en cambio, los que concebimos que los mejores resultados creativos son siempre parte de un proceso realizado en equipo.

Existiendo este debate, entonces que es mejor; ¿trabajar solo o en equipo?. ¿Cómo se logran mejores soluciones en diseño industrial?. ¿Es posible realmente desarrollar la profesión integrado en un equipo?. ¿Se puede trabajar exclusivamente de forma individual?.

Personalmente creo que todos los caminos son válidos y que desde todas las fórmulas se pueden lograr resultados exitosos. La experiencia y la realidad así lo confirman.
El mercado está lleno de productos fruto de grandes, medianos y muy pequeños equipos de trabajo donde, paradójicamente, la magnitud de los resultados poco tiene que ver en realidad con el número de profesionales que intervinieron.
Seguramente el desarrollo de la profesión por parte de los diseñadores será al final la que nuestras propias circunstancias, recursos, infraestructuras y posibilidades nos permitan.
Si tenemos oportunidad lo ideal está claro que es compartir los máximos procedimientos y formas posibles (siempre en función del requerimiento de los proyectos) porque como ocurre en otros ámbitos de la vida toda experiencia siempre suma y de todas ellas podemos aprender.

Si que sabemos que no es lo mismo que toda la carga de un proyecto dependa de una o muy pocas personas o que dependa de un amplio equipo pluridisciplinar, aunque el equipo esté debidamente jerarquizado y muchas fases o etapas del proyecto parezcan ser ejecutadas de forma individual.
En el primer caso la toma de decisiones será, con mucha seguridad, muy rápida pero también muy focalizada. Las soluciones además, por norma general, tendrán pocas alternativas y aparecerán muchas falsas restricciones basadas en la propia limitación individual. Los errores se suelen advertir muy cercanos al final y esto puede suponer graves problemas para el desarrollo del producto.
En el segundo caso la toma de decisiones será más laboriosa pero permitirá abarcar mucho más terreno. Dispondremos seguramente de diversas posibilidades y alternativas fruto de más puntos de vista. Suelen descubrirse errores de forma más rápida puesto que el proyecto está sometido a constantes análisis por un mayor número de profesionales.
Pero ambos caminos pueden en realidad ofrecer el mismo nivel de soluciones por lo que debemos suponer que el éxito de un proyecto de diseño industrial está más en su planteamiento y organización que en el número de personas que participan en su desarrollo.
En definitiva podemos estar seguros de que todas las opciones de trabajo suelen tener sus propias ventajas e inconvenientes. No hay un proceso perfecto así que el mejor proceso de diseño industrial que se puede llevar a cabo, se realice como se realice, es siempre aquel capaz de nivelar lo positivo con lo negativo para que el resultado esté debidamente compensado en favor de la solución más adecuada. Y esto puede lograrse, con mayores o menores esfuerzos, de forma individual o en equipo y con muchos o pocos recursos, estructurando el trabajo de forma ordenada y rigurosa integrado bajo la metodología del diseño industrial.

Otra vez, a partir de esta nueva reflexión, surge el reconocimiento de la importancia "vital" que tiene la metodología dentro de nuestra disciplina.

Al margen de la labor que realizo de forma más "individual" desde oZ, estudi, tengo la fortuna de poder compartir muy asiduamente proyectos de diseño con otros muchos colegas diseñadores industriales y/o técnicos de muy diversas ramas. Es decir que desarrollo muchas veces mi profesión como diseñador industrial integrado en equipos de trabajo. Mi percepción sobre el proyecto no varía en exceso comparada cuando trabajo de forma más aislada e individual pero mi actitud frente al proyecto si que se adapta a un sentimiento general que emana del equipo de trabajo y sus objetivos compartidos.

En los últimos meses estoy embarcado en varios proyectos compartidos. Todos son muy distintos, con también muy dispares equipos profesionales. Mi papel en cada uno de esos proyectos es también muy diferente y me resulta asombroso, analizando la dinámica de esos proyectos, como nada tiene que ver con nada y las empresas, sus objetivos y los equipos de trabajo buscan cosas totalmente distintas.
Durante estas largas etapas profesionales en las que el rol de un diseñador ha de adaptarse a las necesidades de un equipo y de un proyecto compartido las capacidades de un profesional se suelen llevar al límite. Este tipo de trabajos nos obliga a mantener una concentración total y saber además separar mentalmente un día de otro en función de la tarea a desempeñar.

