Un diseño industrial de más a menos

Hoy me ha llegado oficialmente el comunicado en el que Vinçon anuncia su cierre definitivo.

Nunca es una buena noticia que una empresa cierre para siempre. Ni ésta ni ninguna. Y no lo es principalmente por el drama humano que suele representar para sus trabajadores e incluso para sus dueños aunque estos últimos suelen quedar en mejor posición. Tampoco lo es desde un punto de vista social puesto que se pierde una fiscalidad y un patrimonio del que nos beneficiábamos todos de una manera u otra.

Además Vinçon no era una tienda cualquiera. Sobre todo para algunos diseñadores. De hecho operaba también como editora o por lo menos ejercía de padrino de algunos proyectos y era capaz, en esta faceta, de encumbrar piezas de ese diseño que tanto gusta en las esferas oficiales de nuestro sector.
No obstante, con el tiempo otros diseñadores también llegamos a entender que Vinçon solo representaba a un tipo de “diseño” y que la generalización que ejercía, muchas veces con cierta arrogancia, de su propia visión del diseño menospreciaba, en cierto modo, a otra gran parte del diseño. Un diseño industrial en el que creemos otros muchos diseñadores y sobre el que se sustenta gran parte de un tejido industrial y empresarial vital para el país.

En su última misiva abierta podemos leer:

“Los objetos de buen diseño contemporáneo, aquellos mayoritariamente fabricados en la Unión Europea y que son la base de nuestra colección, quedan mal ubicados entre los de lujo y los que están fabricados en el extremo oriente.”

Y así, sin pudor, nos lanza su última máxima dejándonos entrever claramente esa visión divina que lo alejó de muchos diseñadores y usuarios. Y es que habría que puntualizar que entre esos dos puntos, en los que Vinçon reconoce que se ubicaba, existe todo un universo de objetos también muy bien diseñados por infinidad de PYMES catalanas, españolas y europeas a precios algo “más normales" y asequibles. Productos de mercado que componen nuestra auténtica cotidianidad y que nos hacen la vida mucho más fácil y cómoda. Objetos humildes a los que se les ha dado la espalda desde este tipo de templos del diseño.
De esta forma, el problema no está en otros lugares más que en la concepción del diseño por la que se apueste.

Cabría empezar a reconocer, para no llegar otra vez tarde, que existe un "diseño" que presenta un enorme valor especulativo que, alientado por lobbys, es ya insostenible y empieza a ser historia. Una dinámica que ya no es soportable, no solo por una clase media en apuros sino que lo empieza a ser también por aquellos que tienen un mínimo sentido del valor de las cosas.

Vinçon tuvo durante mucho tiempo el viento a su favor; desde la adoración de nuestras escuelas de diseño y sus estudiantes hasta el beneplácito de la prensa especializada y nuestras asociaciones. No quiero decir que su éxito no fue merecido pero por desgracia otras muchas empresas e iniciativas tienen que sobrevivir en mercados muchos más duros sin este empuje y cuando cierran nadie les consuela quedando para siempre en el olvido. Hoy creo que también merecen nuestro pensamiento, sobre todo como diseñadores.

A pesar de todo, se echará en falta, claro que sí. Es indudable que perdemos, al margen de la crítica de diseño que pueda ejercerse, parte del patrimonio cultural de la ciudad y parte de nuestra identidad. Porque al final lo de menos, en realidad, ya era el diseño en ese punto del Paseo de Gracia de Barcelona.

Junio 2015