Decir diseño es decir mercado

A razón de la noticia sobre el concurso de acreedores que ha presentado el conocidísimo estudio de diseño Mariscal, ya he leído en las redes sociales varías voces preguntándose por el diseño, su posible desgaste y la presunta falta de mercado en un futuro incierto.

Ante estas noticias no nos desilusionemos y lo que es más importante; analicemos las situaciones con rigor.

No niego que en parte, pero sólo en parte, estos planteamientos hayan sido también un detonante en la crisis de este estudio de diseño concreto. Es cierto que la dura crisis que aun nos acontece ha ido dibujando, poco a poco -a veces es casi imperceptible si no caen árboles tan grandes-, que existe un diseño que ya no se sostiene por el elevado componente especulativo que presenta y los costes injustificados que a la fin pagan los usuarios (los consumidores). E incluso las empresas fabricantes.
Hoy parece que ciertos discursos de diseño basados principalmente en superficialidades y/o autorías directas empiezan a no tener cabida en un mercado en el que no fluye el consumo con la alegría necesaria y éste se ciñe más a las necesidades reales y las circunstancias de sus demandantes.
No obstante pienso que, por lo menos en este caso particular, han pesado de forma mucho más rotunda la falta de control y los problemas de gestión en un plano puramente empresarial. Todo hace pensar que se ha ido creando una burbuja que ha acabado explotando.

En cualquier caso es una lástima. Comulguemos o no con este tipo de diseño, no podemos negar el papel importantísimo que ha tenido -y tiene- a favor de acercar nuestra profesión a la sociedad, aunque haya sido desde un enfoque parcial y a veces deformado. Y las vocaciones que también ha motivado entre muchos diseñadores. Quizás por este motivo parece que el diseño se acabe con ellos. Y aunque no es así de drástico si que debemos reconocer que es un diseño también muy necesario y que estas situaciones son una pérdida enorme.

Pero leer este tipo de noticias y pensar que empieza a no existir un mercado para el diseño industrial (en términos genéricos) es, bajo mi humilde punto de vista, no saber ubicar correctamente al diseño -ni entenderlo- porque el mercado es diseño en sí mismo. La constante innovación que demandan las sociedades, los propios cambios humanos, el avance de la tecnología y su necesaria humanización así como el comercio mismo, necesitan nutrirse de nuevas, diferentes y continuadas soluciones. Y éstas las aporta el diseño. O por lo menos es la fórmula más coherente.
Decir diseño es decir mercado. No podemos separar ambos estadios porque están entrelazados en su sentido y en su razón de ser.

Muy al contrario, con el cierre de todo estudio de diseño (porque los seguirá habiendo) lo que debemos hacer los diseñadores es preguntarnos que podemos hacer para llegar, más y mejor, a las empresas que también están sufriendo la crisis. Analizar en que han fallado unos y aplicar enfoques nuevos y sobretodo más efectivos.
Las empresas nos necesitan. Nos siguen necesitando y nos necesitarán en el futuro. De esta forma, lo más prudente no es perder las ilusiones, "deprimirse" o cuestionar nuestro trabajo y disciplina sino reflexionar en profundidad y atender las señales para adecuar nuestro discurso a la realidad. Seguir siempre luchando.

Tal y cómo comentaba antes, un diseño superficial y sobre-hinchado empieza a ser historia igual que lo es la sociedad del despilfarro en la que se amparaba. Las empresas tienen unas necesidades que estamos obligados a atender más allá de nuestro enfoque particular como diseñadores. Tenemos que ser objetivos y ceñirnos a lo que nos demandan, tanto ellas como los usuarios. En todos los sentidos. El diseño precisa adaptarse a cada cambio.

Hagamos lo mejor que sepamos nuestro trabajo y consideremos que el diseño industrial es una profesión y que por extensión acaba sometida a una estrategia propia empresarial. Cuidemos también esta faceta y gestionemos, no sólo nuestro trabajo como diseñadores sino la estructura a la que está sometido.

No podemos cuestionar nuestro trabajo y su función a partir del cierre de una empresa de servicios de diseño. Pero está muy claro que el peso informativo de ciertos diseñadores estrellas es tal, que parece que el mundo se acabe con ellos. Pero no es así. Respiremos. No perdamos la ilusión, el compromiso y sigamos apostando por que nuestro esfuerzo tendrá siempre su merecido encaje... Y si no lo tiene, siempre nos quedará sentirnos plenamente satisfechos.

Septiembre 2014