Diseño Industrial: 5 minutos y 5 meses

Hace unos días, una charla en twitter con otros colegas diseñadores evocó en mí un recuerdo muy preciso de mi época como estudiante de diseño industrial. Y aunque aun no se muy bien porqué tuve esa visión, ya que el tema de conversación no tenía mucho que ver de forma directa, recordé una vivencia que siempre ha tenido para mi cierto valor como profesional y que me ha permitido entender un poco mejor el diseño industrial. Permitirme que hoy os haga partícipe de ella aunque no deje se ser simplemente una anécdota.

Un profesor que tuve, (digamos que R.M.) del que aprendí mucho más de lo que él mismo nunca se podrá llegar a imaginar, nos dijo una vez en clase de metodología:

-“Viniendo hace tiempo en tren a Barcelona de la Feria de Valencia con un grupo de estudiantes de diseño, uno de ellos abocetó rápidamente una lámpara. Hoy la lámpara está fabricada y se vende en Vinçon. (santuario del diseño cuando eres estudiante).

-“Y es que si no eres capaz de diseñar una lámpara o una silla en 5 minutos es que no sabes diseñar.” Concluyó.

Y se quedó tan ancho logrando desmontar hasta al más avanzado de sus alumnos.

Este tipo de afirmaciones, provenientes del profesorado a los estudiantes, le pueden hacer a uno -de entrada- plantearse muchas cosas, como por ejemplo su propia valía y/o vocación.
La verdad es que esa tarde pocos entendimos la lapidaría frase y los tres años de diseño que aun nos quedaban por delante se nos antojaban ahora excesivamente largos en base al poco tiempo y escaso esfuerzo, que presumiblemente, se precisaba para ejercer la profesión de diseñador industrial.

Después de haber estudiado tanta teoría, técnicas de dibujo y pensamiento crítico. Después de haber reflexionado tanto, realizado proyectos y adquirir los establecidos conocimientos académicos, lo único que aligeraba el peso de aquella puya era que por lo menos -bien mirado y desde ese enfoque- si que parecía una profesión muy rentable. Pero lógicamente estábamos muy equivocados porque no iban por ahí los tiros. En aquel momento la mayoría no logramos contextualizar la frase.

Finalmente las clases y los cursos se sucedieron y me gradué teniendo oportunidad de comenzar a trabajar como diseñador industrial, profesión que he ejercido hasta el día de hoy. Pero esa frase caló en mí y siempre me acompañó de alguna u otra manera.

No habiéndola olvidado, con los años y el desempeño de mi profesión como diseñador industrial, si que he logrado descifrar lo que esa afirmación ocultaba. Creo que ese día nuestro profesor R.M., diseñador en activo (condición indispensable para ser un buen docente de diseño), deseaba hablarnos de los tiempos que se establecen en los proyectos. Al fin y al cabo era nuestro profesor de proyectos y de metodología de diseño, ¿De que otra cosa esperábamos que nos hablara?.

Y es que pensándolo bien, las buenas ideas, o simplemente las ideas ¿Qué nos suponen en realidad? ¿Uno, cinco, dos minutos...?

Analicemos sintéticamente como recibimos y abordamos un encargo y descubriremos que tras recoger el pliego de condicionantes (briefing) estudiamos el sector, la competencia y otras referencias con las que empezamos a trazar mentalmente la línea conceptual de nuestro proyecto.
Tras tener toda esta información macerando en nuestra cabeza y tras un tiempo de maduración mental e intelectual un día aparecen las ideas y nos ponemos a dibujar de forma automática a una velocidad que permite realmente poca reflexión. Y tan solo en unos minutos, posiblemente no más de cinco, tenemos definido aunque sea a grandes rasgos, lo que será en realidad el proyecto. Y esos primeros dibujos, las primeras ideas, las más frescas, las más rápidas son normalmente las que perduran y las que se seleccionarán con casi toda probabilidad para dar solución al problema. Así que ahí están posiblemente los 5 minutos a los que se refería mi profesor aquella calurosa tarde.

Él no nos habló del tiempo anterior que aquel estudiante del ejemplo dedicó a introducir información en su cerebro. Ni del tiempo posterior que dedicó seguramente a desarrollar ese boceto, así que indudablemente esa frase tenía mucha trampa pero no era infundada. Seguramente tardamos no más de 5 minutos en “diseñar” un proyecto por complejo que pueda ser.
Pero esto, que tampoco es fácil, no es posible sin una rigurosa metodología de diseño industrial que te permita llegar a ese punto.

La semana pasada cerramos en el estudio un importante proyecto de diseño industrial para una conocida marca de menaje. Un proyecto con un resultado aparentemente muy sencillo y obvio pero que oculta en realidad un complejo proceso de análisis y síntesis.
El proyecto lo iniciamos en noviembre de 2010 y quedó definido muy rápidamente dentro de las primeras semanas pero hemos necesitado 5 meses para que aquellas ideas que trazamos a lápiz sobre un folio en tan solo unos minutos hoy puedan entrar en producción. Cinco meses de duro trabajo dedicados a considerar y seleccionar tecnologías, ajustar las piezas a fabricación, solucionar ensamblajes y cierres, estudiar funciones, ergonomía, usos, … Y un tiempo más hasta que puedan ver la luz.

Así que desde que empecé a ejercer como diseñador industrial, ahora ya hace algunos años, entendí que sí. Que posiblemente si no sabes diseñar una silla en 5 minutos es que no sabes diseñar.
Y toma sentido esa parábola con la que una tarde concluyó la clase nuestro profesor y que nos mostraba claramente que la metodología es vital para poder diseñar y que sin ella nunca podremos fomentar y/o propiciar ese mágico instante en que se generan las ideas.

Todo esto demuestra que el diseño, aunque la mayoría de profanos lo reduzcan al dibujo, los prototipos o el 3D, es sustancialmente proceso, proceso y proceso.

Para diseñar un objeto se precisan solamente 5 minutos… 5 minutos y 5 meses… y no olvidemos un proceso previo de análisis y un tiempo posterior de verificaciones. Añadiría yo hoy a la afirmación de mi profesor.

Abril de 2011