Algunas de las claves del futuro del diseño industrial

El texto siguiente está basado en algunas anotaciones realizadas para el análisis de las claves del futuro del diseño industrial en el que estoy trabajando. Probablemente es un texto un poco desestructurado y con una clara ausencia de conclusiones. Disculpar.

No cabe duda de que nos hallamos inmersos en importantes y profundos cambios. Estamos preparando “el mañana” y seguramente somos muchos los que nos preguntamos que futuro le deparará al diseño industrial. ¿Cual será su papel y el nuestro como diseñadores?
Pregunta que hoy tiene más peso porque ahora si que parece que se acerca un cambio de rumbo. Lo que implicaría nuevas formas de hacer en un, también, nuevo sistema.

“El futuro del diseño”…Cuando se reflexiona profundamente sobre esta cuestión creo que debemos ajustar con mucha precisión las preguntas. O mejor dicho, tenemos que dar contexto al diseño porque la pregunta; ¿Cuál es el futuro del diseño industrial?, aunque tenga como referencia primera y objetiva su propia historia, formulada así no nos llevará muy lejos.
En ella, el diseño industrial está ausente de contexto e implicación y posiblemente no podremos obtener respuestas certeras a no ser que replanteemos la pregunta o la enriquezcamos con reflexiones y análisis.

De todo esto los diseñadores sabemos un poco. Reconocemos la importancia que tienen las preguntas de cara a obtener las respuestas que buscamos y sabemos también que preguntar bien conlleva mucho esfuerzo.

En primer lugar debemos tener claro que el diseño industrial está relacionado con otros agentes, disciplinas y ámbitos que también evolucionan y que presentarán presumiblemente cambios importantes en el futuro.
No podemos preguntarnos cual es el futuro del diseño sin antes entender que está ligado forzosamente al futuro de la industria, al del mercado, al de la sociedad y al de la economía, entre muchos otros.
Todos son parte de un conjunto en el que la innovación, el progreso y los cambios intelectuales, tecnológicos y humanos –que motivan el nacimiento de nuevas sensibilidades- son en realidad los factores que siempre suelen marcar el futuro. Y paralelamente a esta evolución constante, suele ser el diseño el que va adecuando de forma natural su nueva formulación y aplicación.

Teniendo en cuenta todas estas interrelaciones se entiende perfectamente que el diseño industrial no es una disciplina que pueda aplicarse de forma inconexa, parcial y/o autónoma sino que se integra y responde, en términos genéricos, a una compleja estrategia que incluye, como ya hemos citado, a la industria, a la sociedad, a los mercados y a la economía.
Hoy el diseño viene ocupando un papel de gestión mucho más global que el de la mera proyectación. La cultura del proyecto es hoy día la cultura del progreso.
Por esta singularidad su gestión se circunscribe a las necesidades sociales y se somete totalmente a un dictamen económico y humano. Es decir, está condicionado por el mercado, la economía y el pensamiento.

Visto de esta manera el diseño forma parte de un conjunto dinámico en el que los elementos cambian a partir de las relaciones que mantienen todos entre sí. Y todos además están condicionados por factores externos. Motivo por el cual el futuro del diseño siempre es incierto y está ligado a otros ritmos. Y a la inversa; el futuro de la sociedad, la economía y los mercados está también condicionado a lo que la innovación, la tecnología y el diseño pueden plantear.

Debemos admitir, ante la complejidad que supone siempre conocer el futuro, que saber lo que ocurrirá mañana suele ser la suma de nuestros deseos, nuestra capacidad de imaginación y la realidad presente que marca el mañana. Un ejercicio de visualización que no es nada fácil si deseamos aportar un poco de coherencia.

