¿Cuál debe ser el exponente del diseño industrial oficial?

Uno no nace diseñador. El diseñador se forma en todos los sentidos, incluido el académico. A un lado quedan, por lo menos ante la teoría adquirida y la experiencia, cualquier tipo de aptitudes.

Es un respiro. Para ser diseñador no se nos demanda un talento innato ni una cualidad intrínseca como parece hacernos creer el mercado y las revistas con esas constantes y frustrantes denominaciones tipo: “Diseñadores jóvenes talentos”.

El diseño industrial es una profesión técnica y necesitamos aprender a solucionar problemas. Es cierto que algunas personas están más predispuestas que otras para algunas materias , no lo negaré, pero el diseño es un una carrera de fondo donde al final prevalece la “técnica” al talento. Creerme porque de todo lo que diré en esta reflexión es de lo único que estoy seguro.

El diseño tampoco es arte así que la formación del diseño no se basa tampoco en adoctrinarnos en unas técnicas aplicadas para que extraigamos, canalicemos y/o plasmemos nuestro sentimiento sino que se centra en hacernos aprender un método, que es algo muy distinto.

Los diseñadores aprendemos a entender funciones y a solucionarlas por medios materiales. Utilizamos para ello a las empresas que las fabrican y a unas tecnologías concretas. Tenemos en cuenta a los mercados y sobre todo a los usuarios, destinatarios últimos de nuestras propuestas. Todo ello siempre pensando de forma general y particular a un nivel social, económico y ecológico derivando en un "bien" también cultural.
Puede parecer muy complejo si no se ha aprendido hacer pero es una dinámica casi automática una vez que aprendemos a diseñar.

A medida que incorporamos la metodología como dinámica, al cabo de un tiempo, reconocemos sobradamente las piezas del puzzle y las colocamos de tal forma que nos lleven a soluciones coherentes. Surge solo.
Pero para lograrlo debemos saber color, geometría, normalización, volumen, representación, materiales, física, derecho, tecnología, dibujo, historia... Y todas estas materias además saber entrelazarlas con una finalidad. Esa finalidad que también nos enseñan.

Así que para ser diseñador industrial han de enseñarnos a serlo. A mi no me cabe la menor duda aunque debo decir que muchos lo siguen cuestionando.

Dependiendo de la formación acabaremos siendo de una u otra manera, profesionalmente hablando. Creo que es así.
Pero la formación reglada no será la única que debamos adquirir, ni mucho menos, estaremos desde entonces siempre aprendiendo, siempre estudiando. Pero la reglada es la que marcará ya para siempre nuestros caminos porque actuará como una guía sobre la que basaremos todo el aprendizaje posterior.
Nuestra verdad sobre el diseño industrial estará ya muy formada y nos costará variarla sencillamente para seguir dando sentido a lo que hacemos. Es una postura cómoda. Es posible. Pero pocos escapan a ella.

Esto último es muy importante. Seguiremos aprendiendo normalmente siempre trazando una línea que partirá de forma natural de lo que adquirimos en las escuelas de diseño o las universidades. Estaremos condicionados para siempre. Para bien y para mal. Ellas -las escuelas- son el futuro de nuestra profesión porque determinan la generalidad de nuestro oficio. O por lo menos le dan ese sentido que nos permite trabajar con criterio. Creemos en lo que hacemos porque nos han demostrado su validez.

El diseñador se forma. No se si aun lo dudas. Creemos que pensamos libremente pero no es cierto del todo. Nuestro pensamiento como diseñadores se deforma siempre con la incursión de lo que hemos adquirido en el aprendizaje. Lo que aprendemos pesa mucho. Sólo en muy contadas ocasiones uno logra formular un diálogo radicalmente contrario de aquel que ha adquirido.
Quizás es por esta razón que el diseño, en el fondo, no depende tanto de los diseñadores sino más bien de aquellos que formaron a esos diseñadores. Siempre refiriéndonos en términos generales.
Para constatar este hecho tan solo debemos analizar, como ejemplo, los diferentes perfiles de diseñadores que vienen marcados por las diferentes escuelas de diseño de Barcelona. No alberga la misma estructura de pensamiento un diseñador formado en ESDi, Elisava, Massana y/o Llojta. El mundo y el diseño se ve de manera diferente en función de quien nos lo haya mostrado.

De ser así, que bien podría serlo, podemos deducir que el caos que reina en el seno de nuestro colectivo profesional es el mismo que reina en el seno académico. Por lo que reparar la credibilidad del diseño o, mejor dicho para no ser tan duros dirigir eficazmente al diseño con un mismo paso y a un mismo lugar, depende en primera instancia de las aulas.

Dando por válido este razonamiento que centra la importancia real del diseño industrial en el ámbito de la enseñanza deberíamos, con total derecho, exigir a nuestros “académicos del diseño” la responsabilidad de establecer un diseño oficial unísono. No podemos tener criterios diferentes, tan enormemente diferentes, por estudiar en un sitio u otro. Debemos unificar las miradas, por lo menos aquellas que nos muestran el inicio del camino.

Es, considero yo, el ámbito académico el que -en primer término por todo lo que arrastra- debe reflexionar seriamente sobre el diseño actual y establecer, siempre en conjunto con sus análogos, unas bases sobre las que todos los diseñadores tengamos claro hacía donde se dirige el diseño industrial del mañana.
Los diseñadores, después, ya nos encargaremos de seguir aprendiendo sobre esa línea.

Debo decir que esta reflexión intenta dar un nuevo enfoque al diálogo abierto en el grupo de linkedin o2Spain al respecto de la pregunta que da titulo a la reflexión.

Febrero de 2013