Aprovechar las posibilidades del Diseño Industrial en sus funciones de gestión

Hace unos días tuve oportunidad de presentar ante el Ayuntamiento de Castellar del Vallés, una localidad cercana a Barcelona que dispone de varios e importantes polígonos industriales, un borrador de intenciones para la evaluación y la consideración de la creación de un Comité Asesor Técnico-Industrial e Innovación para las PYMES. Posiblemente un proyecto complejo, sin apenas referentes efectivos, pero creo que muy necesario.

La conversación con los encargados del departamento municipal fue de lo más amena. Creo que nos sirvió a todos como medio para ilusionarnos en posibles y/o futuras soluciones. Un diálogo que motivaba emprender acciones ante la evidente problemática estructural de las PYMES.

Agradezco enormemente desde aquí la oportunidad que la administración pública local me ha brindado para exponer este tipo de ideas así como su positiva predisposición.
Tomar consciencia, reflexionar y poder compartir las inquietudes con otras personas y profesionales implicados y con poder de decisión es ya un primer paso. Quizás un pequeño paso aun. Pero un paso hacía delante para la implantación de futuras políticas de desarrollo.

El borrador de base para iniciar el diálogo y el análisis de la situación fue el siguiente:

CARTA DE INTENCIONES PARA LA CREACIÓN DEL CATII-PYMES

Debemos considerar que el diseño industrial en funciones de gestión tiene muchas capacidades que explotar y debemos explorar todas las alternativas posibles porque es probable que encontremos la clave para solventar esta dura etapa de incertidumbre.
Somos muchos los que dependemos de las PYMES y por ello no podemos dejarlas a la deriva sin intentar aportar nuestras ideas.

De las crisis se sale mediante el esfuerzo de todos, más de ésta que nos acontece desde hace años y a la que no se le ve un final. Cada uno debería aportar, en función de sus propias posibilidades y responsabilidades, todas las soluciones posibles a favor del beneficio de todos. Y es emprendiendo este camino que surge la idea que motiva esta consideración.

No disponemos actualmente de una solución perfecta para activar la dinamización de las empresas pero está claro que éstas necesitan nuevas y más efectivas dinámicas estructurales y que desde el diseño industrial algunas pueden empezar a plantearse.
Es también desde el diseño industrial que se advierte con meridiana claridad la falta de una estructura (ya sea pública o privada) que pueda responder a las necesidades de las PYMES en este sentido.
En cualquier caso, podamos extraer directamente una solución o no, debemos considerar que abrir un diálogo y/o el debate con nuevos puntos de vista al respecto de la competitividad de las PYMES siempre es bueno e indudablemente siempre podremos extraer conclusiones y nuevas ideas.

Esta necesidad de nuevos planteamientos para la industria y el desarrollo no está estrictamente basada en la crisis actual sino que desde siempre (ya desde las etapas anteriores de bonanza económica) deberían haberse aportado las suficientes herramientas como para amortiguar este tipo de situaciones actuales. No ha habido previsión.
Podemos pensar que quizás ahora es el momento. El cambio de ritmo y de consciencia general así parecen imponerlo.

Tomemos la crisis como una excusa ideal en la que apoyarnos para tener la oportunidad, no solo ya de instaurar estos nuevos planes que la gestión del diseño industrial puede brindar en el seno de las PYMES sino que, aprovechando la ausencia existente, ahora podemos plantearlos desde las bases. Ahora podemos aplicar soluciones que, basadas en lo acontecido, nos permitan disponer de cierta previsión y evitar que en el futuro vuelvan a repetirse ciertos errores.

Podemos afirmar con seguridad que esta carencia ha incidido de forma directa sobre la situación de las empresas agravando los problemas.
Es cierto que en mayor medida el resultado de la situación actual responde principalmente a una crisis financiera pero este desamparo ha restado todas las posibilidades que debían haber permitido hacer frente a la crisis con mejor predispocición e incluso seguir creciendo.
Por decirlo de otra manera, si las PYMES hubieran dispuesto de un agente asesor de perfil técnico-innovador (que puede hallarse dentro de la disciplina del diseño industrial) al que poder acudir de forma regular ante sus inquietudes, seguramente el grado de afectación hubiera sido otro. O eso debemos imaginar desde el sentido común.
Por otra parte las empresas, a través de este canal, hubieran podido disponer de posibilidades, alternativas y soluciones siempre actualizadas a los problemas de mercado e incluso resistir los encontronazos resultantes de las circunstancias más coyunturales.

