Enseñar diseño industrial obliga a tener memoria

Sobre las referencias, la crítica o la teoría de diseño que se imparte en algunas escuelas y universidades, o más bien sobre su ausencia parcial o total, he escrito sobradamente en esta página. Y seguramente lo seguiré haciendo hasta que este tipo de aspectos no se incorporen de forma seria, con la importancia que precisan, a los estudios reglados de diseño.

Pienso que no podemos aprender diseño industrial desde la nada ni desde un punto de partida erróneo. Esto es algo que no deja lugar a dudas. Si no conocemos el origen de las cosas no las entendemos como debemos y no seremos capaces de generar nuevos enfoques que permitan una evolución y/o la más correcta adaptabilidad.
El diseño académico entra así en una vía muerta para todos esos estudiantes de diseño.

Pero a los alumnos poco se les puede reprochar. Con más ilusiones que conocimiento no son conscientes de la precariedad de aquello que están aprendiendo. Así, inmersos en la natural ignorancia de su condición, no son capaces de exigir. Creen en sus profesores y en los programas que imparten.
Es seguramente por esta razón que todo este sin sentido es posible.

Con estas gravísimas omisiones intelectuales del diseño industrial a un nivel docente, éste presentará probablemente unas carencias que impedirán que los estudiantes puedan organizar un pensamiento bien formado y coherente sobre la disciplina. Lo que es muy grave. Pero a nadie parece importarle.

Toma nuevamente vital importancia este asunto tras enterarme del detalle concreto de que muchos nuevos graduados en diseño industrial, no solo no conocen el papel fundamental que para el diseño tienen personajes como Tomás Maldonado o Gui Bonsiepe, entre otros, sino que no les suenan ni sus nombres. Repito: "Es que no les suenan ni sus nombres"

Aceptamos que el diseño está sometido a una evolución permanente y que los diálogos están siempre abiertos. Que el diseño está en una revisión eterna. Que sus definiciones cambian y que se adaptan a las nuevas necesidades surgidas de los cambios sociales, económicos y tecnológicos. Pero de ahí a no pasar, ni que sea por encima, por su historia hay un abismo. Éste en el que nos encontramos.

Una dolorosa realidad que provoca que muchos de los futuros diseñadores no sepan quienes son los pensadores más influyentes del diseño industrial. Por lo menos en algunas épocas de gestación de las corrientes más importantes del diseño.
A ellos hay que decirles que ese diseño que hoy estudian fue definido en parte, aun mucha parte, por ellos. Que ese diseño que hoy estudian existe como disciplina gracias a la labor de todos estos diseñadores que han dedicado, gran parte de su vida profesional, también al análisis y el estudio del diseño a un nivel teórico.

La verdad es que lo siento mucho por todos ellos porque tendrán que volver a estudiar aquello que aun no han estudiado. Y tendrán que hacerlo para entender en que se basa el trabajo que presumiblemente realizarán en el futuro. Y porqué es así y de donde viene su justificación. Siempre que les interese realmente el diseño industrial, está claro.
A favor les podemos decir que, aunque tarde, descubrirán posiblemente un universo nuevo del diseño que les permitirá reflexionar de mejor forma sobre su particular visión del mundo.

Esto no muestra una simple desorganización en los planes de estudio del diseño industrial en todas esas “extrañas” escuelas y universidades. Sino que, para una mayor preocupación, esta terrible ausencia viene a evidenciar un error de fondo imperdonable sobre el planteamiento académico de toda una disciplina. Una disciplina que inverosímilmente logran impartir con ignorancia. Ya me dirán como...

Febrero de 2013