Los rasgos de un diseño como recurso para el desarrollo


5. El Diseño en la historia

Aunque a muchos se lo pueda parecer en realidad no he hablado de nada nuevo. Así que este diseño al que tanto me refiero -de forma teórica- no es un diseño que nos tengamos que inventar porque es un diseño que ya existe.
Es un diseño industrial que seguramente os es a todos muy cercano y está muy vigente, aunque el caos académico actual del diseño, por lo menos en algunas zonas de Europa y muy especialmente en España -no se si será vuestro caso- no logre conectar nuevamente con él.

Descubriendo entonces que este diseño es un viejo conocido y que por esta razón nos evitará el enorme esfuerzo de organizarlo, lo primero que tenemos que hacer es situar y/o localizar históricamente este diseño para ver como ha llegado hasta nuestros días y si sigue teniendo validez para este propósito de futuro que nos ocupa; el desarrollo social.

Empecemos.

Situar el nacimiento del diseño desde un punto de vista histórico ha sido, o está siendo desde los últimos años, una difícil tarea para los historiadores especializados. Y lo es por la generalización que se aplica al diseño y por la simplificación que de él también se realiza.

Existen incluso voces que relacionan al diseño directamente con la innata capacidad creativa que posee el ser humano para resolver ciertos problemas mediante la creación de artefactos.
De esta forma, viene existiendo incluso una doctrina que defiende que el hombre siempre ha sido diseñador o lo que es lo mismo, que el diseño siempre ha estado implícito en las actividades creativas del hombre. Y ya desde la primera talla paleolítica de una piedra de silex, convertida así en herramienta para preparar la carne y/o separar las pieles de los animales, el hombre actúa como diseñador.

Es cierto que la historia humana viene regida por esta constante relación del ser humano con su entorno, con la clara finalidad de modificarlo y hacerlo suyo. Ya desde esa piedra tallada de silex, la modificación de pieles para transformarlas en ropaje, la creación de armas con las que mejorar la caza de animales, la realización de recipientes para guardar el grano y/o los líquidos, los primeros utensilios, la rueda, los primeros carros y aperos de labranza (…)

(…) Y si vamos revisando así todos los periodos históricos, veremos que el diseño, bajo ese concepto tan genérico, está siempre presente y, no solo nos acompaña en nuestra evolución sino que ha venido marcando nuestro propio destino.


Pero avancemos mucho más rápidamente en el reloj de la historia. Hasta hace bien poco, aunque no tengamos tiempo para profundizar en ello, aceptamos que la capacidad creativa del ser humano -llamada o no diseño- le ha provisto de un entorno artificial menos hostil que le ha ido haciendo la vida más fácil. E incluso muchas veces más difícil, porque no decirlo.

El hombre ha aprendido a no ir descalzo, a plantear armas para defenderse de sus depredadores, a crear utensilios con los que cocinar y mejorar su alimentación, a fabricar barcos con los que descubrir el mundo y un sinfín de artefactos que derivaban, hasta hace apenas unos siglos, básicamente de procesos artesanales.

Pero, ¿es correcta esta valoración definitoria del diseño? y lo que es más importante; ¿Es este el diseño capaz de establecerse como recurso para el desarrollo de las sociedades modernas?

Como podéis imaginar mi respuesta es no. Personalmente no comparto esta acepción tan ancestral y genérica del diseño. Sencillamente porque como disciplina -es decir, amparado bajo ese necesario discurso intelectual del que ya hemos hablado- no está presente hasta finales del S. XIX y primera mitad del S. XX. Y porque además se me hace enormemente difícil reconocer que este diseño naciera como un recurso efectivo y premeditado.
Creo más bien que esta acepción del término nos habla de la capacidad creativa del ser humano vs su propia supervivencia. Algo que lógicamente no negaré.

Deduzco que este tipo de acepciones están más próximas al reconocimiento de una serie de valores, que si bien pueden estar implícitos en el diseño de hoy (quizás aquí nace gran parte de la confusión) por si solos no conforman el diseño como disciplina y mucho menos como pensamiento.
Esto hay que remarcarlo porque el mundo académico del diseño a veces también mira en exceso –y hoy está pasando- a este diseño ancestral y otorga, en muchas ocasiones, más crédito a la creatividad del diseñador que a su capacidad analítica e intelectual, cometiendo el error de potenciar las enseñanzas desde estos aspectos mediante planes académicos más artísticos, por ejemplo. Un enorme error que incide negativamente en el propósito de formar a profesionales que se encuadren en el diseño del que hoy estamos hablando.

Podemos reconocer las bondades de la creatividad, la inventiva, la artesanía, la necesidad humana histórica de hacerse con instrumentos para hacer más fácil la vida cotidiana, la construcción de artefactos y la creación de herramientas con las que el hombre históricamente a evolucionado (…) y un sinfín de aspectos más pero que, por si solos y ausentes de toda intención, no podemos llamarlos diseño porque carecen de un sentido disciplinario y sobre todo de objetivos definidos previamente. Son aspectos carentes de ideología. Entiéndase aquí ideología nuevamente como los discursos intelectuales de la disciplina del diseño a favor de la sociedad.

