Cuando el diseño es un estilo

Cuando analizo genéricamente la información que aparece en decenas de blogs y revistas sobre diseño, descubro que podemos ir hilvanando un diseño con otro y con otro y con otro (…) Las formas, las soluciones, los colores, las texturas y los materiales se solapan de un producto a otro sin importar la tipología, qué solucionan, para qué sirven o quién los usa. Haz tu mismo el ejercicio; analízalo.

En la actualidad parece que aceptamos extrañamente la brutal uniformidad y monotonía que rige al diseño contradiciendo así su propio propósito.

Hoy, gran parte del diseño que inunda nuestra vida es en sí mismo un estilo. Admitámoslo. Esta es la pobreza profesional a la que hemos llegado ante la complicidad y el amparo de nuestras escuelas, universidades, nuestras asociaciones, revistas y los propios diseñadores que no hemos sabido sufrir (o no lo estamos haciendo) para conservar los principios que han de fundamentar nuestra profesión. Parece que siempre hemos optado por el camino más fácil; seguir la inercia.
Y no es que quiera cargar las tintas contra todos ellos (diseñadores incluidos) pero es que no hay otros a los que echarles las culpas. Todo es responsabilidad únicamente nuestra. Nosotros hacemos del diseño industrial lo qué es y por ello su estado es nuestra responsabilidad.

Y paradójicamente, a pesar de esta realidad, se nos llena la boca constantemente hablando de diseño, innovación y de futuro. Pero la sostenibilidad, la impresión 3D, el código abierto, el diseño de cercanía, la newartesanía, la autoproducción, el diseño de autor… no dejan de ser un sinfín de seductores propuestas, ideas y conceptos que, en realidad, son demasiado vagos para un diseño sin raíz…

Hoy apostaría por volver a ese tiempo en el que el diseño industrial, aun sin tener las cosas claras, por lo menos intentaba siempre avanzar y aportar soluciones al margen de estilos y de modas.

Agosto 2014