La diversidad del diseño industrial y la oportunidad de un aprendizaje continúo

Creo que una de las cuestiones que hacen que el diseño industrial sea una disciplina enriquecedora a nivel personal, al margen de la pasión que te inyecta y del privilegio que supone estar al inicio en el desarrollo de productos que pretenden hacer más fácil la vida de las personas, es sin lugar a dudas la oportunidad que nos brinda de aprender constantemente cosas sobre los temas más diversos e inverosímiles y en el hecho de poder estar inmersos en entornos innovadores donde la idea de un “mundo mejor” es posible.

Cuando nos embarcamos en un proyecto de diseño industrial muy posiblemente (en función de la experiencia) poco conocemos del sector, la tipología y sus particularidades por lo que debemos sumergirnos en la búsqueda de información al respecto adquiriendo, como es lógico, un gran cúmulo de nuevos conocimientos. Por si fuera poco tenemos que adaptarnos a un mundo que evoluciona de forma constante estando también obligados, si queremos ofrecer cada día el mejor nivel, a un continúo reciclaje incluso en aquellas temáticas que ya conocíamos o dábamos por sabidas.

Como encargados del planteamiento de nuevas soluciones artificiales debemos conocer lo más exhaustivamente posible todo lo que significan y significarán los proyectos; a nivel técnico, niveles de contexto y entorno, función, usos, tecnologías, economía, mercados, etc… Así que los conocimientos adquiridos suelen ser bastante profundos acentuando más, si cabe, esta formación.

Revisando de forma general los temas abiertos que un diseñador tiene normalmente sobre la mesa puede advertirse de forma clara la riqueza de esta variedad de la que hablamos y a la que estamos sometidos los diseñadores industriales.
Personalmente descubro, a partir de esta revisión, como he crecido “intelectual y personalmente” y hoy puedo decir orgulloso que el diseño industrial me ha permitido conocer muchas más cosas de las que nunca imaginé y que comprendo un poco mejor el mundo en el que vivimos, que no es poco.

Así que ser diseñador industrial, imagino que como otras muchas profesiones, implica y significa estar siempre estudiando y formándose, estar abierto al conocimiento en una especie de alerta perpétua.
Teniendo todo esto en cuenta pienso que lo difícil en su día no fue titularse en diseño industrial o ser un diseñador “como tal”, sino que quizás en realidad lo más difícil haya sido ejercer como diseñador industrial a un nivel “aceptable” porque esta cuestión no depende tanto de nuestras actitudes sino que en esta profesión influyen mucho más nuestras aptitudes que nos exigen, y con las que debemos firmar, este compromiso diario.

Es cierto que también el diseñador industrial está sometido a mucha presión, no nos engañemos, no todo es siempre tan dulce como parece sino que también hay problemas que nos provocan enormes preocupaciones, aunque imagino que el mundo del diseño no es diferente en estas cuestiones al de otros ámbitos, así que me quedo con el diseño industrial porque su parte positiva compensa con creces los posibles pasajes amargos de la profesión.

Junio 2011