Si seguimos avanzando en la historia, y a pesar de que posiblemente todos compartiréis conmigo que esta capacidad humana no puede llamarse rigurosamente diseño, no es menos cierto que esta barrera parece diluirse de forma más peligrosa a partir de la revolución industrial y delante de una artesanía que ha venido adquiriendo hasta este punto histórico, no solo más peso, importancia e incluso un considerable valor comercial, sino que empieza a generar también toda una nueva corriente de pensamiento.

Y aquí es donde se produce el punto de inflexión -objetivo y casi palpable- que tenemos que tomar como referencia clave. Un punto que marcará un antes y un después para denominar a una determinada capacidad creativa del hombre; DISEÑO. Un DISEÑO en mayúsculas que permite adecuar e integrar toda la argumentación realizada hasta el momento.

No es hasta el S. XIX con las posibilidades que viene ofreciendo la revolución industrial que el diseño empieza a gestar un pensamiento propio y exclusivo que se enfrenta totalmente al discurso que hasta ahora había mantenido la artesanía.
Y si la artesanía se caracterizaba principalmente por presentar procesos estáticos de “prueba y error”, dónde el control (la metodología) es sustituido por la destreza, unas aptitudes especiales y la reiteración “automática”, y por ello es totalmente inservible para nuestro propósito (cabe recordar que no es otro que articular un proceso que garantice el desarrollo social equilibrado) será ahora el diseño, canalizado por un proceso teórico y dinámico que se fundamenta en objetivos previos, el que nos ofrecerá, a partir de este punto, una nueva herramienta para el progreso. E incluso especificaría que para el “progreso controlado” porque hasta entonces, la capacidad creativa del hombre, de la que no reniego, solo nos había ofrecido “evolución de supervivencia” más que un cambio premeditado dibujado por la visualización de una nueva sociedad.
Será entonces, a partir de esta nueva fórmula creativa, intelectual y técnica, apoyada además totalmente en la industria, cuando encontramos una enorme aceleración del desarrollo humano general y con la que empezamos realmente a producir la mayoría de los avances humanos.

Puesto que todos sabemos historia del diseño, y porque me estoy extendiendo sobremanera y aun me queda que hablar sobre metodología, que es realmente a lo que habéis venido, estoy seguro de que sabéis que aludo a la doctrina de la BAUHAUS y a todas sus secuelas intelectuales, cuando me refiero a este diseño incipiente que viene regido por una ideología muy clara y precisa de marcado perfil social.
Es cierto. Ese es el diseño que, históricamente, sería la raíz y estaría más cercano a convertirse hoy también, paradójicamente a lo que muchos podrían pensar, en un recurso para las sociedades.
Si lo analizamos bien sigue presentando la mayoría de los rasgos necesarios de los que hemos estado hablando y me aventuraría a decir que él mismo se convirtió en una herramienta crucial para el desarrollo de las sociedades de la Europa del S.XIX y XX.


De esta manera, lo que quiero decir para finalizar este bloque de mi reflexión, es que debemos –debéis- académicamente hablando (y le traslado esta responsabilidad directamente a vuestros profesores, directores, escuelas y universidades) articular todo un discurso teórico propio que, basado en estos u otros rasgos, os permitan moldear un diseño específico que os sirva para vuestro propio desarrollo como sociedad y comunidad particular. Lograr encontrar vuestra identidad como dominicanos y dejarla también plasmada a través del diseño.
Por este motivo, si yo hoy os he podido dar alguna pista o bien mi diálogo interno os puede servir en el futuro para articular el diseño que necesitáis como sociedad, me habré dado mucho más que satisfecho. Por el contrario, si tenéis claro que el diseño que necesitáis no tiene nada que ver con este que yo hoy os he intentado mostrar, solo me queda que agradecer vuestro respeto y la educación con la que me habéis tratado.

De verdad, muchas, muchas gracias a todos.

Quisiera decir una cosa antes de pasar al último bloque. Soy muy consciente del peso que seguramente la artesanía tiene en vuestra vida como diseñadores y en vuestra sociedad. No me gustaría que creyerais que con mi discurso infravaloro estos procesos y/o ciertos sectores minoritarios. En absoluto. De ellos aprendo constantemente y considero que debemos aprender todos y mirar de incorporarlos –como diseñadores industriales- si creemos que tienen un peso real para el desarrollo.
Pero si que tenemos que tener muy claro que bajo estas dinámicas más ancestrales y siempre en contraposición del diseño, hemos evolucionado a un ritmo mucho más lento como sociedad y sobretodo de forma más desigual.