Crítica abierta al diseño industrial desde el más mordaz de los dibujantes de opinión

El pasado día 26 de Julio de 2011 El Roto nos deleitaba como es habitual con una excepcional viñeta y su crítica correspondiente. En este caso lo particular y sorprendente es que podríamos decir que se aludía al diseño industrial. Seguramente esta no era la intención principal del autor, pero en su mensaje y en su trasfondo, nos podemos sentir muy cercanos e implicados todos los diseñadores industriales.

Parece que la crítica al diseño, a los mercados y a una economía “basura” se generaliza y esto está muy bien porque empieza a calar en la sociedad permitiendo plantear y abrir con naturalidad nuevos caminos con el fin de cambiar las cosas.

Esta magistral y directa alusión pública que El Roto lanza hacía nuestras dinámicas viene a constatar el duro cuestionamiento, totalmente justo y merecido, que se está realizando últimamente hacía un diseño industrial de “artificio”. Un diseño que se ha generalizado y establecido en los mercados en las últimas décadas. Un diseño que está basado principalmente en el “usar y tirar” y el despilfarro. Un diseño de dudosa calidad que incide y que ha incidido en la sociedad y en el planeta de forma negativa. Un diseño que es parte implicada en unos procedimientos que ya no se sostienen y que claman nuevas etapas.

“Haced productos que duren y no tendremos que reciclar”. Se puede decir más alto pero no más claro, ¿verdad?.
Y más allá de lo explícito la evidencia de que nos hemos instalado en una situación en la que preferimos asumir el coste (material, económico e incluso emocional) del problema antes que evitarlo.
Así la sostenibilidad, el reciclaje, las políticas medioambientales, o mejor dicho el gasto de su implantación, no es más que el pago de nuestra incompetencia, o lo que es peor, el tributo de nuestra pasividad ante los problemas.

Pero ciñéndonos exclusivamente en la durabilidad, que es una cualidad que el diseño industrial puede controlar, podría matizarse que a veces el problema no lo es tanto sobre la durabilidad material del propio producto sino que es la caducidad impuesta por el mercado lo que provoca que ese bien de consumo, aun útil, esté sentenciado a muerte.

Venimos viviendo desde hace unos años en un mundo superficial de poca profundidad, un mundo de sucedáneos y de escaparates. Algunos somos plenamente conscientes de ello pero otros muchos viven aun inmersos en la mentira, aunque poco a poco afortunadamente, van abriendo los ojos a partir de este reiterado cuestionamiento "en abierto" del sistema.

No cabe duda de que las personas, hartas de espejismos y desencantos, estamos cada día más concienciadas en la búsqueda de la autenticidad. Un concepto que será seguramente el pilar central de la nueva estructura de las sociedades y los mercados. Una filosofía de vida que afectará al diseño industrial y los productos. Buscará aplicar y encontrar lo auténtico y lo veraz en todo aquello que emprendamos y hagamos. Se darán entonces actuaciones mucho más humildes, sinceras y consecuentes.

Todos los que nos dedicamos al diseño industrial, por lo menos de la forma más rigurosa que podemos y sabemos, derivamos siempre todos los esfuerzos posibles hacer productos durables. Es más, es uno de nuestros mayores deseos porque le da vigencia “perpetua” a nuestro diseño y a nuestro trabajo. Pero esa durabilidad no es tarea fácil de conseguir precisamente porque la dinámica de los mercados, que dictan productos más efímeros, influye mucho en este aspecto.

La durabilidad está estrechamente relacionada con el concepto de atemporalidad. Lograr un producto atemporal que se mantenga vigente más allá de las últimas innovaciones, los nuevos usos y las nuevas funciones, no es fácil en según que tipo de sectores y/o tipologías pero no es la barrera más alta que debemos sortear los profesionales que nos dedicamos al diseño. Existen multitud de ejemplos que nos demuestran que es totalmente factible.
Realmente la atemporalidad es difícil de implantar por el funcionamiento mismo de los mercados actuales, regidos por la moda o la temporalidad. Indudablemente el concepto “moda” funciona estupendamente para muchas otras disciplinas pero no así para el diseño industrial. En este sentido, el error más grave ha sido dejar gestionar libremente estas cuestiones a unos mercados que se han aprovechado de estas posibilidades para acercarlas a sus intenciones. Han marcando así sus propias reglas. Bajo el amparo de estas normas todo lo que se hace debe venderse rápidamente, siendo conscientes que quedará totalmente obsoleto de forma obligada a partir del nacimiento de otras nuevas referencias que oxigenan el mercado. Estas a su vez tienen la caducidad también establecida y así se van sucediendo las secuencias infinitas de una obsolescencia anunciada. A partir de ahí, sumándole la variable de unos productos que han sido mal diseñados y no se ha pensado de forma sostenible, tenemos la ecuación que nos da como resultado el daño realizado al medioambiente y el cúmulo absurdo de los residuos del mercado.

