El diseño industrial y la discriminación positiva

Estábamos Juan Carboneras (Estudio Gauzak) y yo confeccionando el briefing para el diseño de una nueva colección de mobiliario urbano, cuando se planteó un dilema que he creído interesante trasladaros a través de esta breve reflexión.

Inmersos en el diálogo sobre la relación que los usuarios establecen con esta tipología de productos y estableciendo como idóneos los perfiles más desfavorecidos; ancianos, niños y personas de movilidad reducida, pusimos sobre la mesa también la posibilidad de que el diseño contemplara, de forma intencionada, facilidades para el uso específico y las necesidades de los vagabundos (Homeless).
Al analizar detenidamente esta pauta convenimos descartarla, no solo porque consideramos que era un error definir a los vagabundos como un nuevo "target" sino porque aplicar este punto de vista podía influir en el planteamiento general del proyecto ya que tomar esta decisión implicaba, si se solucionaba correctamente, tener que modificar –de entrada- la ergonomía y la estructura más natural de este tipo de objetos para acercarla a este nuevo “target” y a las nuevas sub-funciones que se generaban, como por ejemplo poder utilizarlo como cama en la que dormir.
Pero al margen de esto, se abría para mí una reflexión mucho más profunda que nacía de las responsabilidades del diseño industrial, su autentico papel y la posición social del diseñador.

He repasado algunos proyectos que presentan estas alternativas y no solo he confirmado que suelen ser, en su mayoría, proyectos reconocidos por la comunidad de diseñadores sino que además su función principal acaba siendo precisamente la de facilitar un espacio y uso a este tipo de usuarios cayendo, por el carácter público que habrían de presentar estos objetos, en una especie de discriminación positiva.
En esos casos concretos, el diseño toma muchas veces estas excepciones para trabajarlas como generalidades y articula el proyecto de una pieza pública que pagamos todos y que deberíamos disfrutar también todos.
Bajo mi punto de vista este es un error que, sorprendentemente, genera el aplauso de una gran parte de nuestro sector y de la sociedad. Seguramente porque la sensibilidad de estos temas y la empatía que, como seres humanos sentimos por nuestros semejantes, hace de pantalla para un análisis mucho más objetivo y profesional.

Como diseñador industrial -pero también como ciudadano- considero que no es papel del diseño centrar las soluciones para amortiguar la incompetencia de nuestros gobernantes o las carencias que presentamos como sociedad. El diseño no puede actuar como critica social porque se acerca peligrosamente a otras esferas.
Creo que es, por lo menos desde un punto de vista ideológico, mucho más efectivo luchar a través de otros estadios sociales, políticos y económicos para intentar mitigar la pobreza y/o acabar con la desigualdad social. Básicamente porque desde estos ámbitos las soluciones son más integrales, duraderas, estructurales y están dotadas de muchos más recursos.

Creo que el diseño no siempre debe meterse en ciertas “batallas”, ni tampoco aplaudir y defender ciertos planteamientos y propuestas por muy sociales que estas nos puedan parecer. Y por supuesto, no aceptar que el diseño actúe como un simple parche social.
En este caso concreto considero mucho más interesante y fructífero tomar consciencia del problema como ciudadano y exigir que se construyan y/o se habiliten más albergues con mejores contextos higiénicos, comedores y servicios. Y lógicamente luchar encarecidamente para que se formulen muchas más políticas destinadas a la generación de oportunidades, al desarrollo personal, la integración y la igualdad para los más desfavorecidos.

Posiblemente actuar en estos casos como diseñadores solo nos lleva al reconocimiento y a la representación de un cierto fracaso como sociedad. Sin olvidar que podemos caer muy fácilmente en la discriminación positiva con proyectos que deberían ser de ámbito general y público.

Lamentablemente en los últimos meses también venimos asistiendo, en el lado contrario, a planteamientos y/o a acciones para la modificación de espacios y/o objetos de tal forma que este público (homeless) no pueda acceder a ellos. Por ejemplo, colocando piezas metálicas a modo de clavos. Una aberración más a la que debemos poner solución como ciudadanos y como sociedad. Y en este caso si que como diseñadores, negarnos rotundamente a participar en este tipo de soluciones.

Esta reflexión no niega en absoluto que el diseño puede aportar un valor social por iniciativa propia y/u operar como un agente solidario. Nada más lejos, tan solo pretende poner de relieve que ciertas decisiones de proyecto pueden reducir sus posibilidades generando esta citada discriminación positiva.

Julio 2014