El Spam del diseño

Abro un mail, es SPAM. 100 euros por el diseño y programación de una página web. En ocasiones te llega hasta una tarifa detallada para el diseño gráfico de logotipos Lowcost y de todas sus aplicaciones; tarjetas, flayers, dípticos... Si hasta te los envían a casa. La horquilla de precios es irrisoria.

A veces incluso el mail es de un colega. Un diseñador industrial que te envía sus propuestas. ¿Su coste? Es cero, dice. Sólo pide royalties...

Moldistas que se han reconvertido en diseñadores industriales y que ahora ofrecen servicios globales. Necesitan darle salida a unas máquinas que compraron durante la especulación del sector y el hierro sólo ya no vende.

Invitaciones a concursos de diseño en plataformas que te hacen sentir como un joven talento y que se lucran previo pago a la presentación de unas ideas que nacen sin recorrido porque tampoco tuvieron briefing. Ni intención de convertirse nunca en realidad. Un negocio redondo a costa de las ilusiones de muchos diseñadores.

Ofertas de impresoras 3D que valen menos que la última chaqueta que te has comprado. Es el futuro dicen. Aunque no te comentan que la precisión y la calidad de los resultados no encaja en el ámbito profesional del diseño.

Proveedores chinos que te invitan, con enormes faltas de ortografía y sin muchos tapujos, a dejar de lado las industrias locales...

Suma y sigue. Unos correos que se repiten demasiadas veces y que, a pesar de no tener nada que ver contigo o con tu nivel de diseño y trabajo, al final te hacen daño.
Muestran perfectamente el estado del desprestigio del diseño porque detrás de esas direcciones de email hay personas que luchan por arañar trabajo y misería en un sector en el que hoy cualquiera puede ser el más guapo. Lo hemos permitido.

¿Llegamos a ser conscientes de que son los mismos correos que reciben a diario muchos de nuestros potenciales clientes? Con ellos tienen a huevo una referencia del "diseño" siempre a la baja. ¿No lo has notado? Y es que arriesgar cuando las cosas apenas cuestan nada, invita a los empresarios a “cagarla” con premeditación. Pero después es el diseño el que sufre la mala prensa.

Y así andamos. Sufriendo este acoso y derribo porque todo influye en este mundo conectado. Y en este caso influye para mal y en nosotros mismos.

Tenía muy asumido que existen muy diversos niveles de diseño como existen también muy diversos tipos de clientes y de necesidades. Y a pesar de aceptar cierta mediocridad general en ese saco, incluso la mía misma, a todo lo podía llamar diseño sin que la palabra perdiera su auténtico valor.
No obstante, desde hace un tiempo ya no pienso lo mismo. Hoy creo que no todo es diseño, ni todos saben ser clientes y mucho menos ser profesionales del diseño.

¿Habría que empezar hacer algo, no? Yo de momento he aumentado mi seguridad contra el SPAM.

Enero 2015