Un diseño industrial convertido en subasta

En términos generales entiendo un diseño industrial siempre circunscrito al encargo. Creo que debe ser normalmente la necesidad de un tercero la que ha de motivar y dar sentido al proceso de diseño.
De esta forma el diseño industrial es un procedimiento que intenta siempre, de forma objetiva y justificada, lograr aquellas soluciones concretas que precisan las necesidades, también concretas, de las empresas. Y es que sin la concreción del encargo es muy fácil caminar por la senda de la especulación aunque no queramos reconocerlo o el ego no nos lo permita.

El encargo nos ofrece, al margen de la estructuración más rigurosa del proceso de diseño, un entorno en el que disponemos de las inversiones necesarias que han de permitir trabajar con ciertos recursos, tecnologías y procesos que incidirán siempre de forma directa y fundamental sobre nuestra solución, su calidad y su propio nivel de innovación.
Por el contrario, un diseño alejado del encargo, como ya he reiterado en muchas otras muchas ocasiones, es normalmente (salvo excepciones) un diseño limitado. Extremadamente limitado.

Por esta razón, esto que hoy está tan de moda de congregar a un grupo selecto de diseñadores para exponer proyectos originales que han partido desde la ausencia de un encargo y que no han sido producidos aun (y quizás no lo sean nunca) para que otro grupo selecto de empresas tengan la oportunidad de seleccionar y/o escoger sus nuevos productos es, en mi opinión, un síntoma inequívoco de que el diseño industrial naufraga, desde hace tiempo, en el mar de la ignorancia.

Esta reflexión está motivada ante la proliferación exponencial de ferias, instalaciones, colectivos y eventos que circulan en torno a esta idea del diseño sin encargo.
Muchos dicen que es una nueva forma de entender el diseño y de dar salida al potencial de muchos diseñadores. A mi me resulta un planteamiento mucho más cercano a la dinámica de una subasta. Un mercadeo extraño donde creo que el diseño industrial siempre tiene mucho más que perder. Pero espero equivocarme.

Septiembre de 2013