Los cambios y la importancia de la metodología en diseño industrial

Acabo de recibir las primeras muestras de inyección de uno de mis últimos proyectos de diseño industrial y observo que habrá algunos ajustes y/o modificaciones.

Comentando este tipo de fases con otros colegas diseñadores siempre solemos coincidir en lo importante que es trabajar bajo una rigurosa metodología de diseño industrial. Lo advertimos de forma mucho más nítida cuando recibimos esas primeras pruebas, ya sea de un producto, de una simple pieza, de algún elemento o de algún acabado y vemos que habrá algún ajuste.
Es cierto que el diseño industrial se aleja de la artesanía y de otras disciplinas más artísticas precisamente porque contempla todas las soluciones previas necesarías a los problemas planteados y por esta razón no deberían aparecer modificaciones una vez está el proyecto en desarrollo pero en el diseño y producción de un producto intervienen cada día más factores que pueden influir en que se produzcan ciertas variaciones "inesperadas".

Por norma general las primeras piezas siempre requieren de un análisis exhaustivo y seguramente algún que otro cambio y/o ajuste. Son pocas las veces que damos un ok rotundo a un elemento, ya sea por un error o fallo apreciado o bien porque ahora que lo tenemos delante vemos que podemos mejorarlo un poco sin grandes esfuerzos e inversiones anexas.

Con seguridad, a pesar de haber estado muy concentrado y muy encima del proyecto durante todo el proceso de diseño industrial, de haber realizado además prototipos parciales y/o integrales y cientos de comprobaciones, siempre queda un fleco que peinar, ¿Verdad?.
Afortunadamente no suelen ser grandes y azarosos problemas sino más bien aspectos y detalles al respecto de mejorar un poco más el producto. Por lo menos para los diseñadores industriales porque es cierto que muchos clientes darían el visto bueno.
Es posible que esto suceda por el afán de aproximarse a una perfección que no existe o quizás sea simplemente deformación profesional. El caso es que uno va asumiendo, con los años de experiencia y proyecto tras proyecto, que las primeras pruebas son siempre un momento importante pero que no dejan de ser un paso más para revisar nuevamente el proyecto para encararlo al cierre de la mejor forma posible.

Cuando aparecen este tipo de revisiones, que como he dicho suelen ser habituales de las que desearía cualquier diseñador y cliente, pienso en la locura que supone que un diseñador industrial no trabaje sometido a una estricta metodología de diseño industrial. Que riesgo tan absurdo. No puede concebirse, con todo lo que nos jugamos en un proyecto; inversiones, ilusiones, esfuerzo, trabajo, prestigio, confianza, etc… que el diseño industrial pueda ser desarrollado con la más mínima anarquía proyectual y/o metodológica.

Y es que a pesar de tenerlo todo aparentemente controlado debemos considerar que en el proceso de desarrollo de cualquier producto intervienen siempre multiples profesionales y proveedores por lo que es muy probable que uno de ellos, quizás por simple propia comodidad, modifique alguna cuestión provocando algún tipo de desajuste.
Un proyecto de diseño industrial es como un reloj que se compone de muchas piezas que deben estar finamente ajustadas y engrasadas. Cuando una de las ruedecillas se desplaza levemente siempre se altera la hora.

Pero no hagamos sufrir de forma innecesaría a los recién llegados al mundo del diseño. Los cambios en diseño industrial son muy normales, siempre que estén controlados, claro. Debemos entender que seguramente un proveedor o cualquier otro profesional que interviene en el proyecto, no solo no contempla el conjunto en su totalidad sino que además tiene una capacidad autónoma y unos conocimientos que le permiten tomar también decisiones. Y las suele tomar. Y muchas veces no se informa provocando con posterioridad las citadas revisiones.
Por si fuera poco muchas veces ciertos profesionales solo intervienen de forma parcial por lo que ni tan siquiera conocen la funcionalidad del objeto en su conjunto y/o lo que se pretende con él, perdiendo muchas veces la noción de lo que es o no importante y/u obligado para el proyecto.

Con todo esto no quiero decir que la culpa sea siempre de los proveedores o de los demás participantes. No quiero con esta reflexión excusar a los diseñadores industriales. Son muchas las veces, aunque trabajemos lo más rigurosamente posible, que cometemos errores o nos dejamos alguna revisión. Pienso que el proceso completo de diseño industrial se realiza siempre a partir de equipos así que entiendo que un fallo es siempre responsabilidad de todos.
Otras muchas veces es simplemente la contracción inesperada de un material, una deformación estructural que no ha podido preverse o cualquier otro aspecto sobre el que no hemos tenido forma humana de anteponernos.

En definitiva decir que confluyen muchos profesionales, tecnologías, procesos y aspectos en el desarrollo y fabricación de un producto y que es habitual que siempre haya que tocar alguna cosa más cuando parece estar todo cerrado.
Por todo ello es necesario saltar a otra esfera de diseño más general y sería bueno familiarizarse con la Gestión del Diseño Industrial que nos permitirá además de tener controlados todos los aspectos relacionados de forma general con el producto (inversiones, vida, sostenibilidad, impacto, economía, ...) también minimizar al máximo los errores desde un punto de vista más técnico.

La aparición de modificaciones muy avanzado el proceso de diseño industrial y de producción del producto nos muestra lo importante que es trabajar siempre con mucho rigor y bajo la pauta de una metodología de diseño que nos permita licuar todos los errores posibles de forma prevía. Por lo menos aquellos considerados como graves y/o críticos.

Agosto 2011