Como diseñador industrial he tenido oportunidad de compartir ilusiones, retos y proyectos tanto para grandes empresas y/o multinacionales como para empresas más pequeñas. Este papel lo he desempeñado como profesional liberal y como jefe de algunos departamentos técnicos, diseño e innovación de varias empresas privadas de Castellar del Vallés. Esto me ha permitido disponer de una visión privilegiada.
Así que profesionalmente he estado muy relacionado con el sector industrial durante más de 13 años. A lo largo de este tiempo y bajo la convicción de que el diseño industrial debe siempre aportar soluciones, efectividad y rigor me he ido especializando, no solo en el desarrollo de productos propiamente dicho, sino que he ido adquiriendo una enorme capacidad de gestión que me permiten desempeñar labores de optimización de recursos y medios buscando los mejores resultados posibles.
Esta dualidad profesional me ha hecho entender que la problemática de ambos sectores, el de las grandes empresas y el de las PYMES, es bien distinta o así lo era antes de la dura crisis que azota el sistema.

Las empresas más grandes disponen aun del dinero suficiente para invertir. Lo hacen de “forma presupuestaria”, es decir que año tras año las empresas estudian las diferentes partidas presupuestarias y destinan a cada departamento los porcentajes y partidas que consideran oportunas en relación a las previsiones de lanzamiento de nuevos productos, recursos, comercialización, beneficios, facturación, etc…
Es cierto que dentro de este grupo específico de las grandes corporaciones la política de inversión para el diseño industrial ha variado también en los últimos años y si hace un tiempo las inversiones eran siempre consideradas como tal, hoy todo lo relativo a los nuevos proyectos se deriva y se computa como gasto. Es decir, que todo el dinero invertido en los nuevos desarrollos se incorpora al propio coste del producto. Son empresas que suelen tener directivas y procedimientos de I+D+I algo específicos.

En el ámbito de las PYMES (en el que debemos centramos realmente) la cosa funciona de forma muy diferente. No existe, en la mayoría de los casos, una estructuración presupuestaria de forma rigurosa y las partidas económicas se van derivando habitualmente "sobre la marcha" y siempre en función del estado de la propia empresa y su condición económica.
Obviamente el hecho de carecer de una política de inversiones destinadas a desarrollo y/o a diseño industrial no solo resta posibilidades y desgasta la capacidad de plantear estrategias de crecimiento sino que además demuestra que en el seno de esas empresas no se estructuran adecuadas políticas de I+D+I puesto que si existieran siempre estarían sujetas a ciertas previsiones de inversión, como es lógico.

Dejando de lado en éste análisis concreto a las grandes empresas y multinacionales que presentan menores problemas y suelen tener muy bien estructuradas sus políticas de I+D+I, el objetivo es centrarse en las PYMES. Son empresas que configuran y conforman el auténtico tejido industrial. Un sector que tiene además gran incidencia e influencia social directa por el elevado número de puestos de trabajo que genera y porque, distribuidas en la mayoría de polígonos industriales de la mayoría de pueblos y/o ciudades, las PYMES son las que favorecen más el crecimiento y la creación de riqueza directa de estos núcleos urbanos y/o rurales. Permiten a su vez la programación de infraestructuras con el fin de facilitar el transporte, generan por inercia más trabajo y dibujan nuevos entornos urbanos de los que disfrutamos realmente todos.

Debemos tomar consciencia de la importancia que supone el cuidado de las PYMES. Atendiendo esta premisa estamos también, de algún modo, mejorando las ciudades, los pueblos y por extensión la propia sociedad.

Durante las tres últimas décadas el mercado (marco de actuación de las empresas) ha estado sometido a grandes cambios. Unas veces han sido provocados por el propio mercado y su natural evolución y otras por agentes externos, siempre relacionados, como pueden ser los cambios sociales, tecnológicos, políticos y/o económicos.

Analizando la evolución de estos mercados el hecho más notable que podemos confirmar es que poco a poco la incipiente, hoy ya podemos decir que totalmente establecida competencia asiática principalmente, sumada a esta latente falta de innovación ha ido desgastando y restando enormes posibilidades a las empresas locales.
Ha sido una erosión lenta pero incesante que ha originado una gran pérdida de oportunidades para todas aquellas empresas que no han dispuesto de estrategias con las que hacerles frente, como es el caso que nos ocupa.
Esta confirmada falta de previsión y de soluciones ha derivado en una gran pérdida de cota de mercado por la falta de competitividad de sus productos. Sus ventas han caído alrededor del 60-70 % colocándoles ante una delicada situación económica que para muchas industrias está al borde de la insostenibilidad, de ahí la importancia y la urgencia de plantear e instaurar nuevas políticas.