Pero aportemos un dato objetivo e importante para el análisis, como lo es el estado actual y el camino recorrido hasta llegar aquí que está obligando a dibujar un futuro que parece necesitar romper con su historia.
Muchos ya empiezan a reconocer el momento actual cómo un momento crítico a muchos niveles. Un punto de inflexión.
Se ha constatado la debilidad y la fallida de todo un sistema en el que el diseño industrial también ha estado inmerso como parte fundamental.
Este derrumbe, provocado por el desgaste de una dinámica que venía funcionando hasta ahora, no solo nos muestra un camino erróneo en el que nos hemos visto arrastrados la mayoría sino que está obligando a plantear las bases para una nueva era.

Está dinámica, muy sintéticamente, se ha basado en el siguiente bucle:

NIVEL GENERAL

- Las sociedades más avanzadas tienden a instaurar el denominado “estado del bienestar”.
- La economía se ha basado en este “modelo”.
- La industria ha favorecido este sistema económico.
- Las clases medias son el referente de estas sociedades.
- Esta clase media es realmente el motor del mercado y la economía.
- La sociedad requiere soluciones ante sus necesidades.
- El diseño ofrece soluciones a esas necesidades.
- Esas necesidades eran la moneda de cambio del mercado.
- La economía se basaba en el mercado de esas necesidades.
- El mercado, la economía, la industria y la demanda generan el consumo.
- Se genera dinero. Se genera empresa. Se funda industria. El dinero se mueve.
- Se mejoran los privilegios de esa “clase media”.
- El mercado está obligado a crear nuevas necesidades, que no valor.
- El diseño se somete a esas falsas necesidades.
- Todo el peso de la economía se deriva a sectores no estructurales.
- Los sectores no estructurales favorecen la especulación.
- La economía se proclama como ley estructural de todo ámbito humano.
- (…)

Lógicamente toda esta “rueda” ha sido posible gracias al bienestar generado y a unos intereses creados. Una dinámica que no se ha podido –o no se ha querido- frenar aprovechando una ceguera colectiva. La abundancia y la promesa de un mundo mejor nos han puesto durante todos estos años una venda en los ojos. Una venda que la realidad se ha encargado en quitarnos de golpe.

Las consecuencias de este sistema son, entre otras muchas, la debilidad biológica y medioambiental del planeta, el agotamiento excesivo de recursos, la contaminación, la pérdida de principios y de valores, la explotación humana, el traslado de poderes y lógicamente la saturación y el posterior colapso.

NIVEL PARTICULAR DE LA IMPLICACIÓN DEL DISEÑO

- El diseño plantea esos bienes de consumo que requieren las sociedades.
- Aparecen todo tipo de industrias y empresas.
- La sociedad se mantiene mediante una economía centrada en este pilar.
- La economía empieza a soportarse en la especulación.
- El mercado necesita movimiento porque la economía así lo requiere.
- Se generan nuevas necesidades.
- La sociedad de consumo incorpora la caducidad de los bienes.
- El diseño permite la diferenciación de esos bienes (sin valor) y favorece la renovación.
- Se diseñan, se fabrican, se venden, se usan y se tiran millones de productos bajo este paradigma.
- (...)

Las consecuencias sufridas por el diseño industrial al respecto de este fallido sistema han sido principalmente:

1. El diseño se ha ido centrando en un mercado determinado y ha perdido con ello cierta generalidad y visión. Esto ha provocado cierta fragmentación de la disciplina.

2. El diseño industrial pierde profundidad y gana superficialidad.

3. El diseño se ha “autolimitado” ante el sometimiento del mercado y los intereses perdiendo, en muchos casos, su sentido y lógicamente su valor.

4. El diseño industrial ya no es capaz de aportar, bajo estos principios y procedimientos, soluciones ante la saturación del sistema.

