Reconocer el diseño industrial realmente importante

Hagamos un ejercicio.

Intenta establecer el porcentaje que suponen los objetos con “apellidos”, es decir aquellos de los que conozcas al diseñador, del total que componen tu contexto más íntimo, por ejemplo tu hogar.
Cuéntalo todo; electrodomésticos, lámparas, relojes, muebles, utensilios de cocina, ollas, vajilla, ropa, cubertería, sanitarios, interruptores, manetas de puerta, electrónica, teléfonos, interfonos, material de escritura, almacenaje, calefacción, macetas,... Todo.

¿Qué porcentaje puedes apellidar? Y no me refiero bajo una marca sino bajo el nombre de un diseñador concreto.
Probablemente muy poco, quizás no sea más del 5% y seguro que, en un acto interno de sinceridad ahora desde la distancia, podrías incluso llegar a reconocer que parte de ese cupo de diseño apellidado, por no decir la gran mayoría, lo adquiriste seguramente mediatizado por el diseñador y por tu profesión más que para cubrir una auténtica necesidad.

Ahora intenta citar de carrerilla y asociándolo a alguna de sus piezas, a más de una cincuentena de diseñadores industriales.

¿Qué, como ha ido? Seguramente los 10 primeros han venido solos, incluso hasta el 15 o el 20 porque no te has dejado a los clásicos. Hacía el 30 se ralentiza la cosa y llegar a los 40 cuesta. ¡Coño! Que me he dejado a Raymon Loewy; 41.
Los cincuenta, sin google y a no ser que estés realmente muy maduro en la profesión, cuestan lo suyo cuando no son una misión imposible. O eso imagino...

Un ejercicio interesante, ¿no?

El mundo, me refiero al mundo real que nos rodea en nuestra vida cotidiana, está compuesto por un diseño industrial principalmente anónimo. Un diseño eficaz y sencillo. Mundano y cercano. Un diseño que pasa por nuestra vida sin pretender notoriedad pero que sin embargo es fundamental para nuestra comodidad y desempeño diario.
Un diseño que supone ser también de vital importancia económica porque tras esas piezas anónimas existen miles de empresas que las fabrican así como otras tantas empresas que las distribuyen y que las venden.
Algunas de estas empresas son más conocidas que otras. Incluso habrá muchas que seguramente serán para nosotros totalmente desconocidas pero todas, en su conjunto, forman parte del motor económico de nuestra sociedad. Un corazón que palpita. Y cómo ves, el porcentaje de lo que nos suministran es tan exagerado en nuestro contexto diario que suponen ser, objetivamente, las auténticas locomotoras del mercado.

Tengamos en cuenta otro aspecto importante. Este lo aporto yo directamente.
Está a la orden del día poner sobre la mesa la falta de oportunidades dentro del mundo del diseño. Nos quejamos a diario: No hay salida. No hay oferta. Y seguramente es cierto pero quizás no en el porcentaje que pensamos. Es interesante reconsiderarlo.

No se que piensas al respecto. Yo creo muy sinceramente que no nos paramos mucho a pensar con claridad cegados por un mundo de luces y éxito.

Éste que hemos hecho, es un ejercicio del que pueden extraerse realmente conclusiones muy interesantes. Muchos de nosotros, profesionales del diseño, estamos diariamente ensimismados y encerrados en un mundo de nombres y apellidos. Leemos constantemente opiniones, blogs y revistas del sector, y no solo alabamos proyectos y a diseñadores que, en realidad no influyen en nuestra vida más allá de creer que son geniales sino que además, como profesionales, aspiramos a ser como ellos y hacer lo que ellos hacen. Y esto es, bien mirado y hasta cierto punto, bastante absurdo si lo pensamos en profundidad.

¿No sería mejor empezar a cambiar de prisma? Sencillamente porque muchos, atendiendo las conclusiones que imagino que se dibujan de este ejercicio, están optando por el camino más duro y en la mayoría de los casos; imposible.
Aspiran a integrarse en una elite que supone ser solo un porcentaje pequeñísimo de nuestro colectivo y de nuestra realidad.
Creo que llegados a este punto sería bueno empezar a preguntarnos si las oportunidades están en ese 5% del diseño que anhelamos -y preguntarse también si es realmente el diseño más importante- o por el contrario están en el otro lado. Un lado que, si se me permite la broma, no tiene nada de oscuro. Muy al contrario. Es un grupo en el que todos tenemos más probabilidades pues supone ser el que ha de generar 95% de todo lo que nos rodea.

Merece la pena pensar.

Por fortuna, por el momento y espero que por mucho tiempo, yo pertenezco a ese gran porcentaje de diseñadores industriales anónimos que se levantan cada mañana con la única finalidad de intentar dibujar un mundo mejor pero sobre todo real. El mundo que te rodea.

Sin restar ningún mérito a lo que hacen y reconociendo, en su justa medida, el enorme mérito que suponen estos famosos diseñadores para el reconocimiento de nuestra profesión, no caigamos en la argumentación fácil de defender que el StartSystem marca las pautas y que en realidad lo que nos rodea, más anónimo y asequible, no deja de ser el resultado de esa labor de bandera. Un poco como la alta costura y el "prêt à porter". Sabemos de sobra que el diseño industrial nada tiene que ver con estos ritmos.
No seamos tan ilusos. Este diseño que nos acompaña de forma vital a lo largo de nuestra vida es en realidad un diseño basado en funciones, mercado y usuarios. Un diseño real para el mundo real, alejado muchas veces de las motivaciones de muchos diseñadores estrella que están sometidos totalmente a una elite.

Abril 2014