La permeabilidad obligada de la teoría del diseño industrial

Desde siempre el diseño industrial ha estado expuesto a debates abiertos que intentan definir su propia razón de ser. Debates que han durado más o menos tiempo. Incluso a día de hoy aun podemos encontrar diálogos vigentes que vienen desde los albores del diseño.

Cuestionamientos que podrían mostrarnos -como ya hemos dicho en muchas ocasiones- la falta de una teoría sólida de la disciplina. O no, porque de lo que podemos estar seguros es que nos muestran, si aceptamos que el diseño tiene una teoría propia, lo permeable que es ésta y su enorme capacidad de adaptación.
Quizás aquí está la clave. Somos muchos los que venimos apostando por ello:

El diseño industrial tendría una raíz ideológica-teórica fuerte pero necesitaría de una constante relación con su entorno socioeconómico que le obliga a una revisión continua, fomentada por estos diálogos.

Pero debemos tomar este asunto con la adecuada importancia y responsabilidad por la incidencia que tiene en los resultados y por ende en los agentes implicados en el diseño. No sería bueno fomentar cualquier cuestionamiento del diseño a la ligera ni olvidar esa raíz intrínseca que posee.
Si hace 20 años el debate abierto del diseño industrial lo podíamos situar en la implicación y las relaciones que éste mantenía supuestamente con el arte –remitámonos a los movimientos de diseño aparecidos en los años 80- hoy este cuestionamiento pierde algo de fuerza ante la aceptación de la función como eje central.
Mientras viejos debates van cerrándose, hoy son otros nuevos los que van abriéndose como los referidos a la sostenibilidad, el carácter social del diseño, su marco de actuación y su capacidad de gestión. Debates que alterarán la forma de hacer y entender. Pensamientos que configuran el diseño de una época concreta tal y cómo ha venido sucediendo en otras décadas pasadas al respecto de otras incursiones ideológicas.
Por esta razón es importante saber si el diseño debe someterse a ciertos planteamientos ideológicos o no. A que es permeable y a que no debe serlo.

En cualquier caso, la inmensa mayoría estaremos de acuerdo en el continuo enfoque abierto que la disciplina precisa. Lo que podría venir a confirmarnos que el diseño industrial necesita, como hemos dicho antes, de estos debates para ir encontrando su propio discurso de futuro.

Dicho esto, no está de más marcar algunas de esas bases inamovibles que tiene la teoría del diseño y que nos obliga a cerrar debates al respecto porque son cuestiones intrínsecas a la disciplina. Cuestiones que podrían afirmarse del siguiente modo:

El diseño se ejecuta mediante una metodología.

La metodología establece en todos los proyectos las necesidades y finalidades comunes.

El diseño hace del objeto un producto.

El diseño contempla siempre la sostenibilidad del producto.

El diseño se integra en un conjunto de factores, sectores y agentes.

El diseño vela siempre por el bienestar humano.

El diseño permite la máxima optimización de un producto.

El diseño establece una correcta industrialización del producto.

El diseño está basado en una función.

El diseño otorga sentido al producto.

El diseño ajusta al mercado el producto.

(…)

¿Reside entonces la solución de la teoría del diseño industrial en comprender y aceptar que ésta articula la propia disciplina, en clave de futuro, a través de un diálogo constante con otras esferas?

Octubre de 2012