Sin criterio no hay premio que sume. La mentira de los concursos

En primer lugar quiero decir que he tenido el privilegio de poder estar a ambas partes de los concursos de diseño. Es decir, cómo concursante y como jurado. Y que lo que expresaré ahora es solo mi experiencia directa y personal, aunque se me antoja que es un procedimiento bastante general a razón de las opiniones que escucho de terceros. Es más, seguramente todos tenemos una opinión sobre los concursos/premios y la oscuridad de sus trastiendas. Por este motivo pienso que es interesante dejar aquí esta voz.

Mucho se habla de la dignificación de los concursos (cuantías económicas, derechos de autor, divulgación, función,... ) pero muy poco sobre lo que en realidad creo que es fundamental: su fallo. Es decir, la solvencia del fallo.

No cabe duda de que ganar un premio de diseño industrial puede abrirnos algunas puertas. Son muchos los jóvenes -y no tan jóvenes- que año tras año, concurso tras concurso, miran de abrirse paso en este sector a la par que impiden la oxidación que, por desgracia, provoca no proyectar con la regularidad que muchos quisieran.
Algunos premios son tan prestigiosos (no hace falta citar nombres) que pueden incluso suponer un punto de inflexión en la carrera profesional del ganador. Por este motivo es un tema que debemos tomar con la seriedad que se merece.

De nada sirve demandar constantemente, como ahora parece estar tan de moda, la dignificación de unas bases cuando la evaluación de las propuestas no se va a realizar con la rigurosidad que sería mínimamente deseable. ¿No es éste el aspecto realmente fundamental y básico?

Seamos serios. Se defiende una dignidad profesional en lo que respecta a la forma mientras se omite la preocupante situación del fondo. Un fondo que de cambiar se lograría lo pretendido. Y algo más...

Muchos de los concursos y de los premios de diseño suponen ser un rizo más en la hipocresía que se ha instaurado en nuestro sector. Una verdadera lacra.

Cómo he dicho al principio, he estado delante y detrás de los concursos. Y podría contar anécdotas sobre los intereses que se mueven tras las cortinas que os dejarían perplejos. Aspectos sobre los favoritismos, las conspiraciones para declinar las balanzas o sobre la falta de criterio.
Situaciones que van desde aquellos jurados que defienden las propuestas de sus conocidos a capa y espada, hasta los que defienden lo indefendible para no dar el premio a la propuesta que más lo merece simplemente por circunstancias personales. O decidir a propósito del estado de ánimo o directamente no tener criterio alguno sobre lo que se está evaluando.
Cuestiones que he vivido en primera persona y/o situaciones entre bastidores que he conocido posteriormente al entregarme un premio o al estar integrado en un jurado.
No daré detalles y tampoco me los pidáis. La elegancia no debe perderse. Con el tiempo descubriréis vosotros mismos de lo que hablo. Al final todo se sabe aunque lamentablemente no todos acaben sabiéndolo.

Así pues, la dignidad de todo concurso de diseño industrial comienza con la adecuada selección del jurado que evaluará las propuestas.
Soy consciente de que ésta es una labor difícil pero con esfuerzo y con la motivación principal de lograr la máxima transparencia no debería ser una misión imposible.
Al margen dejo lógicamente aquellos concursos que se fallan por votación popular. Pienso que son un tema a parte dónde, en este caso, si que es evidente que se vota sencillamente por amiguismo. O que se logran mejores resultados en función de la posición que cada participante obstenta en las redes sociales. En cualquier caso el fallo no presenta ninguna razón circunscrita o próxima a la calidad real de los trabajos y/o los méritos.

No miremos la letra pequeña de los concursos. De forma particular se lo digo a todos aquellos que ponen el grito en el cielo actualmente por dignificar las bases.
La aceptación de esas condiciones dependen de la libertad de cada uno y de sus convicciones morales y/o circunstancias. Somos ya grandecitos como para tener constantemente la cansina tutela de esos defensores públicos que parecen haberse convertido en la policía del diseño.

Miremos siempre el fondo. Estudiemos bien cada composición de jurado de cada concurso porque esto incide, más allá de un posicionamiento y/o una decisión personal de si presentarse o no, en el diseño industrial en general. Repercute directamente en la propia disciplina porque su resultado tendrá una promoción ejemplarizada como estándar y/o cánon que puede, si no ha sido seleccionado con rigor, deformar a los menos atentos. Y por supuesto influir en la opinión que la sociedad y la industria tienen de nuestra profesión.

Seamos serios. Debemos exigir que los miembros de todo jurado sean profesionales de experiencia contrastada. Realmente contrastada más allá de la notoriedad que puedan aparentemente tener. Existe mucho humo...
Es muy sencillo. Tiremos de currículum y no de apariencia o estatus. Volvamos al fondo de las cosas, a la seriedad.
Exijamos profesionales, sean del ámbito que sean, objetivos y analíticos. Profesionales que, más allá de emitir un juicio personal, emitan siempre un fallo coherente y sobre todo con criterio y profesionalidad. Una valoración justificada y madurada. Y todo ello siempre bajo la atenta mirada de alguien que debe operar como notario de todo lo que se analiza y de cómo se analiza y se justifica...

Sin acabar apenas de escribir este último párrafo creo que esta exigencia será una misión imposible. Los concursos seguirán siendo lo que son. Y lo serán porque la situación general del diseño en nuestro país es la qué es. Y es precisamente esa; que un selecto grupo de personas –sin mucho criterio de fondo sobre diseño- son los que parecen albergar el poder de decisión y de opinión dentro del mundo del "diseño oficial". Marcan, a su conveniencia, los criterios de estandarización de lo que está bien o está mal porque tienen intereses que defender.

He de decir que soy -en general- defensor de los premios y los concursos. A mi personalmente me han servido para mucho en mi carrera profesional. En este escrito me refiero sobre todo a algunos premios/concursos muy concretos e intento motivar una reflexión en torno a como lograr las mejores fórmulas para el futuro. Creo que es mucho lo que se juega el diseño industrial en general y los diseñadores en particular, como para que acaben convertidos meramente en determinaciones subjetivas totalmente interesadas.

No tengo mucha esperanza de que este tipo de situaciones cambien en el corto plazo pero considero que hay cosas que deben decirse. Aunque sea simplemente para que muchos sepan que no somos tontos. Que somos conscientes de las trampas y de las mentiras que el lobby del diseño oficial nos dibuja como una verdad.

Mayo de 2013