Esta “mala praxis” endogámica, la omisión de planes de desarrollo y/o el desconocimiento de disciplinas como el diseño industrial y otras políticas se suma durante los últimos años al resto de factores coyunturales formando esta peligrosa bomba de relojería en la que estamos sentados.
Tampoco hemos sabido ver las nuevas puertas que se nos abrían con los nuevos planteamientos ecológicos y sostenibles que hubieran permitido al menos nuevas visiones y posibilidades.

Es cierto que hace unos años el mercado, inmerso en una época de bonanza general, era permeable a la mayoría de precios y productos. Primaban valores como la calidad y el servicio. Y porque no decirlo, se admitía una cierta especulación que se suplía con el buen momento económico del que gozábamos la mayoría.
El mercado se movía, el dinero circulaba, las empresas crecían y se lograban elevados beneficios. No podemos olvidar que el sector bancario entró en el juego e inyectó sin muchos miramientos, mediante créditos y créditos, ingentes cantidades de dinero que en realidad poco sirvieron, visto lo visto, para mejorar y/o modernizar las empresas u optimizarlas.
Esta coyuntura social y económica provocó una cierta ceguera en las empresas que impidió que se reinvirtieran, en la mayoría de casos, los beneficios logrados buscando mejoras, una mayor competitividad y una subsistencia garantizada a medio-largo plazo.
Las PYMES han pensado muy a corto plazo y eso es contrapuesto, por concepto, a la integración de un pensamiento de espíritu más innovador.
Podemos estar seguros que las PYMES tienen gran parte de responsabilidad pero lamentablemente no podemos recriminarles moralmente mucho:

¿Por qué debían preocuparse si parecía que esta estupenda situación no tenía fin, verdad?.

A pesar del reconocimiento de esta implicación irresponsable estamos en la obligación de aportarles soluciones para disponer de un futuro mejor.

Hoy, en una sociedad asfixiada y desprovista del apoyo bancario, los mercados mucho más empáticos solo son capaces de absorber productos basados principalmente en costes. Por esta razón es tan importante que los productos, en su totalidad sean del tipo que sean, contemplen al diseño industrial y a las políticas de I+D para establecer la máxima optimización así como incorporar valor añadido e innovación.
Deben implementarse rápidamente este tipo de procesos de desarrollo para enfocar con éxito y garantía un resultado competitivo que permita hacer frente a la citada anteriormente competencia. Una competencia *desleal.

* Entiéndase que me refiero a la competencia como desleal desde el punto de vista y el análisis de que esas producciones están sometidas a la más absoluta impunidad reguladora industrial. Las empresas asiáticas suelen aprovechar y explotar una mano de obra mal tratada y mal pagada y gozan además de enormes privilegios fiscales y apenas imposiciones industriales. Por si fuera poco plagian productos de éxito ahorrándose las inversiones que otras empresas han derivado en I+D.
Todo ello hace que el baremo de medición competitivo sea imposible de aplicar ya que en Europa las empresas están estructuradas en base a una regulación muy exigente y además sometidas a grandes cargas fiscales.

Si hace unos años “todo” estaba permitido en el seno de las PYMES porque los mercados “todo” lo procesaban, en los nuevos tiempos que se avecinan el pensamiento debe de variar. Las PYMES deben evolucionar, reconocer los errores cometidos y dejar atrás una época que seguramente no volverá. Está claro que deberán forzosamente adaptarse a los nuevos cambios y las nuevas reglas de juego si quieren subsistir.

Las empresas deben ser más coherentes y someterse a un estricto planteamiento de I+D+I. Esto no quiere decir, tampoco debemos auto-engañarnos, que esta sea la única salida garantizada pero si que es cierto que mediante estas herramientas y una correcta gestión de diseño podemos, de forma objetiva, vislumbrar y/o controlar mejor ciertos niveles de éxito.
Es hora de que las PYMES se miren en el espejo de las grandes empresas. Esas que han creído siempre en los planteamientos innovadores y las políticas de I+D+I y que hoy están soportando mejor la crisis.
Las PYMES deben mirar hacia un futuro mejor y lo deben hacer aprendiendo a disponer de cierta capacidad de adaptabilidad.

