Por mucho que te empeñes no serás Magistretti.

Todos los diseñadores tenemos nuestros propios ídolos. Profesionales, normalmente en tiempo pasado pero muy presentes, que nos cautivan y avivan en nosotros el amor y la pasión que sentimos por el diseño industrial. Cumplen así su auténtico y estricto papel aunque, inconscientes de nosotros, algunos quieren ir un poco más lejos.
El trabajo de estos icónos es el espejo que miramos cada día pero lamentablemente la inmensa mayoría no traspasaremos este dintel de sueños y, por mucho que nos esforcemos, no lograremos acercarnos a ellos ni a sus resultados. Se me antoja que la cultura del esfuerzo que tanto nos venden–por lo menos en nuestro sector- es un invento promovido por los que no pierden la esperanza.

Unos no llegaran a sustituir jamás a sus maestros simplemente porque no han acabado de entender, por mucho que hayan mirado, de que va esto del diseño y otros muchos nos quedaremos en este camino eterno hacia la luz porque no presentamos las capacidades que todas estas referencias han explotado y explorado. O simplemente la suerte, que en diseño es tan importante y trasciende al trabajo, no nos acompañará.

Aceptado el hecho de que no seremos Magistretti, lo mejor es que cada diseñador busque su propio camino con las herramientas con las que el diseño industrial les ha dotado. A la fin, no se trata de ser otro sino nosotros mismos. Quizás así acabemos con la paradójica monotonía –mediocridad- que vive nuestro sector y que no deja de ser el refrito y el reflejo constante del trabajo de unos pocos (muy pocos) versionado por otros muchos.

Así que ya lo sabemos; siendo nosotros mismos como diseñadores, algo totalmente compatible con la "adoración contenida" a terceros, no sabemos si mañana acabaremos convertidos en referencia para otros pero si que es mucho más probable que nuestro trabajo genere más interés... Y quizás la suerte nos acompañe.

Abril 2017