5. Aun pudiendo aportar soluciones, ahora las estructuras industriales y económicas están mermadas.

6. El diseño mayoritario que se ha configurado durante las últimas décadas no es válido para el futuro.

7. El diseño está perdiendo su capacidad de humanización.

Las consecuencias de ambos niveles (general y específico del diseño) son tan malas como claras. El resultado del camino recorrido hasta ahora ha sido desastroso. Hemos llegado al límite –en muchos sentidos- tras haber vivido en una burbuja que nos ha mantenido aislados. Nada era tan real como parecía. Ha faltado cierta autenticidad (sin duda un valor de futuro).
No solo el sistema se ha saturado sino que esta dinámica ha puesto en peligro al planeta, al sistema y a muchas sociedades. Está claro que roto el sistema se desmorona la clase media –que ha sido su eje principal- y con ella (o viceversa) la economía y los mercados.

Y... ¿Ahora qué?

Cómo he citado antes, el diseño de hoy -el de los años de bonanza- ya no es válido ante el tsunami que nos ha barrido porque se han creado nuevas sensibilidades que demandan un cambio. Ahora parece que ya no vale todo a cualquier precio.

Por el bloqueo crediticio tampoco existe ya un volumen de dinero para mover el sistema tal y cómo lo habíamos conocido y/o concebido hasta ahora. El sector industrial sufre.
El momento actual viene también marcado por una búsqueda forzada de las empresas para salir de la crisis. Hoy esa búsqueda se define en dos únicas estrategias que conllevan dos niveles de producto y con ellos dos niveles de diseño. Son también dos umbrales de mercado que por el momento pueden coexistir en el marco de transición actual en el que nos encontramos y que además nos pueden dar las claves de futuro.
Esos dos umbrales son los que comprenden los productos que se “miden” por abajo (en precio) y los que se “miden” por arriba (calidad).
La mayoría de empresas, productos, estrategias y dinámicas se están enfocando hacía aquí como una “escapada hacía adelante”.
Este es el estado actual del mercado. Un estado que vemos reflejado en las ferias sectoriales en las que se constata, año tras año, una notable ausencia de empresas porque han tenido que cerrar. Y las empresas que aun se mantienen en pie están, por el momento, dentro de uno de estos dos umbrales.

En todo este problema los diseñadores debemos recriminarnos y reprocharnos mucho. El diseño industrial se ha sumergido de pleno en esta falacia vivida de crear presuntamente productos sin valor, destinados únicamente a satisfacer al mercado. Lo ha hecho de una forma masiva y sin un sentido objetivo. Hemos posibilitado productos muy ligados a esa clase media consumidora que demandaba, precisaba o necesitaba esos bienes por dictamen exclusivo del sistema.

Está claro que el diseño industrial no debería haber formulado este tipo de planteamientos -al fracaso actual podemos remitirnos- sino que no debía haberse ceñido a los dictámenes que la propia disciplina dispone. Un diseño coherente basado en las necesidades reales del ser humano. Un diseño con valor y humanizador. Un discurso que desde hace mucho tiempo a empezado a desaparecer de nuestro seno académico.

La salida que tiene el diseño no es seguir esclavizado y alimentar a estos dos estadios que hoy conviven; los extremos de precio y calidad. Amparados además por las denominadas “fabricas del mundo” que todos conocemos sobradamente.
La solución es plantear un futuro que, ligado también a cambios culturales, sociales, económicos (…), nos permitan establecer unas nuevas y sólidas bases para no cometer los mismos errores. A nuestro favor tenemos el conocimiento de lo que no funciona. Y por supuesto, necesitamos un diseño que sea generador de estrategias que permitan esa gestión general a la que aludía al inicio. El diseño no puede darse de forma aislada sometido a un interés puntual, sea cual sea. Debemos retomar la cultura del proyecto como progreso.

El diseño del mañana debe tener en cuenta los sentimientos y las emociones. Debe procurar un mejor reparto y adquirir nuevos compromisos y responsabilidades. Integrarse y participar en el progreso y recuperar el respeto por los recursos y el medioambiente.

