DISEÑO INDUSTRIAL

“Es trabajo de los diseñadores hablar de diseño” (Tomás Maldonado).

Cómo todos sabemos en el mundo del Diseño definir conceptos es a veces una tarea ardua porque se utilizan definiciones constantemente de forma errónea y se diluyen las fronteras.
No hace falta poner ejemplos, solo basta con pensar cuantas veces utilizamos u oímos de forma diferente y con significados también diferentes, palabras como creatividad, lenguaje formal, proceso, concepto, estética, metodología, innovación y Diseño. Podemos ser conscientes de que en la mayoría de los casos son palabras utilizadas como comodines que valen para nombrar muchas cosas pero para no decir nada. Es muy posible que esto se produzca porque se desconoce en realidad lo que significan esas palabras.

Incluso en lo más esencial, como es la propia definición de DISEÑO INDUSTRIAL, aun no existe pleno consenso y se acumulan cientos de definiciones, a cual más imprecisa.

Partiendo de esta premisa muchos de nuestros razonamientos teóricos (el de los diseñadores) han sido en parte inútiles o carecen de sentido real y esto sucederá hasta que no se logre establecer de forma consensuada el significado de nuestras más cercanas herramientas intelectuales de trabajo.

Por desgracia la mayoría de profesionales nos hemos centrado y concentrado, y lo seguimos haciendo, en la praxis del Diseño sorteando normalmente la teoría, pese a que paradójicamente desde siempre la hemos demandado de forma efusiva, quizás con la convicción de que es el único medio intelectual, o por lo menos objetivo y racional, que nos ha de permitir una estructuración definitiva de la disciplina y todos sus componentes.

A lo largo de los años muchos han sido los esfuerzos teóricos por intentar lograr acuñar una definición única y precisa del término “Diseño Industrial”, mientras tanto y al margen de este debate teórico, nuestra disciplina ha ido avanzando adaptándose a lo largo de las décadas a todos los periodos históricos, industriales, intelectuales y sociales que se han ido sucediendo.

En este devenir de los tiempos, y aunque la disciplina sigue avanzando y “actualizándose” (tómese esta expresión extrapolada de la informática y entendida bajo ese mismo concepto que define perfectamente el proceso de cambio sufrido, ya que el Diseño va incorporando “parches” que le permiten estar actualizado y operar en un sistema cada vez mucho más complejo) aun no hemos resuelto la gran definición y el debate aun sigue sorprendentemente abierto.

Apostemos por un primer punto de partida lo suficientemente solvente y consideremos válida -por lo menos, reitero, como un buen punto de partida- la propuesta de Tomás Maldonado de 1961 que es una de las definiciones más generalmente aceptada y además avalada por el ICSID (Internacional Council of Societies of Industrial Design) que dice así:

“El Diseño Industrial es una actividad proyectual que consiste en determinar las propiedades formales de los objetos producidos industrialmente. Por propiedades formales no hay que entender tan sólo las características exteriores, sino, sobre todo, las relaciones funcionales y estructurales que hacen que un objeto tenga una unidad coherente desde un punto de vista tanto del productor como del usuario, puesto que, mientras la preocupación exclusiva por los rasgos exteriores de un objeto determinado conlleva el deseo de hacerlo aparecer más atractivo o también disimular sus debilidades constitutivas, las propiedades formales de un objeto son siempre el resultado de la integración de factores diversos, tanto si son de tipo funcional, cultural, tecnológico o económico.”

Realmente cabrían ciertas puntualizaciones que enriquecerían aun más la definición como por ejemplo añadir el factor emocional y/o comunicativo al Diseño. Y cómo no, para dar la importancia que se merece a la metodología, decir que:

“El Diseño es una actividad proyectual que se materializa en una solución normalmente innovadora, contexturizada en el futuro pero determinada siempre con anterioridad, que se sirve de una metodología objetiva para hallar con garantías las mejores soluciones a los problemas planteados.”

Y no podemos dejar de lado que la disciplina debe, por norma general, innovar. Además esta innovación debe entenderse siempre en términos futuros.
El Diseño es ciertamente inútil si no plantea siempre, o así debería ser, soluciones de futuro porque solo éstas son (sean aceptadas o no por la sociedad y el mercado. Ese es otro tema) realmente novedosas y han sido generadas normalmente ante una nueva necesidad sea del tipo que sea.
Esta vital constante de futuro, que da finalidad lógica a la disciplina, es la constante que podemos controlar mediante una estricta metodología de Diseño.

Los profesionales del Diseño industrial debemos ser capaces de trabajar desde el pasado y el presente para generar siempre opciones de futuro trabajando con ciertas nuevas variables proyecto tras proyecto. Por ello más que dejar que la subjetividad o el sentimiento libre guíe nuestro trabajo nos sometemos siempre a un proceso riguroso que debe garantizar nuestros objetivos. Está claro que nos referimos a la metodología de Diseño.

Esto ya lo reflejaba perfectamente Bernhard E. Bürdek cuando exponía que "el Diseño es una actividad que se relaciona con las nociones de creatividad, fantasía, inventiva e innovación técnica predominando (erróneamente) muy a menudo entre el público la idea de que el proceso de Diseño es una especie de acto de creación de tal modo que el denominado “nuevo Diseño”, tanto tradicional como experimentalmente, está subordinado al talento del artista".

Y decía con sincera rotundidad, evidenciando la realidad, que "el Diseño de productos u objetos no tiene lugar sin embargo en el vacío, como si fuese una combinación libre de colores, formas y materiales sino que todo objeto de Diseño se ha de entender como el resultado final de un proceso de desarrollo, cuyo rumbo está marcado por diversas condiciones, no solo creativas, así como por decisiones.
Las transformaciones sociales y culturales, el contexto histórico y las limitaciones de la técnica y la producción, desempeñan un papel de igual importancia que los requisitos ergonómicos, sociales o ecológicos, que los intereses económicos o políticos, o las aspiraciones artísticas".

Y concluía acertadamente diciendo que "dedicarse al Diseño implica siempre reflejar en él las condiciones bajo las que surgió. Así que debemos dar por entendido que las soluciones finales siempre han sido planteadas previamente en un tiempo presente"

Así pues podemos afirmar y validar dos cuestiones importantes:

- El Diseño se desarrolla bajo una metodología objetiva que tiene como finalidad garantizar y plasmar soluciones de futuro, y por lo tanto en mayor o menor medida innovadoras.

- El Diseño se aleja radicalmente del arte, acercándose mucho más a la ciencia, porque tiene una función que le da sentido, porque incorpora un proceso analítico-objetivo que ha de derivar una solución planteada previamente y porque su resultado siempre puede y debe justificarse y cuantificarse.

Entonces aquello mismo que da sentido al Diseño, su propia metodología, es además el elemento real que lo separa del arte dando por acabado, por lo menos bajo este pensamiento, el eterno dilema de si el Diseño es arte o no. Un debate que en realidad solo puede darse en este marco borroso de carencia de significados, a los que se aludían al principio, y que es el contexto que les conviene enormemente a muchos “pseudoprofesionales y/o artistas” que se han ido “colando” constantemente en nuestra disciplina.

Solo a partir de una teoria solvente y una clara definición de nuestras “palabras de uso cotidiano” podremos proteger y garantizar nuestra disciplina; el Diseño Industrial.

Si te interesa disponer de una definición más precisa y completa del diseño industrial puedes acceder desde aquí

En 2015 se ha producido una nueva actualización de la definición oficial del diseño industrial por lo que considero importante, para todos aquellos que os intersáis por estos temas teóricos, que dispongáis de ella. Aquí la nueva actualización.