Los rasgos de un diseño como recurso para el desarrollo


1. La toma de consciencia

Y añadiría: “Para el desarrollo de las sociedades”. Es importante porque debemos intentar que el beneficiario del desarrollo seamos todos, no solo un sector y/o un contexto específico, sino todos.

Personalmente pienso que el desarrollo de cualquier sociedad –hoy- puede estar planificado. Es decir, en la actualidad el progreso social se podría trazar con anterioridad en base a unos objetivos que nos dibujarían posteriormente todas las estrategias y/o las acciones necesarias que habrían de permitirnos, no solo llegar a ese fin concreto sino analizar también objetivamente el nivel alcanzado.

Creyendo en esta posibilidad, no cabe duda de que este desarrollo se realizaría obligadamente desde la complicidad y el trabajo conjunto de la totalidad de los agentes y recursos implicados, tales como los sociales, los políticos, los industriales, los tecnológicos y lógicamente los económicos.
El diseño adaptado a esta estrategia debería ser enormemente receptivo y la clave estaría en no encerrarnos en nosotros mismos -ni como diseñadores ni como sociedad- porque caeríamos en nuestras propias limitaciones, ya sean éstas culturales, materiales y/o de otro tipo. El aislamiento es siempre una barrera insalvable que restringe considerablemente la capacidad de innovación, algo básico para el desarrollo.

Bajo esta certeza estamos lógicamente obligados a mirar al exterior y a empezar a reconocer –y sobretodo aprovechar- que el mundo es cada vez más pequeño y que el mercado no es solo interno, ni es tampoco ese monstruo que lo devora todo sino que es también un medio para generar riqueza y progreso. Entendamos que podemos mantener nuestro carácter y personalidad cultural estando integrados en un flujo más general. Y que un mercado global supone ser una oportunidad única de generar mejoras locales y prosperidad interna. De hecho, que yo esté ahora mismo en España hablándoos por videoconferencia demuestra lo pequeñas que son las distancias y la enorme facilidad con la que podemos transmitir conocimiento.

Así que si existen caminos que nos pueden llevar a un cambio social y éstos se pueden recorrer de forma consciente, imaginando y planteando nuestro propio destino, considero que es inteligente hacerlo. Y para ello deberemos proponer las herramientas y las acciones necesarias que, como sociedad, nos han de servir para alcanzar ese futuro.

Estas acciones son entre muchas otras; fomentar políticas activas para favorecer la industria (en caso de no tener desarrollado el sector, apostar por este valor estratégico), mejorar la fiscalidad para las empresas y el desarrollo, apostar por una enseñanza de calidad que tenga como finalidad la integración de los profesionales en la realidad actual, adquirir la capacidad de análisis de los recursos propios y foráneos, mantener constantemente un diálogo abierto entre los estamentos formativos, la industria y los agentes económicos (tanto privados como públicos) que tengan como eje principal la investigación, derivar esfuerzos a la implantación de dinámicas de I+D +I, incentivar ayudas para los emprendedores…. y un largo etcétera.

Lógicamente, una de las múltiples herramientas estratégicas de cambio es el diseño. Algo que Imagino que nos afecta directamente a todos los aquí presentes. Pero… Existe un pero… Este diseño debe de tener implícito en sus “genes” estas intenciones de cambio.
Este es pues, uno de los rasgos principales de un diseño industrial que tiene como finalidad actuar como recurso para el desarrollo de la sociedad.

Puede parecer absurdo el hecho de crearse conscientemente una intención pero no lo es. La intención es una aceptación consciente que nos ofrece una finalidad y una actitud. Y sobre ellas dos se establecen unas determinadas formas de trabajar y de pensar. Es decir, de diseñar.
Sobre esta consciencia se construye también, como veremos más adelante, uno u otro carácter disciplinario o lo que es lo mismo; cierta ideología, que es otro de los grandes rasgos de este diseño.

Así pues, someterse conscientemente a una estrategia intencionada para desarrollo, donde otros factores, agentes y recursos (de todo tipo) se interrelacionan entre si y con nosotros; los diseñadores, nos obliga a aceptar que diseñaremos de una determinada manera que, no solo va más allá de nuestra subjetividad como diseñadores sino que ha de cambiar nuestra propia visión para adaptarla a un enfoque mucho más general. Reiteremos la necesidad de no aislarse.

Este es un diseño que precisa de garantías porque formamos parte de un conjunto de acciones y nuestro trabajo influye directamente en los resultados de ese conjunto.
Estas directrices para alcanzar el éxito, que marcan estas necesarias garantías que debe presentar este diseño, las encontramos centralizando todas nuestras soluciones de diseño hacía un mercado real con necesidades reales (no especulamos con el diseño. Pensemos cuantos planteamientos no alcanzan sus fines porque realmente no se necesitaban y han acabado resultando ser procesos infértiles) y mediante el soporte de la industria que nos ha de permitir, por un lado alcanzar las máximas cotas de calidad y homogeneidad –estándares de la globalización a la que aludíamos antes- y por el otro, disponer de la posibilidad de controlar los tiempos, los costes y la calidad porque estaremos sometidos al mercado y a una evaluación permanente.


Necesitamos la complicidad del mercado porque nadie puede negar que un diseño que no vende, por mucho que se pueda decir, no genera ni interés, ni beneficio, ni –por supuesto- cambio. O lo que es lo mismo; desarrollo y/o progreso. Por lo menos en los tiempos y en los resultados previstos.