ozestudi: Un determinado Diseño Industrial


Antes de empezar a explicar nuestro trabajo, y con la finalidad de que se entienda porqué es así, es obligada una parada para ubicarnos todos en contexto.

Pienso muy sinceramente que sois estudiantes muy afortunados. Creo que estáis aprendiendo diseño industrial siguiendo uno de los mejores planes de estudio que existen en la actualidad en el panorama nacional. (Permitirme que sintetice “Diseño Industrial”, sin más. Luego seguramente entenderéis porque prescindo de “ingeniería en…”)

He analizado el marco actual académico del diseño y he recibido además la experiencia directa de muchos alumnos de muy diferentes partes de España y creo que seréis probablemente unas de las promociones de diseñadores industriales mejor formadas de las que ha gozado nuestro país en los últimos tiempos.
Esto que puede parecer muy ventajoso tiene también su contrapartida. Tenéis, por esta razón, una enorme responsabilidad con el diseño del “mañana” y deberéis estar a la altura, tanto técnica como intelectualmente. No obstante, aunque es un reto muy importante también es algo realmente apasionante.

Bajo este convencimiento creo que poco puedo enseñar. Sabréis seguramente más que yo sobre muchísimas cuestiones. Así que Solo espero que nuestra experiencia y la visión del diseño que mantenemos en ozestudi sirva, por lo menos, para reflexionar y/o para disponer de un nuevo prisma con el que mirar también al diseño industrial.


El Diseño Industrial en el ámbito académico


No se si lo sabéis pero el diseño industrial es una disciplina bastante “vieja”. Aunque muchas veces, por la pésima divulgación que se ha hecho del diseño industrial a nivel social, parece relativamente nueva.
Esto lo comento porque es importante saber que han existido diversos planteamientos académicos del diseño industrial a lo largo de las últimas décadas y también constantes diálogos al respecto de sus responsabilidades y sus finalidades.

Son muchos los que defienden que el origen del diseño, como concepto, está ligado al nacimiento del hombre. Como profesión, propiamente dicha, está claro que la podemos ubicar con bastante precisión sujeta a la revolución industrial pero sus planteamientos académicos más sólidos los circunscribimos generalmente un poco más tarde y los empezamos a ver, en su máxima expresión, a partir del nacimiento de escuelas tan importantes como la BAHAUS o LA ESCUELA DE ULM, por citar algunas que marcaron un incuestionable punto de inflexión en el diseño Europeo y que rigen, aun hoy, el sentir que muchos tenemos sobre la disciplina.

No obstante, en España, la escuela de diseño más antigua data de 1775. Es “La Escola Llotja de Barcelona” y es la escuela en la que tuve -también pienso que fui muy afortunado- la oportunidad de formarme como diseñador industrial.
Fue la primera escuela donde también se estudió por primera vez Arquitectura y Bellas Artes. Y por ella han pasado alumnos tan ilustres como Picasso, Dalí y un sinfín de los mejores diseñadores y artistas de nuestro país aunque la historia no le haya hecho nunca mucha justicia. Suele pasar.

Tuve oportunidad de formarme como diseñador industrial bajo unos planes de estudios algo “especiales” puesto que estaban “tuneados”, si se me permite la palabra,” desde el denominado plan del 63 por el claustro de profesores. Éstos habían organizado los estudios bajo los planteamientos que consideraban más interesantes e indudablemente esas escuelas que antes citaba tuvieron un peso importante.
Un detalle como ejemplo; por aquel entonces, ahora hace 15 años, yo ya estudiaba ecodiseño. Algo hoy tan “de moda” y que parece muy reciente pero que en realidad siempre ha sido fundamental en el diseño más “purista”. Como tantas otras cosas que hoy parece que deben integrarse en el diseño cuando paradójicamente siempre han estado integradas.

Esos planes de diseño industrial –que eran oficiales- estaban organizados en cinco años; dos años comunes a todos los estudiantes y tres años de especialidad para rematar con el proyecto final de carrera. Un proyecto que estaba dictado por el profesorado y que era común a todos los estudiantes. Algo bastante ajustado, como podemos entender, a la realidad proyectual del diseñador. Siempre marcada por los clientes y los encargos concretos.

Este plan académico que tuve oportunidad de estudiar, de perfil profundamente humanista y que conjugaba a la perfección la práctica, la teoría y la realidad socioeconómica del momento, duró hasta que dejaron de pasar desapercibidas estas libertades o anarquías académicas para quedar posteriormente desterrado, de forma definitiva, por los cambios que las últimas leyes educativas han ido aportando al sistema.
El diseño industrial se entendía bajo ese planteamiento como una disciplina generalista, independiente y autónoma.

Personalmente creo que tras el desmantelamiento de esos planes el diseño académico sufrió una laguna importante. Un periodo que podemos ubicar en una franja comprendida entre los años 90 hasta ahora que parece que universidades como la UPC, en este caso concreto y algunas otras (afortunadamente), vuelven a retomar planteamientos serios en este sentido. Seguramente dando así respuesta a la equiparación Europea que todos exigimos y a una formación más rigurosa del diseño que atienda las necesidades socioeconómicas reales. No obstante, por desgracia, pienso que hemos perdido 15 años y varias generaciones de diseñadores.