Trabajar en equipo nos permite reconocer de forma muy clara como es de diferente nuestra dinámica de trabajo, nuestro ritmo y nuestra capacidad de enfrentarnos a los problemas. Precisamente por ello la comunicación se tiene que convertir en el núcleo central de los proyectos siendo realmente la única herramienta que nos permite la más correcta gestión del diseño industrial.

Integrado en un equipo podemos también observar como dentro de una misma disciplina las actitudes y aptitudes de los profesionales con los que compartimos trabajo son muy dispares y diferentes a las nuestras. Así que más allá de lo estrictamente relacionado con el proyecto se aprende mucho si se está receptivo. Posiblemente es una “escuela de vida” que pocas otras situaciones o experiencias pueden igualar.
Pero formar parte de un equipo de trabajo con otros profesionales de muy diversa formación y muy variadas responsabilidades (diseñadores industriales, técnicos, ingenieros, responsables de producción, gerentes, comerciales, etc..) no solo no es sencillo sino que, por desgracia, también tiene sus inconvenientes y en muchas ocasiones supone un desgaste físico y emocional tan enorme, mucho mayor que cuando trabajamos de forma más individual, que no todos deseamos asumirlo en algunas ocasiones.
Seguramente, es por este esfuerzo y por este desgaste, que mal gestionado puede tirar por la borda la labor de meses de trabajo, que el éxito del proyecto de diseño reside ya en la propia formación de los equipos.

Formar equipos de trabajo eficaces para dar solución a un proyecto pasa de forma obligada por reunir profesionales que sepan aceptar críticas, delegar trabajo y responsabilidades, cosa que a veces es muy difícil. Deberán ser además profesionales que sepan aceptar con naturalidad y humildad las propuestas e ideas de otros colegas si son mejores que las de uno mismo, cosa que tampoco es fácil aunque parezca absurdo no hacerlo.
Podemos estar seguros que si finalmente se es capaz de congregar a un grupo de profesionales que cumplan estas sencillas premisas y que además entiendan el proceso de diseño industrial siempre sometido a una metodología de diseño es muy posible que los resultados sean ciertamente mucho mejores que el trabajo realizado de forma individual por un único diseñador. Ahora bien, reunir a un equipo de profesionales de estas características no es fácil, nada fácil.

Pero aunque pueda haber estructuras de trabajo más efectivas que otras, el diseño industrial puede desarrollarse con iguales resultados seguramente en cualquiera de sus formas. Como profesionales podemos participar de forma individual o en equipos. Podemos además encargarnos de todo el proyecto de forma integral o dedicarnos a dar solución tan solo a una parte del mismo. Todo dependerá al fin, como ya se ha dicho del propio proyecto, de nuestras circunstancias y de nuestras oportunidades.
Aunque si es posible deberíamos apostar por explorar las máximas posibilidades de nuestra profesión para conocer el límite de nuestras propias capacidades como diseñadores.

Lo más importante siempre es seguir aprendiendo para entender todas las posibilidades que nos ofrece nuestra disciplina.

Refiriéndome al debate que abría la reflexión decir que puedo llegar a estar de acuerdo en que las ideas, quizás, tienen un único padre pero también es posible que muchas veces el hecho de que esas ideas acaben siendo mejores y se acaben convirtiendo en excelentes productos es únicamente fruto de un trabajo en equipo. Así que pienso que ambos posicionamientos son correctos y válidos.

Si que es importante dejar claro que integrarse en dinámicas de equipo, al contrario que el trabajo realizado de forma más individual, requiere de profesionales mucho más abiertos y humildes. Diseñadores que sepan aceptar que por encima de todo está el propio proyecto y su más correcta solución.
Diseñadores industriales capacez de reconocer que las ideas, o la idea, jamás hubiera visto la luz sin la contribución, directa o indirecta, evidente o menos evidente, de las sinergias que ha generado un equipo.

Septiembre 2011