Diseño industrial imperfecto

Cómo profesional me obligo a intentar alcanzar el máximo nivel de excelencia en cada proyecto de diseño industrial que realizo. Está dinámica se fundamenta en primer lugar por un estricto rigor que siempre me he impuesto pero por otra parte, no menos importante, lo hago porque nunca se sabe si tendrás oportunidad de trabajar nuevamente en proyectos de la misma tipología y/o sector por lo que lógicamente la incursión como profesional del diseño en ese nuevo sector considero que debe ser la más eficaz y elevada.

Así que cuando inicio un proyecto de diseño industrial la labor a realizar y los esfuerzos son siempre máximos. Puede decirse que es como si empezara cada proyecto desde cero, como si fuera el primero o como si fuera el único aunque ya haya trabajado con anterioridad sobre soluciones similares o incluso idénticas. Y aunque pueda parecer un sobreesfuerzo, la verdad es que es un procedimiento que me permite lograr resultados de elevado nivel y disponer de una constante relectura de mi propio trabajo y de mi entorno. Y una vez que lo incorporas a tu metodología de diseño se convierte en algo habitual.

En cierto modo uno acaba descubriendo mediante este procedimiento que el diseño industrial se procesa a partir de unas extrañas “matemáticas cambiantes”, permitirme este símil, pues si hoy la ecuación de tu proyecto ha sido que 1+1= 2, mañana en el próximo encargo con idénticas variables debes hacer que 1+1= 3 y pasado que 1+1= 4... Obteniendo siempre resultados de más valor que el anterior a partir de los mismos elementos de suma.
Consciente de que por desgracia no existen estas “matemáticas cambiantes” es obvio que una razón posible para esta superación constante sea el hecho de que vivimos en un mundo imperfecto. Siendo esa progresión de mejora simplemente una aproximación o un intento de acercamiento a la perfección.
Me gusta pensarlo así porque creo que es una posible razón que valida a un renovado diseño industrial, o por lo menos lo posibilita, y explica además que los proyectos pueden ser superados por ese afán de llegar al espejismo de la perfección una y otra vez. Y dado que la perfección no existe y si existiera, nosotros como seres imperfectos no podríamos reconocerla, siempre podremos hacerlo mejor aunque extrañamente lo anterior ya fue lo mejor.

Pienso que para otras muchas profesiones la imperfección está lógicamente asumida pero es en si misma un gran impedimento y una limitación como por ejemplo para la medicina, la física, la mecánica, etc.. pero para los diseñadores en general se da la paradoja de que “este mundo imperfecto es perfecto para nuestro trabajo” que se basa en crear cosas perfectas en un mundo que no lo es.

Hace tiempo que asumí que el resultado de un proyecto queda siempre equilibrado en un cierto y único nivel, en el nivel de encuentro entre el esfuerzo de diseño industrial realizado y la correcta solución a las necesidades de la empresa que te ha contratado. A partir de aquí sabes que el próximo encargo y el proyecto resultante deberá ir un pasito más lejos (quizás buscando esa quimérica perfección) aunque los condicionantes sean los mismos.

Supongo que a la mayoría de diseñadores industriales o diseñadores de otras disciplinas le ocurrirá lo mismo que a mí pero no deja de ser extraña la extraordinaria capacidad de superación que adquirimos en el desarrollo de esta profesión. Por no hablar de la enorme inventiva e imaginación que acumulamos a lo largo de esta aproximación constante hacía una perfección que no existe.

Muchos podrán pensar que esa superación en el diseño industrial está basada simplemente en las propias carencias de los diseñadores y que la mejora de esos proyectos es el resultado de la experiencia y de la adquisición de conocimientos. O también que está motivada por una variación en la definición de los conceptos en cada proyecto…. Es posible, no lo niego, pero yo prefiero verlo de otro modo más mágico con fórmulas imposibles y quimeras que te obligan a estar siempre al máximo.... Al fin y al cabo es mi reflexión.
Y tu, ¿cómo lo ves?

Diciembre de 2010