Un cierto tipo de Diseño Industrial y de diseñador industrial


Pero, ¿Por qué explico todo lo anterior al respecto del contexto académico?
Sencillamente para que entendáis la importancia de la educación del diseño. Es a partir de ésta con la que nos forjamos, normalmente para siempre, nuestra visión como diseñadores. Una visión que marcará nuestro trabajo futuro y que nos costará cambiar sino es a partir de un enorme esfuerzo y de mucha experiencia.

Es cierto que no deberían de existir mayores problemas al respecto, como sucede en la mayoría de otras disciplinas, pero en el caso concreto del diseño, con una gran diversidad de planes académicos y sus derivadas diferentes posiciones si que es crucial.
De esta forma podemos decir con rotundidad que estudiar Diseño Industrial en Elisava, IED, ESDi, Llotja, Massana, Eina o la UPC, por citar algunas del territorio catalán, impregna visiones radicalmente diferentes sobre el futuro diseñador. Aun no se cual será la vuestra pero espero que sea un poco la suma de todas.

(Abro un breve paréntesis sobre la educación para decir una cosa que seguramente sorprenderá.
Descubriréis, en el transcurso del desempeño de vuestra profesión, que el intrusismo en el diseño está a la orden del día. En el mejor de los casos serán los ingenieros y/o los arquitectos los que desarrollarán proyectos propiamente de diseño industrial -no entraré en analizar el nivel y/o las carencias que éstos pueden o no presentar- pero en el peor de los casos, que los habrá, serán profesionales de ámbitos que nada tienen que ver con el diseño los que ofrecerán una mala praxis pisándonos terreno y trasladándonos socialmente una imagen que no nos corresponde. Que es peor.

Esto lo digo porque soy de los que piensan -extrañamente no todos pensamos así y a ese intrusismo podemos remitirnos- que el diseño industrial se aprende. Es decir, el diseñador industrial debe formase específicamente para desempeñar su trabajo, no necesitando, como afirman otros muchos abriendo la puerta a los invasores, ni capacidades innatas ni aptitudes excesivamente especiales para acabar siendo un buen profesional.
Personalmente yo no gozo de muchas de esas cualidades. No dibujo especialmente bien y soy muy gris en ciertas materias pero sin embargo me gano la vida con el diseño desde que acabé de estudiar. Hecho que demuestra este parecer.)

Bien. Os hablaba antes de este paréntesis de la visión del diseño que aprendí. Es un planteamiento en el que hoy sigo creyendo porque sigue permitiendo, a mi modo de ver, el progreso en un sentido económico, industrial y social. Pero también sigo creyendo en él en un sentido mucho más pragmático que, alejado de todo trasfondo teórico, viene avalado diariamente por mis propios clientes porque reciben, según ellos, las soluciones que precisan.

Este diseño industrial está basado en la capacidad de poder diseñar “desde una cucharilla de café hasta un coche”. Un amplísimo espectro que exponían así literalmente nuestros profesores, año tras año, a los nuevos alumnos que se matriculaban en diseño industrial.

De esta generalidad proyectual en la que se enmarca este diseño industrial, se pueden extraer principalmente dos puntos importantes que marcan la visión de un diseño y de un diseñador concreto:

Uno de ellos es que el diseñador debe ser una persona de marcado perfil intelectual y humanista pero también debe ser un buen técnico, un creativo y un excelente gestor.

Pensemos que cada nuevo proyecto, dentro de esta enorme diversidad, supone la necesidad de sumergirse en nuevos y específicos conocimientos que nos obligan constantemente a establecer un diálogo técnico, tecnológico, social y cultural con el ser humano y sus necesidades. Sean éstas funcionales, comunicativas, espirituales o culturales.

De esta forma diseñar no se reduce solo al planteamiento básico de cómo es un objeto y cuales son todas sus soluciones técnicas sino que diseñar, es en realidad, realizar todo el discurso de porqué debe ser así una solución y porqué es la mejor opción posible.

En segundo lugar se deriva de este perfil general que el peso de la disciplina recae en una serie concreta de aspectos, tales como la metodología, el fomento de la creatividad, la crítica analítica y la gestión del diseño. Aspectos que, a diferencia de muchos otros, llevará y controlará SIEMPRE de forma directa el propio diseñador.

Por esta razón este tipo de asignaturas específicas son, en este diseño industrial, las más fundamentales. (Aunque han sido, también sorprendentemente, algunas de las más olvidadas en algunos planes de estudio)

Esta estructuración no es nada casual si advertimos el enorme abanico de posibilidades y tipologías de producto a la que podemos enfrentarnos como diseñadores.
Podemos pensar lo difícil que sería adquirir y/o disponer de todos los conocimientos necesarios que nos permitan ofrecer toda esa inmensidad de soluciones.
Pero no nos llevemos a engaño. Con esto no estoy diciendo que el resto de los conocimientos que se estructuran en los planes de estudio sean superfluos, secundarios y/o prescindibles. En absoluto. Todo conocimiento en diseño industrial, no solo es necesario sino que es siempre aprovechable y alimenta el resto de facetas y son necesarios para emprender algunas de las fases que componen el proceso de diseño. Nos permiten mejores trabajos y una mejor supervisión del trabajo de otros profesionales. Cabe recordar el citado perfil humanista de éste diseñador.

