Anecdotario de diseño industrial

A lo largo de los años como profesional del diseño industrial he coincidido y coincido con muchísimos proveedores y clientes comunes también a los denominados “grandes diseñadores industriales” e importantes consultorías de diseño de nuestro País y he podido escuchar de primera mano decenas de anécdotas al respecto de sus actitudes y aptitudes, tanto como persona como profesionales que, por desgracia, dejan mucho que desear.
Puedo decir que después de conocer un poco más de cerca el trabajo de algunos de estos supuestos “gurús” y de sus acciones a través de situaciones reales me he podido formar una opinión muy diferente de algunos de aquellos que en su día fueron para mi “vacas sagradas” del diseño industrial.
Ahora entiendo mejor porque algunas de las conferencias a las que asistía eran siempre tan abstractas, infértiles sustancialmente, poco concretas y escasamente profundas. En realidad era porque no existe concreción ni profundidad en su trabajo diario. Hoy día he dejado de asistir a muchas conferencias de diseño industrial porque carecen de sentido cuando uno conoce como desarrolla su trabajo el orador que las transmite y porque no hace falta ser muy inteligente para descubrir que son simples eventos para la promoción personal.

Dicen que “el que calla otorga”, aunque a veces duela no desmontar la trampa y el teatro que hay montado (más cuando esta cortina no deja paso a otras generaciones), así que he editado y borrado la reflexión que iba a exponer aquí sobre algunas situaciones reales, sorprendentes y divertidas que nos permitirían a todos hacernos una composición de lugar sobre ciertas personalidades conocidas del diseño industrial.

Los motivos que me han llevado a no exponer la reflexión, son por encima de todo el reconocimiento de que está mal decir ciertas cosas de terceras personas sin que estén presentes o tengamos su autorización y la convicción de que debemos mantener siempre una actitud de total respeto.
Por otra parte sin entrar en detalles también logro evitar levantar asperezas y evito a su vez correr el riesgo de que se me malinterpretara y se pudiera pensar, erróneamente, que la reflexión estaba motivada desde la envidia o el resentimiento, aunque nada más lejos porque no existen motivos.

De todas formas creo que muchos sabrán por donde van los tiros y además conocen estas situaciones artificiales y engañosas del mundo del diseño industrial, por lo que con esta breve justificación sabrán de que hablo y tendrá sentido el pensamiento expresado.

Aunque me autocensure sigo pensando, retomando los motivos que me han llevado a no exponer finalmente la reflexión, que es mucho más fea la "mentira" y la falta de respeto constante que algunos “colegas” nos procuran a los compañeros y a la propia profesión por ocupar un espacio que no merecen, que hablar de la realidad, duela a quien le duela y le pese a quien le pese… pero en fin...

Y sobre esta autocensurada reflexión casi que se motivaría otra, aun más interesante, en torno a porque seguimos permitiendo estar gestionados (representativa y comunicativamente hablando) por aquellos que en realidad nada tienen que ver con el diseño industrial real; el de las mangas arremangadas.

Diciembre de 2010