Es posible que el razonamiento aquí expuesto sea erróneo, no lo negaré. He de reconocer que esta visión no está basada en estudios profundos sobre la industria y los mercados. Y que este pensamiento no se ha estructurado en base a estadísticas, casos de estudio y/o detallados informes. Este criterio se ha fundamentado básicamente en la propia experiencia directa y el trato diario y sincero con los empresarios, los trabajados y las PYMES.

Aun cayendo en el error de ofrecer una visión deformada no podrá negarse que esta experiencia personal ofrece información de primera mano y nada adulterada que muestra que las PYMES no “conocen” la existencia de ciertas disciplinas profesionales.
La gran mayoría no incorporan ni al diseño industrial ni a otras disciplinas y/o servicios para establecer con las garantías la competitividad de lo que producen.
Recursos que les permitirían analizar su propia gestión industrial y/o posibilitarles visiones en los entornos de I+D+I.

Es importante reiterar que al margen de este evidente desconocimiento que las PYMES pueden tener sobre este tipo de servicios, lo que queda sobradamente comprobado es la inexistencia de un agente y/o estamento, ya sea público y/o privado como se ha dicho, que pueda llegar hasta las empresas con el fin de asesorarles al respecto de manera efectiva o en su defecto poner sobre su conocimiento la existencia de este tipo de gestiones.
Podemos pensar en un organismo, grupo, departamento, llámese como se quiera, que permita que las empresas puedan trasladar y centralizar sus dudas, problemáticas y/o inquietudes siempre en el entorno de la industrialización, el desarrollo, la optimización, la mejora constante, la gestión del diseño y la implantación de un I+D+I que permita ofrecerles, no ya solo un futuro mejor sino por encima de todo unas mejores perspectivas y unas renovadas ilusiones.

Muchos pueden coincidir al decir que ya existen este tipo de instituciones como podrían ser los colegios y/o las asociaciones profesionales u otras, pero éstas no solo suelen focalizar en exceso los recursos trabajando normalmente bajo el amparo de una única disciplina sino que, hoy por hoy, debemos reconocer que están mal gestionadas y solo se preocupan de su propio “auto-bombo” y de la promoción exclusiva de un selecto grupo de empresas amigas y afines a las directivas. Se ha demostrado, ya no solo en la circunscripción autonómica de Cataluña, que este tipo de organizaciones no funcionan en ningún lugar del país. De hecho deben normalmente unirse para realizar ciertas peticiones de conjunto al estado de tal forma que puedan disponer de más fuerza.

No podemos negar además que hemos llegado a un punto social, económico, industrial y general en el que debemos empezar a poner bases que sean lo suficientemente sólidas tanto para salir de la situación como para sortear lo que nos pueda acontecer en el futuro. De ahí la importancia y la propuesta que con esta carta se demanda a estudio y consideración al respecto de la creación de un “comité asesor técnico industrial para las PYMES”. La actuación no puede ser un simple parche. Debemos abogar por soluciones estructurales de futuro ajustadas al nuevo cambio de consciencia.

Para acabar es importante comentar, desde la más absoluta sinceridad entendiendo que este tipo de ofrecimientos puedan resultar algo pretenciosos, que el motivo de fondo no es otro que el estar convencido de que, en medida de las posibilidades del diseño industrial y su gestión, pueden aportarse ciertos elementos totalmente válidos para la mejora del sistema industrial de las PYMES locales.

Muchas veces los seres humanos no exponemos nuestras ideas libremente porque no las tenemos estructuradas, bien definidas y/o debidamente atadas. Esto, sumado muchas veces a nuestra propia falta de confianza, hace nacer en nosotros cierto temor a que las ideas se entiendan como absurdas y muchas veces, por no decir la mayoría, preferimos callarnos.

Pero ahora toca hablar. Callar no mejorará la situación. Así que solo puedo decir que desconozco si lo que se expone es o no factible, ni los recursos que habría que derivar si lo es, si tiene realmente interés o si aporta verdaderamente algo novedoso. En cualquier caso el hecho de plantear una idea es ya darle una oportunidad a la propia idea. Y las ideas, para que acaben siendo realidades, deben siempre empezar por hacerse públicas.

Muchas gracias por la oportunidad de expresar las ideas y por la consideración de la propuesta.

Jose Manuel Mateo Hernández
Diseñador Industrial

Noviembre 2011