Pero al margen de los mercados y su uso interesado, es de rigor volver a decir que la disciplina siempre ha pautado que un buen profesional, y por extensión un buen diseño industrial, ha de contemplar siempre esta máxima (la durabilidad) que nos anuncia El Roto. Así que lo único que debemos hacer, que no es tarea fácil, es darle la vuelta a la tortilla, como comúnmente suele decirse, y entender que debe ser nuevamente el diseño industrial el que ha de marcar las pautas de los mercados mediante productos consecuentes, durables y atemporales.

Hagamos un sencillísimo ejercicio de reflexión. Nadie tiraría una silla Wassily, una silla Barcelona o una lámpara de Milà por citar algunas, ¿verdad?. ¿Que necesidad hay de deshacerse de este tipo de productos?. La gran mayoría no lo haría (si no jugara una baza importantísima el citado engaño de los mercados con sus políticas del cambio por el cambio y la actualización constante) porque seguramente a partir de un buen mantenimiento estos productos se han podido conservar hasta hoy en perfecto estado. Son aun totalmente servibles pese al avance de la tecnología y las sociedades y su función práctica está tan bien resuelta que hoy día sigue vigente, incluso mejor que muchos productos análogos más recientes.
En cuanto a la estética de estos productos atemporales es lógico pensar que siempre están y van con los tiempos así que no desentonan en cualquier tipo de contexto donde los coloquemos. Quizás lo más paradójico es que lo que realmente desentona son los contextos en si mismos, llenos de productos efímeros y objetos sin sentido tocados por la mano de la obsolescencia.

Otro tema pendiente, del que no hablaré ahora pero que es vital para mitigar la situación a la que hemos llegado, es la gestión postventa que deberían incorporar las empresas. Debemos también hacerlas responsables de sus productos. Podemos aceptar ciclos de vida del producto más cortos, nadie dice lo contrario, pero deberían ponerse medios para minimizar el impacto en todos los sentidos. Aquí diseñadores, empresas, mercados y usuarios debemos apostar en serio por una política nueva sobre diseño, producción, vida de los productos y gestión muy diferentes a las actuales. Todo es posible pero dentro de un marco organizado de otra manera.

En definitiva los buenos ejemplos de diseño industrial, el buen diseño, son siempre como he reiterado otras muchas veces, en esencia totalmente sostenibles así que solo hace falta, para empezar, trabajar lo mejor posible.

La viñeta nos hace entender de forma clara que los diseñadores industriales somos responsables de nuestro pésimo trabajo. Una labor que no podemos justificar, evadiéndonos de la culpa, por una presunta esclavización total a estos mercados permisivos y sin escrúpulos. No obstante la responsabilidad real si que la debemos repartir y compartir un poco entre todos porque el fallo es de tipo estructural y existe porque, en parte, todos lo toleramos y estamos implicados en su funcionamiento. Será también el esfuerzo de todos lo que nos permitirá salir de la situación.

Reconozco que hablo muchas veces de la sostenibilidad y que he repetido desde aquí en otras ocasiones que es un concepto implícito en el diseño industrial pero que, por desgracia para todos y en especial para el propio diseño industrial, hoy día se utiliza como un elemento mercantilista que busca intereses más allá de una consciencia real de respeto y/o preocupación. No lo permitamos.
Delante de esta insinuación, o mejor dicho ante esta obviedad, que nos presenta el Roto solo podemos aplaudir. Aplaudir y esperar que esto, hoy un poco más "vox populi", sume un punto más a este desencanto de los mercados vs los productos que se plantean acercándonos con ello al cambio que todos esperamos.

Julio 2011