¿Diseñar es un proceso encarado a descartar opciones?

Pienso que toda propuesta “válida” es en realidad una superviviente del proceso de diseño industrial que llevamos acabo.

Es muy difícil que no se queden en el camino -durante el diseño de un producto- decenas y decenas de ideas y/o planteamientos en muy distintos niveles de solución. Unos no llegan a ser más que sencillos bocetos o esquemas, mientras que otros pueden llegar a parecer presuntas soluciones cerradas pero no lo son por alguna circunstancia. Y entre estos dos extremos, para hacernos una idea de la magnitud, cabe todo lo intermedio.

Pero todos estos planteamientos no “mueren” en vano. Normalmente es a partir de la gran mayoría de estos trazados infértiles con los que logramos llegar a una derivación del camino e iniciar un enfoque nuevo. Y podemos estar seguros que uno de ellos nos llevará a la solución esperada.
Razón fundamental por la que podemos afirmar que la metodología de diseño industrial no es imprecisa o infundamentada aunque pudiera parecerlo ante las bajas de esta sangría de ideas.

Una idea encarrilada en vía muerta nos ofrece una información enormemente valiosa: Por ahí el proyecto tendrá difícil solución. Lo que nos suscita nuevas preguntas que poseen un nuevo filtro. Podemos así cerrar una puerta con cierta seguridad y esto, en diseño, no es poco. Despejar el camino es poder verlo mejor.

Creo que esto rompe claramente el mito de la espontaneidad del diseño. Éste no viene dictado por inspiración divina. Siempre debe andarse una distancia.

¿Se reafirma así aquello de que el diseño es en realidad la capacidad de descartar ideas y/o propuestas?

Probablemente si. Es además un razonamiento muy viejo que toma cada día más peso en el análisis del proceso de diseño industrial. Y es que no es tan importante centrarse en la validez inicial de lo que pretendemos como resultado (aunque a veces los tiempos exijan nuevas y más ágiles estrategias) sino que es a partir del recorrido de la circunferencia con el que alcanzamos cerrar el círculo.

Creo que toda buena solución de diseño industrial, no solo nos ofrece una validez propia e intrínseca sino que alberga también el espíritu de todo el recorrido llevado a cabo. Es la superviviente de una selección natural y por esta razón un elemento en la propia evolución del diseño.

Marzo de 2013