En resumen, éste diseñador concreto es ante todo un profesional que trabaja sometido a una metodología que le permite la resolución de problemas y que gestiona todo el proceso hasta hacer realidad una solución concreta que se ha establecido con anterioridad.
Allí donde no llega decide delegar las soluciones siempre a favor de un objetivo que él mismo ha determinado y que controla a pesar de las carencias que pueda presentar.
Al respecto de este tema siempre cito el mismo ejemplo personal:

Tras estar 5 años estudiando finalmente logré entender que para “diseñar desde una cucharilla hasta un coche” lo que adquirimos durante todo ese tiempo de formación, aunque dimos muchas y muy diversas materias, fue sencillamente un método para alcanzar soluciones así como adquirir todas las actitudes necesarias para poder gestionar todo ese complejo proceso hasta un final material determinado.

Quizás por este motivo hoy son pocos los que se atreven a negar que la metodología es la que da sentido al propio diseño industrial. Es la que establece la forma en la que abordamos los problemas y nos ofrece todas las pistas necesarias para llegar a las soluciones que hacen realidad el proyecto. Un proyecto que se plantea, como he dicho, siempre antes de la problemática y de sus soluciones.

Este diseño del que hablo, independiente y autónomo, no se organizó bajo el amparo de otras disciplinas como ahora es el caso. Actualmente los nuevos planes (los más solventes) han acercado el diseño industrial a la ingeniería. Debemos tener cuidado porque corremos el riesgo de perder, o no (dependerá de nuestra actitud), esa visión general que permitía abordar todo tipo de proyecto.

Está claro que os podréis preguntar: ¿Si el diseñador está solo sujeto a una metodología, a la crítica analítica y a una enorme capacidad de gestión, aspectos que no le obligan necesariamente a ser un buen “maestro” en mecánica, física, electricidad, materiales, legalidad, etc… donde nos deja esto a nosotros como ingenieros y/o como diseñadores? ¿Qué somos en realidad? o ¿Qué seremos integrados en la ingeniería?
De entrada lo que deseéis. Pero lógicamente Diseñadores industriales. Sin más pero sin menos, como suelo decir. Un perfil de profesional muy diferente –en realidad- al de un ingeniero. Aunque se haya organizado, repito, con estos nuevos planes académicos bajo el paraguas de la ingeniería.

Con esto tampoco quiero decir que no os podáis sentir ingenieros. Nada más lejos. Tan solo deseo decir que ser diseñador industrial es ser algo diferente. El diseño puede ser, aun dentro de este nuevo marco, una disciplina independiente y autónoma porque dependerá solo de vuestra actitud como profesionales. Siempre y cuando se os hayan dado las bases oportunas.

Confío -y además estoy casi seguro- que esta diferencia entre el diseñador y el ingeniero la sentís en vuestro interior. Los diseñadores sentimos, y en esto coincidimos la inmensa mayoría, una pasión especial por nuestro propio trabajo y por nuestra disciplina.
Después de reflexionar mucho al respecto de esta pasión desmedida creo que en realidad es una pasión general por lo que el diseño significa. Por el hecho de poder, y no es un tópico, mejorar la calidad de vida del ser humano y participar de forma directa y activa en el progreso de las sociedades. Esto infunde este tipo de emociones tan potentes.
El diseño está cargado, aunque es otro tema que lógicamente no trataré aquí, de ideología y hace que nuestra implicación vaya más allá de nuestra profesión despertando estas emociones.

Y ya sea abordando grandes e importantes proyectos o bien desde una incursión mucho más pequeña y humilde, el diseñador se reconoce como participante directo de un sistema social y de su futuro. Porque el diseño siempre supone un cambio. Un cambio social, económico, industrial y cultural. Un cambio a mejor o así debería ser.
Y esto es siempre emocionante. O esta ha sido mi experiencia hasta el momento con la mayoría de vuestros futuros colegas.

Así pues -sigo- bajo esta percepción del diseño, el diseñador industrial está en una esfera diferente al ingeniero porque necesita de una visión, no solo más general sino además combinada donde la tecnología, la técnica, las emociones, la comunicación, la industria, la economía, la sociedad y sobretodo la cultura, confluyen en un mismo sentido y dirección.
Todo se conjuga para un único propósito: Articular todo nuestro entorno artificial dentro de un sistema, equilibrando siempre los beneficios para todos los agentes implicados.

Cómo podéis entender el diseño es entonces una cuestión de actitud. De sentirse diseñador industrial de una u otra determinada manera. Es en realidad un posicionamiento profesional y personal, como he dicho. Por ello existen tantos y tan diversos enfoques sobre el diseño y sus resultados. Y todos, si están debidamente justificados, son válidos.