3 rasgos del diseño industrial

El camino que nos lleva a una solución de diseño no es nunca lineal. Todos los problemas que nos encontramos a lo largo del proceso de diseño dependen, no solo del propio diseñador sino de una serie de variables –que se atojan vivas- que suelen ir cambiando a medida que se toman, todas y cada una de las decisiones de proyecto.
De esta forma, al iniciar un proyecto sabemos donde queremos llegar pero la senda que nos ha de llevar hasta esa colina imaginada se nos presenta solo a cada paso. Y cada camino de diseño que emprendemos es nuevo. Nunca mejor dicho; empezamos desde una página en blanco.

Los diseñadores sabemos, como pocos, trabajar bajo la presión insoportable de la incertidumbre confiando en que todo, como dijo alguien, tiene solución. Al final los proyectos salen. Luego, cuando es el resultado el que toma plenamente la exclusiva ya no hay forma de que los análisis y las opiniones externas se formalicen desde puntos anteriores a esta presencia material. El diseño, como realidad física, acaba convertido en una línea en la que, a un lado está su diseñador y al otro, todos los demás.
Todo juicio emitido por terceros, con mayor o menor profundidad e intención, surge de una realidad que parece dibujar el camino que presuntamente alguien ha recorrido aunque es un trazado engañosamente claro. Y es que; dos diseñadores sometidos a la misma variable ofrecerán dos soluciones distintas y éstas, a su vez, nos ofrecerán nuevas bifurcaciones que, a la fin, separarán abismalmente ambos resultados.

Si logramos desentrañar esta complejidad, lograremos entender tres cuestiones o rasgos que no son, por lo menos para mi, menores en el diseño industrial.
Uno es que a pesar de la concepción esférica que muchos tenemos, en el mejor de los casos, del proceso proyectual del diseño, el sentido hacía toda solución es unidireccional y se recorre siempre desde la incertidumbre hasta la realidad.
La segunda, ligada estrechamente a este recorrido único, es que acertar con el análisis inverso de la realidad que otros diseñadores expresan es meramente imposible.
Y la tercera y última, es que los resultados de diseño exclusivamente pueden, por estas razones, valorarse desde dos únicos enfoques; por un lado los emocionales y por ello subjetivos y sin contrarréplica y por el otro los estrictamente pragmáticos, en los que la función y las necesidades que satisface el resultado son básicos.

Este breve razonamiento, no solo es interesante por la enumeración de estos tres rasgos intrínsecos al diseño que tira por el suelo la mayoría de opniones de todos los charlatanes y "sabelotodo" del diseño sino sobre todo porque traslada toda la importancia –y toda la responsabilidad- de los resultados del diseño exclusivamente a la parcela individual, particular e irremplazable de cada uno de los diseñadores. En este sentido, el diseño deja de ser una cuestión de magnitudes, de acierto y/o de efectividad.

Diciembre 2017