Pensar en lo que no es diseño industrial quizás nos acerque al diseño

Para muchos el diseño industrial está muy claro pero para otros, que también son muchos, parece que no lo está tanto.

Esta cuestión no supondría mayor problema si no fuera porque también desde las “estructuras oficiales del diseño”, es decir desde donde se gesta y se defiende la disciplina, como son las asociaciones, las escuelas y las universidades, parece que no está tampoco muy claro en muchas ocasiones.
O por lo menos no se ha sabido definir en los términos adecuados para que los resultados sean realmente unísonos y precisos.
Para evidenciar esta falta de acuerdo tan solo debemos remitirnos a la diversidad de propuestas, directrices, labores, pretensiones y planteamientos que desde estas estructuras se defienden.
Quizás es desde aquí, desde el desorden de las bases, en que se configuran esas deformaciones en aquellos que aun no tienen muy claro que responsabilidades tiene el diseño. Por esta razón debemos ser exigentes con estos estamentos.

Muchos cuestionan la importancia de la definición del diseño. Se opina que al diseño industrial le va muy bien este desamparo para poder adecuarlo con libertad a las necesidades cambiantes del mercado y de la sociedad.
Creo que nadie discute las bondades de esta libertad pero si que debemos saber que ésta no es incompatible con el establecimiento de unas reglas.

La definición es muy importante. Debemos partir de esta base. Y lo es, no solo porque el diseño precisa de una definición propia para construir un diálogo teórico sino que es importante porque influye en muchos ámbitos de la vida.
No tener las cosas claras puede influir de forma negativa en el futuro de nuestra profesión y en el futuro de la industria. Así que tiene incidencia en la economía de nuestro país y por extensión incide siempre en la sociedad. No es una cuestión meramente de etiquetado y los que así entiendan esta discusión deberían revisar profundamente su concepto del diseño.

Dado que nos cuesta horrores saber, en conjunto, que es el diseño industrial deberíamos empezar por tener claro que es lo que no es. Este siempre resulta un ejercicio mucho más sencillo. Pensemos en ello.

Cabe decir que en algo si que coincidimos todos. Admitimos que el diseño industrial es una disciplina realmente compleja. Pero no por ello es “indefinible”. Comencemos andar todos juntos de una vez a favor del futuro.

Esta laguna no es un asunto trivial porque no es trivial la innovación, la industria y los mercados. Por esta razón, ante una evidente falta de consenso sobre lo que es el diseño industrial, debemos unirnos -reitero- a favor del establecimiento de unas reglas comunes.

Diciembre de 2012