El cliente y el Diseño Industrial. Su gestión para el mayor éxito posible

En la reflexión que el diseñador Oyer Corazón hacía en RNE al respecto de los clientes de diseño se advertía la importancia que estos tienen durante el proceso de diseño y lo que llegan a incidir en el éxito de los proyectos. Y no puedo estar más de acuerdo.

Soy de los que piensan, aunque más bien es una profunda convicción y una obligada condición para mi propio trabajo, que sin un cliente y sin un encargo detrás el diseño industrial NO existe como tal. Muchos somos lo que pensamos en este sentido y no entiendo como no empezamos a comportarnos de forma más rigurosa y todo lo mal-nombrado “diseño industrial” que se genera al margen de esta simple ecuación (cliente + encargo= Proyecto) empezamos a re-nombrarlo o por lo menos re-ubicarlo donde corresponda. De otra forma, seguiremos provocando confusiones que desmerecerán gran parte de las aproximaciones teóricas que hemos hecho - y hacemos- sobre nuestra disciplina.
Por desgracia para nuestro sector, tenemos cierta tendencia a vaticinar el futuro a partir de un presente que realmente no existe. Y realizamos pronósticos generados a partir de presuntos proyectos que en realidad no dejan de ser futuribles, fuegos de artificio o simples ejercicios artísticos. En mi opinión, trabajar al margen de esta simple regla nos permite facilmente caer en la más absoluta subjetividad. Y eso en diseño no suele ser nada bueno.

Pero retomando el tema que abría la reflexión podemos entender que el cliente es una pieza clave en todo el proceso de diseño industrial. Así que será también parte fundamental de la gestión de diseño que realizamos durante el proyecto y es, por esta razón, sumamente importante tenerlo en cuenta. Él es el conocedor de su propio mercado y el que mejor reconoce las necesidades de sus propios clientes (y usuarios) aunque no sepa muchas veces como materializarlas y/o llevarlas a cabo. De ahí que recurra a profesionales del diseño industrial, entre otras disciplinas. No cabe decir que el hecho de que una empresa recurra al diseño industrial no significa que no sepa lo que quiere, nada más lejos y normalmente suele ser al revés. Quiero dejarlo bien anotado porque muchas veces confundimos la falta de definición de una necesidad con la ignorancia sobre la misma.

Por este motivo el criterio del cliente y su participación de forma total, parcial o puntual en el proceso de diseño, es y será vital para el éxito mismo del proyecto. Abrámosle las puertas de este proceso de forma natural y sin complejos porque ganaremos seguramente en todos los sentidos. Unas veces sus indicaciones serán válidas y eso nos permitirá asumir con garantías ciertas decisiones y/o no derivar esfuerzos inútiles en asuntos imprescindibles. En otras ocasiones, en cambio, el cliente no tendrá tanta claridad o restringirá en exceso las capacidades de la propuesta de diseño pero aun así todas sus opiniones y/o juicios de valor siempre nos permitirán ofrecer nuevos, alternativos y diferenciados puntos de vista que nacerán precisamente desde esa confrontación positiva de las ideas entre cliente y diseñador.

Así que, sean acertadas o no las recomendaciones y opiniones de nuestros clientes, creo que son fundamentales para lograr el mejor desarrollo de los proyectos.

Imagino que todos tendremos una opinión muy diversa sobre los clientes pero no es el momento de entrar en puntualizaciones personales por lo que no hablaré de las veces que los sufrimos también porque eso, como otras tantas cosas, es el “pan nuestro de cada día” como profesionales. Pese a todo creo que debemos siempre estar del lado de los clientes porque, citando literalmente a Oyer: "Sin cliente no hay tu tía, no hay proyecto".

Como diseñadores no debemos pretender saberlo todo. Bajo esta humildad la comunicación y el contraste constante de ideas entre ambas partes enriquecerá siempre el proceso de diseño y nos hará aprender durante su recorrido. Por lo menos esa ha sido siempre mi experiencia.
No negaré tampoco que haciendo partícipe a los clientes en los proyectos de forma excesivamente dinámica corremos el riesgo de tener que realizar un sobre-esfuerzo porque pedirán, muy seguramente y de forma constante, cambios y reinterpretaciones. No obstante, es un camino totalmente enriquecedor que, si se me permite, aconsejo seguir a todos los diseñadores. Eso si, bien gestionado.

Todos coincidiremos como profesionales en que el mejor cliente es el que sabe escrupulosamente lo que quiere y pienso que normalmente la mayoría lo sabe aunque en ocasiones debemos posibilitar que se expliquen. O aprendamos a extraérselo porque si no adquirimos esa capacidad navegaremos entre la bruma de la indecisión y la arbitrariedad durante todo el proceso de diseño industrial y esto no hará más que llevarnos a las rocas una y otra vez.

Un buen cliente saca siempre lo mejor que llevamos dentro como diseñadores.

Este articulo se generó para el blog de la revista Experimenta pero lo incorporo aquí por si vienes desde otros sitios.

Abril de 2011