Bajo un modelo de diseño erróneo las empresas han llegado, tras “la gran fiesta”, a presentar catálogos que parecen álbumes de cromos. Decenas y decenas de referencias en las que el 90% no aportan en realidad nada nuevo. Son reinterpretaciones de reinterpretaciones. Refritos. Productos vacíos.
Si somos sensatos debemos reconocer, como diseñadores, que da un poco de pena ver empresas con más de 30 años de historia que en realidad –y siendo siempre objetivos- solo se han preocupado de copiarse a ellas mismas. Sacar al mercado, año tras año, productos nuevos sin ningún sentido más allá de la intención única que presentar “novedades” de cara a plantear una “dura competencia” de mercado basada únicamente en el gusto. Un gusto además cambiante dirigido por las mismas empresas y por el mercado.

Toda esta crítica no niega en absoluto que se han hecho muchas cosas bien. Ha existido siempre un buen diseño que ha sido además muy importante durante estas últimas décadas. Los productos han llegado a niveles impensables y la sociedad ha dado también pasos correctos y gigantes. No obstante, debemos aceptar igualmente que esto supone en realidad un mínimo % porque de no ser así el mercado no se hubiera saturado y las sociedades no estarían cuestionadas.

Podemos intuir un futuro posible del diseño industrial –de los infinitos válidos que pueden existir- basado en principios muy sencillos que además se han tenido desde el inicio sobre la mesa. Un nuevo diseño que es en realidad un viejo conocido:

- El diseño industrial del futuro debe recuperar el sentido, el rigor y la coherencia.

- Todo proceso de diseño debe afrontarse para plantear soluciones a problemas surgidos de la sociedad y no solo de ciertos mercados. Este es un importante nuevo punto de vista.

- Debe utilizar el máximo nivel de tecnología existente y posibilitar además el progreso y la propia evolución tecnológica.

- Será un diseño industrial comprometido y por ello responsable con el ser humano y con el planeta. Un diseño humanizador.

- Un diseño industrial siempre justificado en base a los principios de la mejora del producto y de las sociedades.

- Todo ello amparado bajo un discurso académico nuevo y profundo.

- En definitiva un diseño que busque, por encima de todo, hacer la vida de las personas más cómoda con todo lo que entraña este sencillo objetivo.

- (...)

En términos prácticos, el diseño industrial y su estrategia de empresa y de mercado debe buscar una ruptura con lo que no ha funcionado.

El futuro de las empresas pasa por el planteamiento de productos altamente funcionales, eficientes y eficaces. Productos donde realmente se presenten innovaciones y donde el diseño industrial no se limite a aportar simple diferenciación.
Las empresas deberán ampliar esta estrategia con un mejor servicio y nuevas sensibilidades.
Reducir drásticamente el numero de referencias que suponen ser lo mismo.
Para resumir podríamos decir que la estrategia empresarial/industrial debe ofrecer menos productos pero mucho mejores. Es así de sencillo.

Cómo he dicho anteriormente, reconozco que este futuro diseño industrial es ya un viejo conocido. Esto es así porque nos hemos sometido ciegamente al sistema –los diseñadores- pero la disciplina es válida puesto que sus principios siguen permitiendo soluciones coherentes y rigurosas para ese nuevo sistema social y económico al que presuntamente nos enfrentamos.

Lo importante para reflexionar sobre el futuro de nuestra disciplina, como se ha visto, es saber que las claves del diseño industrial están fuera del diseño. También debemos tener en cuenta que muchas de estas claves no podremos controlarlas aunque deberemos estar alerta porque marcarán nuestra labor de forma obligada.
Y si la necesidad de saber lo que está por venir motiva en muchos cierta angustia, ante el deseo de no quedar desfasados, también debemos dejar dicho que lo importante no es preguntarse que papel deberemos desempeñar mañana sino hacer bien el que nos toca desarrollar hoy. Bajo esta premisa podemos estar seguros que de forma inconsciente y natural iremos modelando nuestras actitudes y formas a los nuevos tiempos que vengan.

Octubre de 2012