¿Cual es el Diseño Industrial que prefieren los diseñadores industriales?

Mucha gente me dice que es una suerte poder trabajar en una profesión en la que puedes hacer las cosas a tu gusto. Creen que los diseñadores proyectamos un entorno artificial ajustado a nuestros gustos y deseos personales. En definitiva que diseñamos para nosotros mismos. Para adecuar nuestro contexto íntimo cotidiano.
Aunque en realidad, suelo siempre aclararles, es todo lo contrario. Somos simplemente mediadores.
Los diseñadores industriales, por lo menos muchos y yo mismo me incluyo, seguimos una dinámica en la que solemos diseñar objetos que en la mayoría de los casos poco tienen que ver nosotros en un sentido subjetivo y/o emocional directo.
No solemos diseñar bajo el parámetro de nuestro gusto personal sino que nuestro deber habitual es el dar solución a productos que han de ceñirse a las necesidades concretas de nuestros clientes donde los gustos, a su vez, también responden al gusto de sus clientes, al de sus usuarios y a la demanda de un mercado muy preciso.

Entonces, ¿el diseñador industrial convertido en usuario que diseño industrial prefiere?, ¿Qué productos u objetos compra y porqué?, ¿El diseñador es diferente a un usuario común?.
Podemos imaginar que cada cual, de forma personal, se identificará seguramente con unos u otros objetos en función de muy variadas razones si bien es cierto que como profesionales del diseño no podemos escapar a nuestra propia deformación profesional y seguro que valoramos ciertas piezas por encima de otras.
Posiblemente si, muchos diseñadores, coincidiremos en la misma elección y selección de nuestras piezas preferidas.

Estoy convencido de que algunos se sorprenderían de las respuestas si pudiéramos preguntar a todos los diseñadores que objetos prefieren porque con casi toda seguridad seleccionarían objetos que no responderían al sentir general del mercado. Probablemente serían piezas, por lo menos en mi caso es así, que no tendrían nada que ver con todas aquellas piezas idolatradas por unos usuarios comunes alejados profesionalmente del diseño industrial.

Cada vez más valoro las soluciones sencillas. Todas aquellas que parecen obvias pero que ocultan tras de si un complejo proceso de análisis y un enorme esfuerzo y trabajo. Valoro por encima de todo un diseño industrial sincero, exento de cualquier aportación arbitraria o superflua. Pienso que todo aquello que se puede quitar es prescindible y proviene de un análisis de diseño industrial poco riguroso.
Así que mis preferencias actuales responden a un diseño alejado del gusto de los usuarios comunes que prefieren, por norma general, las formas atractivas y los "diseños" más vistosos.

Puede decirse que los usuarios quieren que el diseño parezca diseño pero los profesionales deseamos en realidad todo lo contrario.

El gusto no es innato. Hablo del gusto entendido como la capacidad de comprender las cosas que observamos. Fruto de esa comprensión nace el deseo de mantener una relación con ese entorno artificial. Disfrutamos rodeados de objetos que entendemos. Nos gusta.
Es innegable que este tipo de gusto se aprende y que ser diseñador industrial pasa por la obligación de adquirir este gusto. Aprendemos a valorar una determinada solución por la limpieza en su planteamiento. Por su efectividad y su universalidad. Aprendemos poco a poco a mirar de una determinada manera que nos permite ver el proceso previo y la intención en el producto que observamos. Descubrimos durante esta formación del gusto que los objetos nos dicen muchas cosas más allá de su presencia más inmediata.
Adiestramos nuestro gusto, como se adiestra el olfato, a partir de adquirir cultura, bagaje y entender ciertas referencias. Este proceso de aprendizaje constante modifica nuestro propio criterio y nuestro gusto a lo largo de nuestra vida.
Dado que esta necesidad no la tienen los usuarios “comunes” sus preferencias de diseño suelen mantenerse más fieles a lo largo del tiempo. Los profesionales en cambio admitimos la evolución en el criterio de selección de nuestro entorno artificial.
Quizás por esta razón cuando estudiaba diseño industrial los productos de ciertas grandes firmas, que todos conocemos, me embaucaban y me atrapaban. Me gustaba contemplarlos, tocarlos y soñar con un espacio donde esos objetos estuvieran presente. En parte organizaba mi felicidad espiritual en base a ese presunto contexto perfecto lleno de objetos “de diseño”.

Hoy, unos años después, convertido en profesional del diseño industrial, esas mismas firmas, basadas principal y exclusivamente en el formalismo, es decir que trabajan bajo la estrategia única de la creación de objetos vistosos y llamativos, ya no solo no me atraen en absoluto sino que además siento que no tienen nada que ver conmigo ni como usuario (que ha adquirido cierto gusto) ni profesional. Hoy me saturan porque no logran sorprenderme con sus nuevos productos y lanzamientos. Son productos basados en lo mismo que los anteriores.

Ahora encuentro que todos esos utensilios de cocina de mangos no ergonómicos, esos abridores con formas punzantes, los cubiertos de forma “humanoide” que no usamos, esos recipientes que no optimizan el espacio y todos esos objetos que normalmente funcionan muy mal pero que son tan “divertidos”, coloristas, atractivos y que acaban convertidos en meros objetos de decoración no tienen mucho sentido desde un punto de vista del diseño industrial más estricto.
Es cierto, y lo debemos de reconocer, que son objetos de culto para muchos usuarios que entienden que son realmente la representación del diseño industrial.
También pienso que si esos mismos usuarios analizaran con sinceridad la relación que tienen con sus objetos más cotidianos descubrirían que para las funciones más habituales utilizan realmente otros objetos y productos más eficientes, que aunque seguramente menos llamativos no podrán dudar que son mucho más eficaces.
Para poner un ejemplo típico podemos decir que muchos de nosotros tenemos el famoso exprimidor Juicy Salif del gran maestro Philippe Starck pero seguimos haciendo los zumos con el excepcional exprimidor Citromatic de Braun, vamos el de toda la vida.

Quizás porque ahora como profesional entiendo que son productos complicados. Complicados que no complejos y que solo buscan la forma por la forma sin ninguna justificación de proyecto ya no me apasionan ni me cautiban. Y es que en muchos objetos de culto no hay nada más allá de lo que se ve y eso es realmente muy pobre. Las colecciones se suceden una tras otra aportando tan solo monotonía.

Cómo dijo alguien, personalmente prefiero el diseño que parece no ser diseño.

Agosto 2011